La vigencia de Cayastá
La vigencia de Cayastá
Por 32 años consecutivos, la fiesta provincial de la doma volvió a elegir a los mejores jinetes de la provincia. Costumbre que se proyecta al futuro con el sustento de la tradición.
Federico Aguer
Dicen los historiadores que los pobladores llegados a la primera Santa Fe conformaron una sociedad de gran diversidad étnica y cultural, compuesta de españoles europeos, criollos, mestizos, aborígenes locales y guaraníes, y africanos incorporados como esclavos. Todos ellos aportaron rasgos de su propia cultura y orígenes en la configuración de la sociedad santafesina. “Abrir las puertas a la tierra” fue la primer política de estado que implicaba el trabajo del campo como herramienta de progreso.
Cuenta el Dr. Bernardo Alemán en sus “Camperadas”, que en una carta de Hernandarias de 1617, el gobernador de Santa Fe explica que puso a los “mozos perdidos” a trabajar en las primeras vaquerías .
El origen del gaucho, prototipo del pasado rural argentino por excelencia, se ubica en Cayastá. Según estas citas, las vaquerías habrían sido la primera escuela gaucha, “donde se forjó ese prototipo de caballero andante que recorrió durante siglos nuestras llanuras, montes y sierras al trote, y al galope de su inseparable caballo criollo”.
El pasado fin de semana, la ciudad volvió a conmemorar un nuevo aniversario de su fundación a orillas del río Quiloazas, hoy el San Javier. Los ganadores de este nueva lid representarán a la provincia de Santa Fe en el Festival Nacional e Internacional de Doma y Folklore de Jesús María, a realizarse en enero de 2010. En Categoría “Clina Limpia”, fueron Jorge García, Miguel Díaz y Gerardo Nilva. En Categoría “Gurupa Surera” ganaron Alejandro “Piluso” Ordinas, Juan Cruz Córdoba y Luis Perret. En categoría “Bastos con Encimera” resultaron vencedores Luis Dusso, Walter Acosta y Héctor Buiguez. Fue elegida flor del pago Gimena Soledad Franco de la Ciudad de Melincué.
Todos ellos son el exponente de la vigencia de esas primeras costumbres de campo, las que se expandieron al resto del país y de los países vecinos. Aferrarse a ellas, mantenerlas vivas y difundir su mensaje telúrico significa alimentar el sueño fundador basado en el trabajo, el amor por la naturaleza y el respeto por las diferencias.