Libros que muerdan

La iconografía más conocida de la Alicia de Lewis Carroll, creada por John Tenier.
Libros que muerdan

La iconografía más conocida de la Alicia de Lewis Carroll, creada por John Tenier.
Por María Luisa Miretti
Sandra Comino se destaca en el mundo de la Literatura para niños y jóvenes, tanto en el campo de la ficción como en el ensayo y en la investigación. En “Esto no es para vos. Reflexiones sobre el campo de la Literatura Infantil y Juvenil”, editado por La Bohemia, reúne una serie de notas (ponencias, artículos de divulgación), en las que va desgranando concepciones muy claras en torno al sujeto en formación y a la problemática que deben afrontar padres, maestros y mediadores a la hora de decidir la mejor manera de interactuar con estos receptores.
Estructurado en dos partes, en la primera toma como puntapié el interrogante “¿Leer qué en el siglo XXI?”; en un recorrido que apunta a aquellos libros significativos que “muerdan” dejando huella en el receptor. Para ello utiliza fragmentos emblemáticos de Liliana Heker, con la intención de confrontar e ilustrar los procedimientos de la represión y del Estado de Derecho. Marca con especial énfasis las antinomias entre la prohibición y la censura detrás de esos libros que “muerden”, sin permitir disfrutarlos. Hace referencia a la prohibición de un texto de Devetach (“La planta de Bartolo”) por el Estado santafesino Ministerio de Educación, a través de su Comisión de Textos, en el año 1978, por promover una “ilimitada fantasía”.
En “Infancia y Desigualdad”, señala la relación de la lectura y la influencia de los medios, en directa relación con el contexto sociopolítico, para destacar la estrecha comunión entre una sociedad capitalista y los medios que promueven las conveniencias del mercado, señalando las lecturas aconsejables, en relación con sus programas de acción. A su vez, destaca el Plan Nacional de lectura con Hebe Clementi, cuando la democracia argentina inauguró un escenario que luego se fue debilitando según la intención del poder de turno- para luego recuperar bríos en la actualidad. De igualo modo, pondera la función de la Conabip frente a la tarea de difusión y promoción de la lectura.
En “Literatura infantil y juvenil, un largo camino hacia un (des)encuentro”, indaga sobre los aciertos y de-saciertos del mercado, dando cabida a seudoescritores como Araceli González, de quien toma varios ejemplos; que se dicen escritores para niños presentando verdaderos mamarrachos que nada tienen que ver con la literatura. A través de ejemplos muy concretos sintetiza las diferencias entre lo que debe ser a su juicio un texto literario (más delicado aún si está destinado a los niños) y un texto corriente, montado sobre un lenguaje burdo, reiterativo y pueril y las vicisitudes entre el escritor, el editor, el librero y las terribles operaciones de mercado.
Así sucesivamente, en cada nota aporta su visión sobre la crítica de libros de LIJ en la actualidad (tierra de nadie); los puentes que se pueden ir tejiendo entre oralidad y escritura y viceversa y la recuperación de la tradición.
En la segunda parte enfatiza sobre la discriminación, los preconceptos “De eso... ¿se habla?”, donde refiere a los temas tabúes que actualmente los adultos no saben o no quieren tratar con los niños y los jóvenes y la sentencia ineludible de “eso no es para vos’, marcando de tal modo la franja de censura que como sostiene la autora- trasciende cualquier decreto, “se instala en una sociedad que empieza a convivir con ella y se convierte en algo cotidiano y crece’, para luego abordar cómo quitar el maquillaje a los libros infantiles; la escritura femenina, el espacio de los cuenteros y el cierre con la duda “En el mundo hay de todo ¿en los libros también?”, invitando al lector a compartir el desafío de pensar en los niños.