Macri, Colombi y el Belgrano Cargas

Haz lo que yo digo

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Mauricio Macri y Aníbal Fernández.

 

En la política argentina actual, a veces se dicen verdades. Pero ni quienes las dicen les hacen caso.

 

Sergio Serrichio

polí[email protected]

CMI

Al menos algunas cosas aclaró el cruce de chicanas y acusaciones entre el gobierno nacional y el gobierno porteño a raíz del caso de espionaje que ya les costó la cabeza a los dos primeros jefes designados de la “Policía metropolitana”, antes de que ésta saliera a la calle.

Por ejemplo, que el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, está lejos de la estatura presidencial que, mientras ocurría un nuevo remezón del escándalo, intentaba ganar con un viaje de “instalación internacional” a España.

También quedó a la vista que las denuncias de clima “destituyente” que suele agitar el kirchnerismo reflejan tanto fantasmas del pasado (ya recordamos aquí cómo en 1990 los Kirchner fueron actores centrales en la destitución del entonces gobernador de Santa Cruz, Ricardo del Val) como temores del presente (atribuir a los demás la conducta de uno).

Repasemos los hechos. Mientras, en Madrid, Macri se reunía con el rey Juan Carlos y estrechaba lazos con sus primos político-ideológicos de la derecha española, en Buenos Aires, Jorge Palacios, su primer elegido para encabezar la policía porteña, era detenido por la Justicia, y el ministro de Seguridad porteño, el ex juez federal Guillermo Montenegro, le pedía la renuncia a Osvaldo Chamorro, el segundo jefe fallido y socio de Palacios en una red de espionaje de vasto alcance.

Sin poder disimular la ansiedad, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, le sugirió a Macri emular al republicano Richard Nixon, que en 1974 renunció a la presidencia de Estados Unidos al cabo del largo escándalo por el espionaje de operadores de la Casa Blanca en oficinas de campaña del partido Demócrata ubicadas en el edificio Watergate.

En vez de explicar cómo elige a sus jefes de Policía y los sostiene tanto tiempo y contra toda evidencia, o por qué éstos espían, entre tantos otros, a un (renegado) cuñado suyo, Macri aprovechó la desmesura de Fernández para replicarle -en el mismo estilo chicanero del jefe de Gabinete- que “por el diez por ciento de los casos de corrupción que tienen ellos (los Kirchner) echaron a Collor de Melo en Brasil”.

“No nos van a parar”, le apuntó Macri al matrimonio presidencial, “Quieren ir por todo; han ido por la prensa, ahora han ido por Corrientes, por las empresas y parece ser que también quieren ir por la Ciudad de Buenos Aires, pero no nos pueden comprar a todos”.

Y EN ESO LLEGÓ COLOMBI

Muchos argentinos suscribirían esa descripción, abonada por la flamante y obscena borocotización del gobernador electo de Corrientes, Ricardo Colombi, que aún antes de asumir, tal vez abrumado por las cuentas de una provincia fiscalmente exhausta, se rindió al dinero kirchnerista. El problema es que Macri la usó para esquivar el bulto.

Un día después, la presidenta Cristina Fernández le pidió al jefe de gobierno porteño “que se haga cargo” de lo que hace. Pedido sensato, pero simultáneo a la obstinada negación de su jefe de Gabinete de que el gobierno tuviera algo que ver con el “valijero” Guido Antonini Wilson, aquel venezolano que en agosto de 2007, en la fase final de la campaña presidencial “Cristina, Cobos y vos”, ingresó al país con 800.000 dólares en efectivo en un avión rentado por Enarsa (la petrolera estatal sin petróleo que creó Néstor K), rodeado de funcionarios kirchneristas y chavistas.

Aníbal Fernández, entonces ministro del Interior, y el gobierno todo negaron con énfasis que Antonini (quien en Miami contó que hubo una segunda valija, con 4,2 millones de dólares) hubiera estado jamás en la Rosada, como el propio valijero y una luego silenciada testigo afirmaron.

La diferencia es que ahora apareció una filmación en la que Antonini luce su robusta figura en un acto en la Rosada, apenas 48 horas después del episodio de la valija, en el que Néstor y Cristina Kirchner intercambiaron efusividades bolivarianas con Hugo Chávez.

FRANCAMENTE HABLANDO

Paradójicamente, mientras el gobierno se regocija con las desventuras de Mauricio Macri y dobla la apuesta en la pulseada por la Policía metropolitana, su política ferroviaria sigue teniendo como conspicuo aliado a Franco Macri, el padre del jefe de gobierno porteño, que sigue operando el Belgrano Cargas, una traza de 10.000 kilómetros de vías que cubre trece provincias y la capital argentina, área que -recuerda la propia secretaría de Transporte- genera el 85 por ciento de las exportaciones y 78 por ciento del PIB del país.

Como sociedad “de emergencia” -desde hace casi tres años y medio-, Macri, el grupo Roggio y Emepa comparten con dos gremios ferroviarios y el de los camioneros del ubicuo Hugo Moyano, un flujo de subsidios de más de un millón de pesos por día, pese a que hace ya veinte meses, en marzo de 2008, el Congreso sancionó la ley 26.352, de creación de dos empresas estatales, una de las cuales (Operadora Ferroviaria Sociedad del Estado, Ofse) tenía como primera misión hacerse cargo del Belgrano Cargas.

En su primer año de existencia, a la Ofse le fue asignado un presupuesto de 800 millones de pesos. A casi dos años vista, esta operadora ferroviaria sin trenes (sólo opera un brevísimo tramo en Salta, en el que ya hubo problemas por la falta de seguridad y la exasperante lentitud del servicio), tiene una estructura gerencial tan amplia como generosamente remunerada.

Nadie se preocupó demasiado en que la Ofse asuma el Belgrano Cargas. Macri y sus socios empresarios y sindicales, porque mientras tanto siguen cobrando subsidios. Pero, ¿y el Estado? Tal vez algunos sobres ralentizaron el trámite, deslizó un conocedor del tema.

Eso sí, cuando llegue, la “recuperación” será con bombos y platillos. Y tal vez pronto, porque los gremios ferroviarios y los muchachos de Moyano parecen haber acordado su lugar en la Ofse, de la que sería eyectada la molesta Alba Thomas Hatti, a quien cuando asumió la presidencia en junio pasado, en lugar del diputado salteño Marcelo López Arias, se le ocurrió recortar los sueldos gerenciales de 24.000 a 18.000 pesos mensuales.

La “borocotización” de Colombi, en tanto, calza con los antecedentes de Corrientes desde el restablecimiento de la democracia: fue la provincia de la que, cuando la elección del gobernador era todavía indirecta, se esfumó el “elector” radical que hacía la diferencia, la primera que emitió su propia “cuasimoneda”, el Cecacor, la que hace semanas aportó el voto-voltereta de la senadora Dora Sánchez a la ley de Medios y, en fin, aquélla cuyos bonos de deuda pagan tasas más exorbitantes, reflejo de su condición de distrito fiscalmente quebrado.

En suma, en el intercambio de prontuarios y chicanas no escasean las dosis de verdad, y en los cambios de camiseta no faltan antecedentes ni explicaciones. Pero sí se carece de decencia y autocrítica. Y que cada uno se haga -en serio- cargo de su parte.

Wilson confirma

El empresario venezolano Guido Antonini Wilson confirmó que “nunca” se le pidió identificación para ingresar al acto en la Casa Rosada y aseveró que sorteó “el control sin que nadie pregunte nada”, dos días después del incidente con la valija de los 800 mil dólares.

Antonini Wilson ratificó así su presencia en un evento en la Casa de Gobierno el 6 de septiembre de 2007, tal como se reveló esta semana a partir de un video de Canal 7, y adjudicó la falta de control a que “estaba junto a la gente de (Julio) De Vido”, el ministro de Planificación Federal. “Me di cuenta de lo que era tener poder. Había mucho control, muchos policías, incluso disfrazados de cosas especiales, y nadie nos preguntó nada”, relató el empresario al diario Perfil, refutando la versión del gobierno nacional que aún niega su presencia en el evento.

Según comentó, al ingresar al salón Blanco, donde el entonces presidente Néstor Kirchner y el venezolano Hugo Chávez compartieron un acto, el funcionario de PDVSA Diego Uzcátegui “me agarró y me dijo que me siente adelante, junto a Rafael Ramírez”, presidente de la petrolera estatal. “Querían que esté en primera fila. Dije que la silla era muy frágil y me quedé parado unas filas más atrás -describió Antonini Wilson, en coincidencia con las imágenes de Canal 7-. De Vido me saludó con una palmada en el hombro y me sonrió”, aunque manifestó no saber “qué me quiso decir con eso”, en referencia al gesto positivo del responsable de Planificación Federal (DyN).

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Guido Antonini Wilson.

Foto: Archivo