“Los fantasmas de Scrooge”
Redentores espíritus navideños en 3D
Rosa Gronda
Ésta es una nueva adaptación cinematográfica de una de las obras literarias con más versiones para la pantalla grande: “Un Cuento de Navidad” de Charles Dickens, generada y publicada en la Inglaterra victoriana del año 1843.
El cuento narra el arrepentimiento de Scrooge, un inconmovible anciano avaro, durante la víspera de Navidad, en la que recibe la visita de tres fantasmas que representan su pasado, su presente y su futuro. La versión de Zemeckis le agrega travellings y secuencias en las que (con guiños a ET y a Peter Pan) se vuela sobre los tejados y las calles nevadas del viejo Londres, con las interesantes sensaciones que permite el efecto 3D: se participa de la caída de la nieve, de la lectura de textos suspendidos y del cercano movimiento de los personajes que salen de la pantalla.
Hace ya unos cuantos años, el cineasta Robert Zemeckis, quien dirigió la saga de “Regreso al futuro” había declarado que el cuento de Dickens era una de sus historias favoritas de viajes en el tiempo. Como en algunos trabajos de Tim Burton, Zemeckis aprovecha el avance de la tecnología unida a lo artesanal, para realizar su propia versión, adaptada formalmente a los tiempos modernos.
La película tiene el tono de la historia original (lóbrego, gótico y oscuro), realzado por los mencionados efectos tridimensionales.
Como lo hizo en 2004 con “El Expreso Polar”, Zemeckis utiliza la tecnología de capture motion o stop motion, consistente en filmar primero el movimiento de los actores y luego colocarlo en escenarios con objetos creados en forma digital, lo que asemeja el rodaje más al teatro que al cine, pero logrando efectos expresivamente diferentes.
Alegorías y gags negros
Las cualidades esenciales de la obra de Dickens son: la ternura, la denuncia social y la exaltación de la Navidad como una oportunidad de redención. El guión traduce la pobreza de enormes masas sociales desplazadas, tanto directa como alegóricamente. La hace aparecer en las estremecedoras garras que asoman debajo de la corporización del fantasma del Presente. Éste es un gigante de sensualidad desbordante pero efímera. Cuando está a punto de desaparecer, apremiado por el tiempo, emergen bajo su túnica dos niños espectrales que representan a la Ignorancia y la Indigencia. El miserable avaro Ebenezer Scrooge es uno de esos personajes inolvidables de la literatura universal por sus resonancias negativas, la oscuridad de su alma desafiante y un espíritu atormentado, que finalmente puede ser conmovido y hacer entrar la luz en su vida.
La película se inicia con la muerte de su socio, lo que hace aún más todopoderoso el imperio material que a fuerza de avaricia ha construido. Un gesto lo define y presenta, cuando vemos que, luego del funeral, se lleva los dos peniques de los párpados con los que se acostumbraba sellar los ojos de los muertos.
Los personajes son híbridos entre caricaturas y versiones digitales de humanos: el sobrino de Scrooge con cara de Colin Firth, el secretario interpretado por Gary Oldman y el polifacético Jim Carrey que interpreta varios roles, entre ellos el de Scrooge.
La lectura que la película hace del relato de Dickens conserva lo esencial del original. “Los fantasmas de Scrooge” es entretenimiento para todos los públicos, aunque su tono oscuro -acentuado por el efecto 3D- pueda asustar a los más pequeños, por lo que no es recomendable para menores de diez.




