///
PUBLICACIONES
///
PUBLICACIONES
“El porvenir de la sensibilidad”
Vivimos en medio de enormes contradicciones y paradojas: sociedades ricas que producen inmensas pobrezas; sociedades organizadas sobre la base de la seguridad y la protección que en verdad producen inseguridad, ignorancia e incomunicación; instituciones jurídicas y judiciales poderosas y costosas como nunca que provocan desamparo y desprotección. “La hipermodernidad se caracteriza por la exacerbación de las contradicciones que han sentado las bases de la modernidad. De allí la fragmentación de las fronteras “clásicas’ del orden social característico de la modernidad, entre razón y sinrazón, interioridad y exterioridad, conocimiento e ignorancia, objetividad y subjetividad, real y virtual, fantasía y realidad”, escribe el prologuista de “El porvenir de la sensibilidad”, de Claudine Haroche, subtitulado “Los sentidos y los sentimientos en cuestión”, que acaba de editar Nueva Visión.
El tema central del estudio es la constatación de que sociedades de máxima fluidez (las sociedades “líquidas” de las que habla Bauman) provocan constantes metamorfosis que obligan al individuo a una adecuación constante y a un estrechamiento del espacio interior. Haroche estudia la historia y las transformaciones de las “maneras de sentir”, de esas formas de sensorialidad que “revelan, participan, inducen profundas transformaciones en los procesos de subjetivación y los tipos de personalidad”.
Se trata de estudiar las formas y los modales: ¿fenómenos inútiles de disimulación y falsedad? Tocqueville, por ejemplo, sostiene que “el efecto de la democracia no es precisamente dar ciertos modales a los hombres, sino impedir que tengan ciertos modales”. En la actualidad, “¿existe un debilitamiento, un declive de las formas y los modales, de lo que se denomina a veces urbanidad o delicadeza, a veces cortesía o atención, concomitante de un avance de lo informal que acompañaría una escalada de la insignificancia, un proceso de desinstitucionalización, de descivilización o incluso una falta de compromiso profunda, una desvinculación general?”, inquiere Haroche.
Y concluye: “Atrapados en un movimiento constante, hoy tenderíamos a experimentar sólo impresiones difusas y volátiles, ahogadas en una sensación de cambio incesante. El ritmo de los cambios económicos, tecnológicos y sociales obstaculiza nuestras intenciones y nuestros proyectos, reduciéndonos a un papel de actores pasivos de nuestra propia existencia”.