Una experiencia positiva
Solange Rossi.
Presidenta del Centro de la Tercera Edad “Otoño Feliz”.
Señores directores: Muchas son las actividades que llevamos a cabo en nuestra sede de Zenteno 1870; todas a favor de incentivar y conservar nuestras fuentes de vida a fin de lograr días plenos de vitalidad acordes a las capacidades de nuestras edades. El Centro de la Tercera Edad “Otoño Feliz” diariamente se llena del bullicio que trae noticias y propone acciones que interesan a todos y a todas; abren caminos intelectuales, sociales y humanos de gran valor de vida, y deseos de un desarrollo personal amplio y positivo.
Los talleres reúnen a amigas, socias y vecinos donde se desarrollan proyectos y se ofrecen actividades personales distintos: bailes, gimnasio, tejidos, charlas, encuentros, viajes, etc., bajo la guía de una comisión siempre atenta a las necesidades e intereses de los grupos.
Y aquí viene “la experiencia”: en dos ocasiones durante el 2009, desde un instituto de Educación Física, se nos solicitó nuestro apoyo a clases de alumnos en su formación técnica del futuro para dictar clases frente a grupos de personas de la tercera edad, con quienes seguramente llegarían a trabajar una vez “recibidos”.
La comisión directiva aceptó el desafío y recibió a un grupo importante de alumnos junto a su profesora.
Las actividades propuestas por los alumnos fueron muy bien recibidas por las señoras participantes del grupo: juegos de destrezas con elementos, globos, pelotas, papeles, bastones, etc.. También propusieron competencia y juegos que demostraron claramente la buena disposición de los abuelos y la excelente y correcta integración de los jóvenes.
Llegadas las obligaciones de “fin de año” del instituto volvieron a visitarnos, siempre con la profesora a fin de cumplir, con nuestro apoyo, las últimas actividades que marcarían la aprobación del curso para recibir las respectivas constancias que los harán Profesores de Educación Física.
El barrio todo se interesó en ese movimiento de jóvenes alegres, disciplinados y muy respetuosos que nos visitaban.
Cruzamos la calle y nos instalamos en el terreno de enfrente donde organizaron juegos y competencias. Al paso del tren, con su silbato característico, le saludamos alegremente. Todo ello brindó un escenario simpático al barrio, que salió a la calle a apoyar esta experiencia novedosa y gozó, junto a nosotros, de estos momentos positivos, para todos.
Y como no podía ser menos, terminamos en nuestra sede saboreando tortas y jugos que cada uno traía. ¿No es ésta una experiencia para imitar? Hemos programado encuentros similares con nuestros nietos; otras serán las respuestas y los resultados pero siempre positivos para ambos grupos. ¡Miremos hacia adelante para un mundo mejor!