El tren de la historia…

Como muchas otras localidades, y a pesar de asentamientos anteriores, el tendido de las vías de ferrocarril y el paso de los trenes le dio verdadera fundación a Villa Trinidad. Esta es la historia de un pueblo que supe reemplazar el vital paso del tren para abrirse paso igual, con el trabajo del campo.

 

Antes de 1909, fecha en que pasa el Mitre, de trocha ancha, por primera vez, para completar el enlace entre Morteros y La Rubia, había ya pobladores y negocios asentados en la zona donde hoy se erige el pueblo, aunque pertenecían entonces a Colonia Ana.

Como ha sucedido en muchos otros casos en que no hay registros exactos de un primer asentamiento o documentos que los acrediten, y según recomienda el propio Archivo General de la Provincia, se toma la fecha más antigua que pueda registrar algún documento probatorio. En el caso de Villa Trinidad, con unos cuantos pobladores ya instalados, esa fecha irrefutable es el paso del ferrocarril.

El libro “Villa Trinidad, 100 años sembrando historia”, cuyos datos tomamos, da cuenta de asentamientos del otro lado de la vía –al norte-, aunque el paso del tren desarrolló rápidamente la traza actual, cuyos planos fueron realizados en 1911 y aprobados en 1919, diez años más tarde del paso del ferrocarril.

Es interesante recordar que por entonces era común que los dueños de grandes extensiones de tierra cedieran terrenos para la construcción de las estaciones y el tendido de ramales, sabedores de que el tren traía progreso y nuevas formas de comunicación y de comercio y representaban, rápidamente, una revalorización de esos campos.

Esas tierras, donde hoy se asientan las cercanas Villa Trinidad y San Guillermo pertenecían a Guillermo Lehmann (fundador de Rafaela, entre otros muchos pueblos de la zona) y fueron heredadas por sus hijos José Guillermo y María de los Ángeles. Conformaban entonces, unificadas, la estancia “La Esperanza”.

Lamberti, Oesquer, Morali, Tonelli, Lobera, Incola, Tonetti, Marengo, Bertero, Cerutti, Manzini, Bonino, Oddone son los apellidos que encontraremos en esos primeros años, a los que se sumarán otros, en su mayoría del norte de Italia, aunque también hubo polacos, suizos, alemanes y otros: la tierra no pregunta de quién son los brazos que vienen dispuestos a trabajarla.

La primera maestra es Anita Cattáneo quien junto con su esposo Mortimer Otero dan forma a la primera escuela que nace hacia 1920. Esa escuela que hoy tiene el número 416 y el nombre Mariano Quiroga, es apenas once años menor que el pueblo.

Veinte años después del paso del tren “fundacional”, en 1929, comenzó también a erigirse la iglesia, que fue terminada el 20 de julio de 1930. El patrono era San José, pero en 1941 el cardenal Fasolino encomienda la parroquia a la Santísima Trinidad.

Lo demás, es historia. Historia reciente, si se quiere, porque hay muchos habitantes del pueblo que recuerdan el lento discurrir de los días, meses y años, hasta este presente que encuentra a la localidad en pleno proceso de crecimiento y transformación, pero siempre apoyada en esos pilares que legaron los mayores: orden, paz, trabajo, mucho trabajo.

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