AL MARGEN DE LA CRÓNICA
Una cuestión de matices
AL MARGEN DE LA CRÓNICA
Una cuestión de matices
“Somos un país así de chiquito entre dos potencias”. El uruguayo, de mediana edad, unió el índice y el pulgar de su mano derecha formando un pequeño círculo, para graficar su afirmación y se tomó el tiempo necesario para sorber un mate. En seguida, como un irreflexivo intento de exorcizar cualquier tipo de interpretación que pudiera poner en duda su patriotismo, añadió: “pero nosotros nos conformamos con lo poquito que tenemos”.
Su afirmación es, en líneas generales, cierta: Uruguay es un país que -aparte de “tener un nombre de río” como dice Jorge Drexler en alguna de sus canciones- apenas se distingue en el mapa, ensombrecido por Brasil de un lado y Argentina del otro, que casi lo ahogan contra los márgenes del Atlántico. Y su gente es casi igual a la de Argentina. Pero en ese “casi”, se concentra un amplio arco de matices, que lo tornan diferente.
En primer lugar, el respeto inalterable por las normas de tránsito. En los entramados urbanos más importantes de ese país, difícilmente se puedan verificar acciones que, en ciudades como Santa Fe, vemos casi cotidianamente. Para nuestros vecinos, señales indicativas como “Pare” o “Ceda el paso” no admiten lugar a discrepancias: hay que cumplirlas y punto. Y de esta forma, el tránsito no necesariamente debe convertirse en un caos cotidiano.
Además, todavía persisten entre nuestros hermanos uruguayos ciertas normas de amabilidad y respeto que se han diluido bastante en estos “pagos”. Esos mismos que hicieron que a la ciudad de Santa Fe, por caso, se la llegue a conocer como “la cordial”. Desde dejar paso a los peatones hasta tratar bien al cliente, apelando a cuestiones tan primarias como un correcto saludo y una atención precisa y diligente. Pese a que decirlo es recaer en un lugar común -queda claro que las comparaciones casi siempre son odiosas- seguir aquellos ejemplos que sabemos buenos, sería positivo.