Luz, paz y amor
Ofelia B. Destefani.
DNI. 2.815.309.
Señores directores: En Navidad, festejamos el nacimiento de Jesús nuestro Señor, que llegó para regalarnos amor, paz y luz.
Una luz maravillosa que ilumina nuestro camino; la paz que necesitamos para vivir en armonía, y el amor que es imprescindible para que se despierten en nuestros corazones sentimientos tan nobles como la generosidad, la comprensión, la humildad, el respeto por las personas, sin distinción de clases, color o posición; que abre nuestros ojos para ver que el vestido no nos “hace”, que nosotros “hacemos” al vestido, que vivir no es sólo comer, crecer y multiplicarnos.
Vivir es pensar en los demás, tratar de aliviar sus sufrimientos, acercar una palabra consoladora. Vivir es estar al lado del que llora para enjugar sus lágrimas, para acercar una sonrisa al triste.
Vivir es “darse” como Jesucristo se “dio” por todos nosotros.
Que la Navidad nos colme de paz, amor y luz.
De ferrocarriles
Alida N. Almirón de De Maio.
L.C. 6.125.433. Ciudad.
Señores directores: A don Andrés Andreis no lo conozco personalmente. Lo admiro leyendo sus artículos periodísticos que publica El Litoral, donde siempre se refiere a temas ferroviarios, por lo que demuestra conocer a fondo y que ama y defiende con pasión.
Pertenezco a una familia ferroviaria. Mi bisabuelo fue capataz de cuadrilla. Nací al costado de las vías porque mi padre fue jefe de estación del Ferrocarril Francés. Me crié mirando pasar trenes de pasajeros con lujosos coches comedor y dormitorio, largos cargueros arrastrando 50 o más vagones que suplían igual número de camiones que paulatinamente van arruinando rutas. Para culminar, me casé con un telegrafista ferroviario.
Por todo lo consignado, comparto con don Andrés Andreis un profundo amor por los ferrocarriles. En 1855, se habilitó la línea de ferrocarril Santa Fe-Esperanza. Ahora, en pleno siglo XXI, don Andrés sueña con que vuelva a circular el local a Laguna Paiva (39 km), sigue soñando y lo extiende hasta San Justo, y sigue pensando con otros ramales, todos desaparecidos, estaciones abandonadas, algunas en ruinas ¡Un retroceso total!
En el siglo pasado imponentes trenes surcaban el territorio de la patria, uniendo provincias y llegando a países vecinos como Bolivia y Chile. Ahora, todo eso nos parece una utopía.
Pienso que los reconocimientos deben hacerse en vida. Por eso, esta humilde pensionada ferroviaria desea felicitar a don Andrés por su tenaz lucha a favor de los ferrocarriles, por su incansable trabajo en el Museo Ferroviario, conservando vestigios de lo que fuera un glorioso pasado de empresas ferroviarias. ¿Por qué no Ciudadano Destacado en la provincia?
Que Dios le dé a don Andrés larga vida para ver hecho realidad alguno de sus sueños.




