Moscú, respaldo de la izquierda
latinoamericana en el poder
Moscú, respaldo de la izquierda
latinoamericana en el poder
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y de Rusia, Dmitri Medvédev: una relación de alianzas y acuerdos militares y económicos.
Foto: AFP
Miguel Bas
(EFE)
Moscú se convierte otra vez en Meca para la izquierda latinoamericana gobernante, cuyos presidentes acuden a Rusia en busca de contratos, créditos y armas. Por su parte, el Kremlin pretende ofrecer en América Latina una alternativa a la hegemonía de Estados Unidos y hallar a nuevos aliados en la lucha contra la “hegemonía en el mundo de un solo país, por muy poderoso que sea”.
Para el presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, que el año pasado visitó Perú, Brasil, Venezuela y Cuba, “el desarrollo de las relaciones con América Latina no es una decisión coyuntural, no es el deseo de competir con alguien, sino una opción consciente”.
Rusia “está preparada para una amplia cooperación con los países latinoamericanos”, declaró el jefe del Kremlin al recibir al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. El ex comandante sandinista, bajo cuyo anterior gobierno el giro comercial con la URSS llegó a centenares de millones de dólares al año, hizo el regalo más preciado para el Kremlin. Ya al inicio mismo de su visita, Ortega anunció el reconocimiento de Abjasia y Osetia del Norte, cuya independencia Rusia defendió por las armas en la guerra de agosto de 2008 contra Georgia.
Las fuentes oficiales rusas nunca han dicho cuál ha sido la recompensa por esa “decisión soberana”, pero la prensa rusa cifró en 2.000 millones de dólares los créditos rusos para los más diversos fines. Se trata de los más diversos suministros, desde un centenar de autobuses hasta el relanzamiento de la cooperación técnica militar y la participación en el “plan de desarrollo” promovido por el gobierno sandinista.
Nicaragua es “uno de los socios clave y estratégicos” de Rusia, en América Latina, resumió el propio Medvédev. Pero desde luego, el socio más antiguo es Cuba, cuyo líder actual, Raúl Castro, también acudió este año a Moscú para “relanzar” las relaciones bilaterales, deterioradas tras la caída de la URSS.
Tras siete días de reuniones en Moscú, empapados de nostalgia y reencuentros, el hermano menor de Fidel se fue de Rusia con un memorándum de cooperación estratégica, casi cuatro decenas de acuerdos y, según el Ministerio de Finanzas de Rusia, un paquete de créditos por 354 millones de dólares.
Sin embargo, el principal aliado y socio estratégico de Moscú en el Hemisferio Occidental ya no es Cuba, que, según un diplomático cubano “ha olvidado lo sucedido”, en alusión al abandono por Moscú de su antiguo aliado en los pasados años ‘90. Su lugar lo ha ocupado Venezuela, cuyo presidente, Hugo Chávez, es huésped frecuente en visita en Moscú y su país, el cliente más importante de la industria militar rusa en América Latina.
Poco después de que Chávez anunciara el reconocimiento de Abjasia y Osetia del Sur, que para el Kremlin parece haberse convertido en la prueba final de amistad, Medvédev anunció que “Rusia suministrará a Venezuela los tipos de armamento que Venezuela pida”.
La cooperación ruso-venezolana se ha multiplicado por 30 en los últimos cuatro años y las partes prevén acelerar su crecimiento no sólo en el terreno militar, sino también el ámbito de la energía, los hidrocarburos, electricidad e infraestructuras.
Este año, por primera vez en la historia, un mandatario boliviano visitó el Kremlin. “Nunca en mi vida había pensado que una potencia mundial como Rusia iba a recibir a su presidente (de Bolivia), a veces acusado de terrorista, de narcotraficante, discriminado”, declaró en Moscú Evo Morales.
Ya tras las primeras conversaciones, Medvédev consideró a Bolivia un “socio con perspectivas”, con el que Rusia mantiene un “diálogo político intenso”. En tanto, el presidente boliviano se fue de Moscú con dos acuerdos de cooperación, en el ámbito técnico-militar y de control del tráfico ilegal de narcóticos, y un memorándum de entendimiento para la lucha contra las secuelas de catástrofes naturales.
La visita, también por primera vez en la historia, del presidente de Ecuador, Rafael Correa, culminó con la firma de la Declaración de Asociación Estratégica, que sienta las bases para una “relación muy acelerada”, según el mandatario ecuatoriano.
Para 2014, aseveró, las inversiones rusas en Ecuador pueden alcanzar los 2.500 millones de dólares. Correa expresó la confianza de multiplicar las exportaciones a Rusia, que el año pasado ya sumaron cerca de 1.000 millones de dólares.
También fue “altamente fructífera” la visita a Moscú de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, que firmó en Moscú una declaración conjunta y dos acuerdos de cooperación, en la cultura y la defensa. “Chile quiere fortalecer el diálogo con Rusia”, destacó Bachelet, y añadió que su país “valora el fortalecimiento de las relaciones de Rusia con la región” latinoamericana.
La postura de Rusia, según Medvédev, “consiste en tener presencia y trabajar en América Latina, además de cooperar con los países amigos en todos los ámbitos: la economía, el terreno militar, la ecología, la agricultura y la coordinación de la política exterior”.