EDITORIAL
EDITORIAL
Gobierno y oposición
en una democracia
La presencia de Ricardo Alfonsín en un acto público celebrado en la ciudad de Chascomús, que contó con la participación de ministros nacionales y de la presidente de la Nación fue muy criticada por dirigentes opositores. Elisa Carrió particularmente se refirió con duros términos a la decisión del dirigente radical.
Por su lado, dirigentes vinculados con Cobos se expresaron en términos parecidos. ¿Es para tanto? ¿Merece condenarse a un político opositor por salir en una foto con ministros o un mandatario nacional? Si nos atenemos a los principios republicanos de un Estado nacional que merezca ese nombre, no hay ningún impedimento para que un dirigente opositor dialogue o mantenga relaciones institucionales con el poder oficial.
Es más, una democracia madura se distingue por el diálogo entre el oficialismo y la oposición. Planteado en otros términos, puede decirse que los dirigentes políticos democráticos actúan en ese difícil equilibrio que demanda el ejercicio de la disidencia y la crítica legítima dentro de una relación dinámica con el poder de turno, que también reclama acuerdos respecto de los grandes objetivos generales o nacionales.
En el único caso que no corresponde el diálogo, es con las dictaduras civiles o militares encerradas en sus posiciones. En tales circunstancias, toda colaboración es acusada de colaboracionismo o complicidad. Desde el punto de vista institucional, no es ésta la realidad actual de la Argentina, aunque se adviertan marcados desvíos en el ámbito del poder.
El actual gobierno nacional puede ser criticado, y efectivamente lo es. Los partidos opositores deben ejercer su rol, pero ello no significa que el diálogo y la búsqueda de consensos estén prohibidos. No es razonable ni saludable para la democracia que la convivencia se asimile a la complicidad o la traición.
En Uruguay los dirigentes colorados y blancos dialogan con el oficialista Frente Amplio. Las relaciones políticas pueden tensarse y las críticas adquirir dureza, pero eso no impide el diálogo. Algo parecido ocurre en Brasil y Chile.
Desde una perspectiva más concreta y atendiendo a las singularidades del proceso político nacional, no hay duda de que la mayor responsabilidad por estos desencuentros le cabe al oficialismo, que ha exasperado el escenario político con posiciones beligerantes.
Esa tendencia a la confrontación explica que muchos dirigentes opositores miren con recelo cualquier acercamiento. Es que demasiadas veces han sufrido maniobras y manipulaciones por parte del poder. Las críticas que despertó Alfonsín por salir en una foto con Cristina deben evaluarse como un síntoma significativo de nuestra realidad política, más allá del oportunismo de algunos dirigentes opositores de mirada estrecha y sectaria.
A la hora de la evaluación, más que criticar o apoyar su decisión importa reflexionar sobre el clima político creado como consecuencia de conductas y maniobras políticas reñidas con la ética republicana y la amplitud democrática.