Mesa de café
¿Docentes en lucha?
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¿Docentes en lucha?
Erdosain
José nos anuncia que el miércoles no estuvo con nosotros porque viajó a Buenos Aires con los maestros para darles la solidaridad combativa a los trabajadores de Paraná metal despedidos por la patronal.
Marcial lo escucha y con su inefable sonrisa le recuerda que la patronal que ha despedido a los trabajadores es socia del gobierno que él apoya con tanto entusiasmo.
—Son contradicciones dentro del campo popular -responde José, lo que provoca una leve carcajada en Marcial, algo raro en él, que nunca se permite ir más allá de una sonrisa.
—Yo no sé cómo será la cosa con los trabajadores de Paraná metal -dice Abel-, pero lo que me parece un disparate antológico es que los maestros dejen a los chicos sin clases porque adhieren al paro.
—La solidaridad es un gesto permanente en el movimiento obrero -dice José.
—Pero la solidaridad -digo- se debe practicar renunciando a algo. ¿Se puede saber a qué renuncian los “compañeros” maestros? Te lo pregunto porque es muy lindo ser solidario con la plata de otro y los derechos de otro.
—Y, de paso, no trabajar -agrega Abel.
—Lo peor de todo -continúo- es que dejan sin clases a los chicos. Podrían haber adherido a la lucha dando clases para explicar por qué cierran las fábricas o cómo funciona la economía capitalista.
—Una manera de ser solidario en serio es donar el día no trabajado a los trabajadores. Es lo que hacían los viejos anarquistas- reflexiona Abel-. Es lo que nunca van a hacer estos “compañeros”.
—Es mucho más lindo parar -interviene Marcial-. Los maestros no se van a perder la oportunidad de disfrutar de un día feriado pago y, de paso, decir que lo hacen en nombre de ideales que salen gratis.
—Vos, Marcial, sos un gorila -dice José- y nunca vas a entender al movimiento obrero y al movimiento nacional.
—En eso tenés razón -responde Marcial-; nunca lo voy a entender. Tampoco voy a entender por qué 300 tipos cortan la principal autopista del país durante una semana. Se ve que soy muy conservador y muy de derecha para entender semejantes proezas combativas y justicieras.
—Lo que yo no entiendo -dice Abel- es que los maestros se tengan tan poco respeto a sí mismos.
—¿Cómo es eso? -pregunta intrigado José.
—Yo siempre he considerado que los maestros son profesionales, no trabajadores. Ahora, desde que empezó el gremialismo combativo, decidieron reconocerse como trabajadores y, por lo tanto, se les paga como lo que ellos mismos dicen ser.
—Lo que se dice, una autoestima muy baja -observa Abel, sonriendo.
—Nunca en mi vida escuché argumentos tan reaccionarios -exclama José.
—También es reaccionario -digo- respetar a los chicos y darles clases.
—Los chicos se educan en la cultura de la lucha.
—Marcial será un reaccionario -dice Abel-, pero vos sos un tarado.
—Lo que pasa -digo- es que los maestros son los primeros en convencerse de que da lo mismo que los chicos vayan a clase o no vayan.
—Y, si no están convencidos de eso -dice Marcial-, están convencidos de que los chicos son sus rehenes. En este paro todo ha quedo en evidencia. Se para para arreglar la interna gremial y posicionarse como combativos para las próximas elecciones; se para porque algunos despistados creen que el paro es la antesala de la revolución social y se para porque las compañeras aprovechan el día para salir de compras o quedarse en casa cebándole mates al marido. En todos los casos lo que menos importa es la educación.
—Se para para defender una sociedad más solidaria- replica José.
—Ése es un verso que ni vos te lo creés -contesta Abel- y mucho menos se lo creen los caciques sindicales que hace rato han dejado de creer en la educación; están más interesados en desarrollar su carrera de burócratas que en defender la educación pública.
—En los tiempos de los conservadores, es decir, de nosotros -dice Marcial-, la educación pública argentina llegó a ser una de las mejores del mundo. Sufría dos sabotajes: el de la iglesia y el de las asociaciones extranjeras. Ahora estamos cuesta abajo en la rodada hace rato, pero los saboteadores han cambiado. Ahora el sabotaje proviene del gremialismo docente de signo peronista.
—CTERA no es peronista -replica José.
—Lo disimula muy bien -responde Marcial.
—No comparto -concluye José.