Una sobre los enchufes

A menos que la casa o departamento tenga un par de años y un arquitecto despierto (uno dormido, te acuesta...), no están preparados los hogares para la enorme cantidad de aparatos que requieren ser enchufados. Hay un tráfico de cables impresionante buscando conectarse. Dale, vení, seguime la corriente

TEXTO. NÉSTOR FENOGLIO. DIBUJO. LUIS DLUGOSZEWSKI.

Una sobre los enchufes

No es culpa de los arquitectos (o maestros mayores de obras o albañiles con experiencia o el electricista o quien fuera) de antes, sino que en la última década, con fuerte aceleración en los últimos dos o tres años, los aparatos eléctricos de la más variada índole irrumpieron en tu casa para quedarse. Hay aparatos para todo en todas las habitaciones. Y las casas de antes se resolvían con suerte con un enchufe por habitación o dos y en general con asignación predeterminada: éste es para la heladera, estos dos para los veladores y así...

Hoy tenés dos o tres celulares, dos o tres mp3 o mp4, equipos de músicas, radios, despertadores, aires acondicionados, heladeras, microondas, batidora, juguera, cafetera y otras muchas eras; hay requerimientos de enchufes hasta en el baño porque en breve vendrán eléctricos hasta los inodoros. Jodido sentarse en una silla electrificada.

Hay mantas eléctricas, fuentes de agua eléctricas y ya no quedan cosas manuales en la casa. Esto ha generado una súper oferta de aparatos de diverso tamaño que terminan igualmente con un cable y dos o tres patitas para enchufar. Hay una estampida de aparatos contra los pocos enchufes de una casa normal.

A los enchufes formales, hay que descontarles los aparatos que ya están enchufados todo el tiempo: la heladera, el televisor, tal o cual lámpara. Con lo que en realidad te quedan dos o tres enchufes para que se peleen el resto de los aparatos. Son enchufes que no descansan nunca, pues siempre tienen algo enchufado y ni bien algo se desenchufa, pues de inmediato viene otro demandando electricidad. Hay muy poca oferta de enchufes en la casa para tanta demanda.

Repasemos: en el baño hay por lo menos planchita, buclera, afeitadoras en plural y no me hagan entrar en detalles, a ver si alguien se la cree que los únicos que las usamos somos nosotros...- secador, más otros enchufables específicos para el pelo, para las uñas y para masajear el occipucio: todo se enchufa. No me extrañaría que empiecen a comercializar jabones electrónicos. O sea que en el baño, ya, hay que agregar dos o tres enchufes más.

En la cocina, ni hablar. La abuela, que batía o amasaba a mano, ya no entiende toda esa proliferación de aparatos que “te hacen la vida más fácil” siempre que encuentres un puto enchufe (perdón, me voy cargando a medida que escribo...) para conectarte a la última tecnología. Anoto al paso: heladera, freezer, microondas, batidora, juguera, procesadora, licuadora (por ahí tienen funciones que se superponen, pero todo termina en un cable y un enchufe), tostadora, cafetera, molino para moler café, lavavajillas, amasadora, exprimidor de naranjas y la lista sigue al infinito. Por ahora te queda la mesada y el detergente nomás, sin electricidad. Pero la estamos estudiando.

En el living: televisor, video, reproductora, velador, aire acondicionado, equipo de música, jomziater (bueno, ya viene con fonética de barrio incluida, acepten y sigan), computadoraà

En los dormitorios, veladores, aires, teles (más teles), compus (otras), radios, relojes; más ciertos juguetes, más estufasà

Y nos quedan todos los aparatitos: dos o tres celulares que necesitan ser cargados regularmente, dos mp3 o el número de emepés que tengan, un gps, la cámara de fotos, la net o note book.¡ehh, viejo, paren un poco! Hace dos horas que espero que desocupen algún enchufe que está cargando algo impostergable para que yo pueda por fin cargar algo impostergable.

Y pensar, así se los digo mis chiquitos mientras me voy continua o alternadamente me voy yendo-, que nuestra casa se volvió un enorme enchufe, un aeropuerto electrónico donde aterrizan todos los aparatos que andan a las vueltas y que requieren enchufarse. Justo en el único sitio, nuestro hogar, que nos queda para desenchufarnos. Pues ahí mismo, te vamos a enchufar la felicidad, la paz y la tranquilidad, justamente.