¿Rebusques en zonas inundables?

Federico A. Rodríguez Peyronel.

DNI. 3.166.609. Ciudad.

Señores directores: Me dirijo a Uds. a los fines de indicar que la publicación del día 18/9/2010, sobre asentamientos de cirujas en los bajos del río Salado (zona inundable) no refleja en un todo la verdadera situación comercial que se desarrolla, que a vuelo de pájaro y en primera instancia se “toma como lo de un rebusque” para subsistir.

Y debo hacer notar, para que quede bien en claro, que lo procedente de esos lugares, si no tiene un control de sanidad, puede poner en riesgo la salud de quien lo consume. Según declaración de la persona enatrevistada, tiene a su cargo la cantidad de “200 chanchos” en los lugares descriptos. Como podrán apreciar, señores directores, doscientos chanchos no es un pequeño rebusque. Veamos algunos cálculos. Tomando como mínimo los 100 kilos por animal, hacen un peso total de 20 toneladas, y tomando un precio irrisorio de $ 10 por kilo, ello suma unos $ 2.000.000 de capital y, si vamos al dólar, son 50.000 de esa moneda. Eso, ¿es un rebusque?

Son estos parajes criaderos sin control y, lo que es de hacer notar, que hay un decreto municipal de hace más o menos unos 40 años, que prohíbe en forma terminante la tenencia de cerdos “en toda la jurisdicción del municipio”. Una prevención que se tomó por la aparición de la “triquinosis” en animales que se destinaban al consumo.

Y como atrevimiento, me permitiría indicar al DEM, incluso al Concejo Municipal, tomen lectura de los digestos del siglo pasado, como también de sus apéndices uno y dos, donde hallarán soluciones a éste y otros inconvenientes que tienen enfermos a los santafesinos.

Las mujeres y la cerveza

Dr. Alberto Niel

Señores directores: Nunca tuve problemas con las mujeres y sí varias veces con los hombres, al extremo de llegar a las patadas, a las piñas y a otras menudencias. En mi juventud me encantó cultivar la convivencia afectiva (¡Qué bien suena, ¿no?!) con el sexo opuesto y les confieso que nunca me faltó oportunidad de pasarlo bien con su compañía en toda clase de ambientes con múltiples damas, sin distingo clasista, étnico, social ni cultural. Pero hacía con ellas el mismo distingo que con la cerveza, cuyo consumo me encanta aún hoy, como buen santafesino, porque nunca quise seguir estrictamente el consejo de mi hermano mayor (¡lindo maestro!) que insistía en que “si tenía agujero era poncho” ¿Se lo habría escuchado a algún Viejo Vizcacha santafesino? Sigamos con la cerveza. Me gustaban las rubias, amarillas y frías en verano y las morochas, oscuras y calientes en invierno, aunque sobre la frialdad tradicional de las rubias tengo serias dudas porque abundan las gringuitas “biondas” que no necesitan calefacción. Vale la pena hacer la prueba. Siempre habrá tiempo para arrepentirse. Trataré de venderles la idea a las cervecerías para promocionar las ventas; y a lo mejor me gano unos mangos, que me vendrían muy bien dado el escaso monto de chauchas y palitos de mi jubilación, que me impide reunirlas para recordar cosas, caras y episodios vividos, con el pretexto de festejar cualquier cosa más o menos trascendente.