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La crisis alimentaria global
Por Gastón Neffen
En 2009, la humanidad llegó al umbral crítico de mil millones de personas hambrientas, según las estadísticas de la FAO. Hay quienes sostienen que no se trata de un cuello de botella en la producción de alimentos, sino que es un problema de distribución, que se relaciona con la profunda desigualdad global.
Lo que se comienza a temer, es que las dos cosas estén sucediendo al mismo tiempo. Se estima que para 2025, la población mundial va a trepar a 8.000 millones de personas. Y no hay mucho margen para extender el área cultivable, sin entrar en conflictos ambientales.
Joachim von Braun, director general del Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias advierte que la productividad agrícola crece a un ritmo del 1 al 2% anual, y que esa velocidad no es suficiente para atajar el ritmo de la creciente demanda alimentaria. Un diagnóstico parecido al que hacía Thomas Malthus antes de la Revolución Industrial y la Revolución Verde.
Frente a esta encrucijada, los referentes de la agroindustria dicen que es necesario ser más eficientes en la superficie que se cultiva en la actualidad. Para lograrlo es clave el paquete tecnológico que incluye a los agroquímicos (que deben utilizarse con responsabilidad y bajo control), las semillas transgénicas y los nuevos paradigmas agrícolas, para producir más granos con menos agua (por ejemplo, la siembra directa).
Para que esta forma de producir alimentos sea sustentable, es imprescindible rotar los cultivos y respetar las buenas prácticas agrícolas. También reforzar la estructura de control de los alimentos, por ejemplo los laboratorios que miden los residuos de los pesticidas, o las direcciones de bromatología, para garantizar que los alimentos sean confiables y seguros.