Es clave animarse a “romper el silencio”
En el 2010 se denunciaron 80 casos de violencia familiar
Drama íntimo. El maltrato y el abuso atraviesan todas las clases sociales. En Santo Tomé, la mayoría de las mujeres que se animan a contarlo vive en los barrios del centro. Foto: Flavio Raina
Santo Tomé es una de las ciudades de la provincia con más denuncias. En el 2008 y 2009 también se registraron 242 situaciones de agresiones, golpes, abusos y amenazas en el Comité de Violencia Familiar y Maltrato Infantil del municipio santotomesino.
Ariel Durán-Sergio Ferrer
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“Vivir con alguien violento es muy peligroso; si lo callás, la persona peligrosa sos vos... rompé el silencio, denuncialo”. Ésta es una de las premisas sobre las que trabaja el Comité de Violencia Familiar y Maltrato Infantil, ámbito donde ya fueron denunciados 80 casos de esta naturaleza en 2010, los que se suman a los 242 expuestos entre los años 2008 y 2009.
El citado organismo, dependiente de la Subsecretaría de Salud de la Municipalidad de Santo Tomé, es coordinado por la psicopedagoga María Claudia Combetto, quien dialogó con El Litoral y brindó detalles de la labor que se está realizando. Justamente, esta localidad es una de las ciudades de la provincia de Santa Fe donde más casos de violencia familiar se denuncian y una de las pocas de la región que cuenta con profesionales que trabajan específicamente esta problemática, siempre a partir de entender que la violencia es, lisa y llanamente, un delito.
Señales de alarma
“Somos un grupo de profesionales especializados en las temáticas de violencia familiar, maltrato infantil y abuso sexual, las que no se pueden trabajar desde una sola disciplina, sino desde la interdisciplinariedad, porque se fusionan varias especialidades para poder abordar cada caso en particular”, explicó Combetto a El Litoral, a la vez que destacó que en estos momentos el Comité está trabajando con dos psicólogas, Evangelina Lasso y Graciela Ortiz; un abogado, el doctor Alejandro Medina, y una asistente social, la licenciada Mirta Scipione.
“Cuando alguien te golpea, te empuja, te pellizca, te asusta, te amenaza, te aísla, te grita, te insulta o te rebaja todo el tiempo, está abusando de vos; cuando te obligan a realizar actos sexuales que vos no querés hacer, te quitan o reducen tus disponibilidades económicas dentro del hogar, también están abusando de vos”, resaltó luego la especialista.
Después, ante una pregunta puntual, relacionada con los fundamentos teóricos del trabajo, aclaró: “Los casos sobre los que trabajamos presentan circunstancias individuales y para cada uno de ellos, inclusive, se plantea una estrategia de seguimiento; esto no significa que no haya un marco conceptual que respalde todo lo referido con las situaciones de violencia, maltrato y abuso; el mismo existe y es el que nos avala para trabajar estas temáticas”.
Ante un escenario que es complejo, Combetto insistió en que es clave la capacitación permanente de los profesionales que trabajan en este tema.
Maltratado y agresor
“Cuando hablamos de preparación previa nos referimos a que en torno a la violencia familiar hay conceptos que uno debe incorporar primero, para poder hablarlos después (conflicto, agresividad), así como deben conocerse tanto la psicología de la mujer maltratada como el perfil del agresor”, prosiguió Combetto.
“En general, cuando se trata de personas que han sido maltratadas, estamos hablando de estructuras psíquicas muy deterioradas; en la mayoría se trata de mujeres que están con su autoestima demasiado baja y realmente no logran visibilizar la situación por la que atraviesan... Están atemorizadas, tienen miedo y no saben cómo buscar ayuda”, completó el concepto anterior.
“Los golpeadores también tienen un perfil particular; son hombres que, por lo general, para el común de la gente son unos señores, de los cuales nunca podés imaginar que en la casa o en lo privado tienen esa conducta”, prosiguió. “Se puede hablar de una doble personalidad: en el trabajo o con los vecinos son de una manera -cordiales, respetuosos y amables-, mientras que puertas adentro pasan a ser la clase de hombres que insultan, golpean o maltratan... y no sólo hablamos del maltrato físico, es importante aclararlo, porque el psicológico tiene la misma gravedad que el anterior”, agregó Combetto.
“El insulto o la desvalorización no sólo se dan con la palabra, porque hay gestos o señales de desprecio, como la indiferencia (o el ninguneo), que también son una forma de maltratar al otro”, planteó para finalizar.
Las mujeres, así como sus hijos, tienen derecho a ser tratados con respeto, a crecer con dignidad y vivir sin violencia”.
María Claudia Combetto
Comité de Violencia Familiar y Maltrato Infantil de Santo Tomé.
Un camino que va de los reproches a los golpes
La violencia familiar se da a través de un ciclo, el que está dividido en tres fases bien diferenciadas. “La primera, de acumulación de tensión, es la etapa de los reproches, amenazas y el malestar creciente; la segunda, de los golpes, implica todo tipo de agresión física, muy violenta e incontenible; la tercera, la llamada luna de miel, es donde sobreviene el arrepentimiento, las disculpas y las promesas de cambio, las que muchas veces no se cumplen, por lo que todo el ciclo vuelve a empezar”, describió María Claudia Combetto.
Después, la especialista abordó ciertos preconceptos, o mitos, que tienen que ver con el entendimiento de esta temática. “No es verdad, por ejemplo, que la violencia familiar sea producto de alguna clase de enfermedad mental, ya que es una conducta aprendida y sólo un 10% de los casos son ocasionados por trastornos psicológicos”, señaló primero.
“Además, no es un fenómeno que sólo ocurra en las clases sociales carecientes o humildes, ya que se da en todos los estratos sociales, y en el caso de Santo Tomé, la mayor parte de los casos atendidos por el Comité corresponde al área céntrica, lo que desmitifica lo anterior”, dijo también.
“Otro mito es el de creer que los casos de violencia familiar son escasos y no representan un problema grave, pero cuando empezamos a investigar encontramos que más del 50 por ciento de las familias sufre o ha sufrido algún tipo de violencia”, agregó Combetto.
Luego, sobre uno de los latiguillos más comunes, el que indica que a las mujeres que padecen violencia les debe gustar que les peguen, de lo contrario no se quedarían con quien les hace daño, sostuvo: “Los acuerdos masoquistas no están dentro de la definición de violencia doméstica; quedarse no implica aceptación, la mujer golpeada experimenta sentimientos tales como culpa, vergüenza, miedo, impotencia y debilidad”.