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Pensar en 2011
Horacio Serafini (CMI)
De llenar el modesto estadio del Deportivo Español en 2008, con escalas en 2009 en el de Vélez y la 9 de Julio, hasta colmar ayer el Monumental, con la promesa de reunir en la anchísima avenida porteña a “un millón de trabajadores” el próximo 1º de Mayo, a tres meses de las internas abiertas para la presidencial y legislativa de octubre, con el ejercicio simultáneo de las conducciones de la CGT y del poderoso PJ bonaerense.
El derrotero de Hugo Moyano durante el último bienio no se condice con su afirmación de ayer de que el de River “no fue un acto político ni una demostración de fuerza”. Parece ser, por el contrario, un mentís. No lo ocultó, por otro lado, cuando ayer mismo insistió en su objetivo estratégico de que “un trabajador” llegue a la Rosada. Para eso y para convertir al sector sindical en un “instrumento de poder” desde el táctico papel actual de “instrumento de presión”, es que también lanzó la Corriente Sindical Peronista.
Hoy por hoy, la poderosa estructura que desarrolló Moyano es el mayor aliado, junto a las organizaciones sociales, de la presidenta y su esposo-antecesor. Ese poder en ascenso, que les desafía espacios incluso desde la jefatura del PJ provincial, es también el que mayores ruidos provoca en la relación de los intendentes granbonaerenses con la Rosada.
Pero es asimismo ese poder el que le permitirá a Moyano inclinar su plato hacia alguna otra figura sustituta de los Kirchner de cara a la elección de 2011 si la candidatura de alguno de ellos careciera de chance. Por lo pronto, apunta a hacer valer su poder ante los próximos comicios. Objetivo mínimo: que el sindicalismo vuelva a tener un tercio de los candidatos a legisladores nacionales y provinciales, como históricamente sucedió en el justicialismo, hasta la derrota de 1983 y la desaparición de hecho con el justicialismo neoliberal de los “90.