EDITORIAL

Delito y violencia, urgen las respuestas

El brutal asalto al camión blindado del Banco Nación en la ruta Panamericana, con su secuela de dos policías muertos, da cuenta de los niveles de violencia que ha adquirido la actividad delictiva en la Argentina. Los delincuentes usaron en este caso armas largas y de gran calibre, actuando como si fueran un pequeño ejército privado. Si bien en el caso que nos ocupa no pudieron concretar su objetivo económico, lograron huir en orden dejando a sus espaldas una irreversible estela de sangre.

Lo sucedido en la Panamericana recordó lo que está pasando en México con un narcotráfico que pretende erigirse en una suerte de Estado paralelo. O en Brasil, donde en las favelas más profundas de Río de Janeiro los delincuentes se han constituido en un Estado paralelo al nacional. Es verdad que por el momento la Argentina no padece el drama de estos países latinoamericanos, pero convengamos que la ola delictiva sigue creciendo y, en más de un caso, su accionar desborda a las fuerzas de seguridad.

Las medidas que los gobiernos nacionales y provinciales han tomado para conjurar el delito organizado han sido diversas, pero más allá de la buena voluntad, convengamos que los resultados obtenidos son modestos. Se sabe que estos temas no se resuelven de la noche a la mañana, pero la ciudadanía se siente con el derecho a reclamar más eficiencia y mejores resultados.

Los gobiernos suelen atribuir esta ola en reclamo por más seguridad a una suerte de “sensación” originada por los medios de comunicación. Las llamadas “sensaciones” no se crean arbitrariamente sino que responden a necesidades y reclamos objetivos de amplios sectores de la sociedad. Lo que hacen los medios de comunicación es, en todo caso, ampliar e instalar en el espacio público este reclamo que, no por casualidad, es el que figura como el que la sociedad exige con más persistencia.

En los últimos tiempos, se ha observado que la violencia de los delincuentes ha crecido. Sus operativos son más audaces y su desprecio por la vida es mayor. El endurecimiento de las leyes no ha dado los resultados esperados y, como dice más de un especialista en la materia, si ese endurecimiento no va acompañado de medidas estructurales los resultados pueden llegar a ser opuestos a los esperados.

Sin ir más lejos, lo sucedido esta semana en la localidad santafesina de La Pelada, donde una pareja de ancianos fueron asaltados, sometidos a golpes brutales que han puesto en riesgo la vida de uno de ellos, da cuenta de esa ferocidad.

Temas como éstos pueden ser evaluados desde un punto de vista psicológico, pero también merecen una evaluación social y política. Los comportamientos de los delincuentes tampoco escapan a la realidad cultural de una sociedad. Lo que importa es ubicar el diagnóstico de lo que nos está ocurriendo, para actuar con la mayor celeridad posible antes de que sea demasiado tarde y los costos a pagar sean mucho más altos.