Apuntes de política provincial

Incertidumbre y confusión

1_jv.jpg

El Frente Progresista, en los hechos, ¿funciona como tal?. Foto: José Gabriel Vittori

Teresa Pandolfo

 

polí[email protected]

“Hay incertidumbre”, dicen los cronistas parlamentarios cuando se les pregunta por el clima imperante en la Legislatura. La calificación no podría ser más precisa para una época en la que se han perdido los pocos mojones de referencia que tres o cuatro años atrás daban marco a la política santafesina.

Se avanza en cuestiones formales, pero se observan retrasos con respecto a las de fondo. Entre las primeras, hay que citar el paso de transparencia que puede representar la boleta única para los postulantes a una misma categoría de cargos (esta periodista tiene sus dudas en cuanto a las candidaturas legislativas, que seguramente se aclararán con la reglamentación) y, en las de fondo, la confusión que caracteriza a las dos constelaciones partidarias más importantes en la provincia.

En el Frente

La lucha interna por las candidaturas dentro del Frente Progresista Cívico y Social lleva a pensar si esa instancia frentista, en los hechos, no está agotada.

Las aspiraciones de Mario Barletta para la Casa Gris siguieron el camino institucional partidario: plenarios con intendentes y/o dirigentes, la Convención Provincial que confirmó la pertenencia al Frente pero pide la alternancia, es decir, que ahora sea un radical quien encabece la fórmula gubernamental.

Sin dudas, un camino que no han podido recorrer hasta ahora en el socialismo, donde las aspiraciones de Rubén Giustiniani se contraponen a las de Hermes Binner, quien considera que Antonio Bonfatti debe ser su sucesor.

¿Por qué, aparte de la confianza en el hombre que lo viene acompañando en su vida política? Porque integra su gabinete y seguirá un programa de gobierno que se pensó por lo menos para ocho años. Pero el programa, ¿era sólo de Binner y no del socialismo, o del Frente Progresista en su conjunto?

Lo real es que dentro del PS las posiciones se mantienen divididas, ya que Giustiniani resiste y mantiene su postulación. Barletta ha aceptado ser precandidato, con el apoyo de una Convención destinada a consagrar una candidatura con nombre y apellido. El intendente capitalino intenta, además, un acercamiento con el ARI en la figura de Carlos Comi. Nadie se engaña respecto de que la provincia es uno de los territorios en los que Elisa Carrió mantiene más influencia. Dentro de la UCR, Luis Cáceres también se postula.

A cuatro años de la formación del Frente, que reeditó a la Alianza Santafesina con el propósito de ganarle la provincia al peronismo, no sólo sorprenden algunas prácticas internas por los espacios de poder, sino que no se logró transmitir un ideario en común. La ciudadanía se ha dado cuenta de que el cambio, en cuanto a sus expectativas de vida, no depende sólo del signo político del gobierno.

No se pueden ignorar los avances logrados en materia de reforma del proceso penal, en la titularización de interinos en distintos ministerios, pero tampoco se desconoce el estado de las rutas provinciales y las demoras en todas las obras públicas que no sean de carácter cultural. Asimismo, la falta de estrategias para prospectivamente ubicar a la provincia. El ejemplo más cercano es la reconversión del Puerto de Santa Fe, proyecto que debió haber transitado la instancia en la que hoy está en el segundo año de mandato.

En el justicialismo

En el peronismo, las cosas no están más claras. Hay muchas figuras con aspiraciones. Rafael Bielsa dice que fue el mismo Néstor Kirchner quien le pidió que se postulara para la gobernación. Nadie ignora que dentro del kirchnerismo la figura más militante del sector es Agustín Rossi, en las buenas y en las malas para los partidarios de los Kirchner. ¿Por qué, entonces, apoyar a otra figura y seguir dividiendo? Omar Perotti cabalga sin tanto sentido de pertenencia interna y, del lado reutemanista, están en la pelea Ricardo Spinozzi, Juan Carlos Mercier, Daniel Germano, además de Jorge Obeid, si Carlos Reutemann es presidenciable.

Pero el alejamiento de Reutemann del Peronismo Federal dejó a los dirigentes de su sector sin el paraguas del espacio opositor. Aunque Reutemann vote en contra de los proyectos oficialistas en el Senado de la Nación, como ocurrió en la última sesión de la Cámara, ahora los dirigentes locales dependen sólo del trabajo propio y del mensaje diferenciador que puedan transmitir a los demás. Al igual que para el Frente Progresista, deberán encarar una campaña en que ninguno es líder en toda la provincia.

En el peronismo se venía conversando sobre ir unidos como PJ a las primarias y que fuera el electorado el que definiera el candidato para la general, pero, después, el vicepresidente del justicialismo, Jorge Fernández, allegado a Agustín Rossi, condicionó la unidad a que todos apoyen la reelección de Cristina Fernández de Kirchner. Hay que ponerse en la piel del elector para entender cómo se puede apoyar un modelo de política que no se ha compartido en los últimos años. Se agrega más confusión a un escenario de por sí complejo.

Faltan unos meses para las primarias y en julio serán las elecciones generales, pero son demasiadas las señales contradictorias que surgen de la dirigencia política para que una persona común, preocupada por mantener su trabajo y devorada por la inflación, quiera interesarse por la política lugareña para empezar a pensar en una opción.

Lamentablemente, lo mismo ocurre con cuestiones más formales: se votaron, primero, el padrón único de electores y, luego, la boleta única para candidatos, y el gobierno aceptó, pero otras reformas votadas en el Senado o propiciadas por la oposición justicialista no son aprobadas porque se está ya en proceso electoral. Vuelven a transmitirse criterios divergentes según la conveniencia.