De domingo a domingo
De domingo a domingo
Las tres “íes” que el gobierno niega y nos complican la vida a todos
Hugo E. Grimaldi
(DyN)
Tristezas de la vida, Cristina Fernández de Kirchner se ha consolidado como mejor presidenta desde que el kirchnerismo recibió su golpe más duro, hace ya un mes.
Obvio es decirlo, la desaparición física de Néstor la dejó a ella sola, como segundo eslabón de la cadena, con la misión personal de tomar el mando, aunque la procesión fuese por dentro, lo que probó su temple personal y político para no permitir que se le desbandase la tropa y para intentar mantener a su lado, a fuerza de moderación, a las nuevas voluntades que se le sumaron, genuinamente dolidas por su situación, mientras busca descargar de su mochila las tres “íes” de las cuales no se habla en el gobierno y que tanto daño pueden hacerle hasta el final de su mandato, como son la Inflación, la Inseguridad y la Inmoralidad.
Con esos pesados lastres sobre su ánimo (y sus espaldas), pero con el aire nuevo que le ha insuflado la desgracia, para abordar el perfil de la nueva Cristina hay por estos días para todos los gustos, a partir de ratificaciones explícitas del modelo, aunque con cierta apertura que se nota en relación con el mundo (Club de París, FMI) y con algunos actores de la realidad local (CGT y UIA, por ahora únicos convocados a un todavía difuso Acuerdo Social) y hasta en un cambio de modos, cuestión que a las clases medias urbanas, mientras tengan un peso en el bolsillo, le importa quizás como una fachada, tanto o más que las otras calamidades.
En esa línea, están quienes caracterizan el actual rumbo del gobierno como un sensato viraje hacia el centro (que para alguien que se ha sentido ubicado en la izquierda es siempre un viraje hacia la derecha); hay otros que se muestran enfervorizados en la calle con la actitud presidencial de permanente actividad, mientras que un tercer grupo sugiere que la moderación en el discurso es sólo la piel de un cordero que se ha puesto el lobo para engañar.
Entre asaltos y técnicos de Fondo
La semana que pasó ha sido notable en cuanto a la presencia de las tres preocupantes “íes” en la vida diaria, con señales hacia el Fondo Monetario Internacional y algunos avances en el Acuerdo Social por parte del gobierno para atacar la inflación a su modo; con el sangriento asalto al camión blindado del Banco Provincia en la Ruta Panamericana, como paradigma de una inseguridad que se mete en las casas de todos y con la inmoralidad de la corrupción a flor de piel, con miles de e-mails en danza con balas que apuntan hacia el ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime, pero que cada día pican más cerca de la Casa Rosada.
En lo que se ha descripto como un acercamiento de la presidenta hacia los sectores empresarios o quizás una demostración a la CGT de Hugo Moyano de cierto juego en el fiel de la balanza, más allá de la acción de la Justicia que lo tiene muy nervioso al camionero por el caso de los medicamentos, el requerimiento de Cristina para terminar con la industria del juicio a partir de que los trabajadores que tengan un accidente sean resarcidos de modo justo y que las empresas puedan cubrirse con el seguro único de la ART, que luego no permita una segunda vía judicial que destruya las demás fuentes de trabajo, ha sido por ahora un simple pedido de sumar el tema, cuando se instrumenten las cosas, a la mesa de negociaciones.
Quizás el punto menos conflictivo para cerrar en ese ámbito sea el ajuste paritario, que se podría determinar en 20 % para todo el año 2011, aunque los gremios van a querer sumar beneficios indirectos y los empresarios quizás logren congelar las llamadas leyes Recalde, que prevén la distribución de las ganancias empresarias y la revisión de balances por parte de los gremios o
considerar como plantel efectivo de las empresas a los trabajadores de las tercerizadas.
La inseguridad nuestra de cada día
Con todo, nada garantizará que si, como se espera, se producen ajustes tarifarios en materia de gas y luz y las condiciones macroeconómicas incentivan el arrastre de los precios, no haya cláusulas-gatillo que se puedan disparar antes de las elecciones, si la inflación se instala por arriba del 30 %, que sería una vuelta a empezar, con sufrimiento muy claro para los ingresos de los más pobres, un nuevo freno a las decisiones de inversión y alteraciones en los contratos (alquileres, créditos, etcétera). En paralelo, la novedad de la semana, que también abrió expectativas en cuanto al giro de la presidenta, fue el anuncio de que llegará una misión del Fondo Monetario Internacional para trabajar únicamente en la elaboración de un Índice de Precios Nacional, lo que vuelve a indicar una pasión desmedida por reparar el termómetro antes que por bajar la temperatura.
En todo caso, si los técnicos del Fondo vienen a eso, lo que harán es arreglar lo desarreglado por las actuales autoridades, ya que ellos se basan en estándares mundiales que van a contramano de lo que se ha hecho en el Indec. En este sentido, el informe que se conoció de la UBA es lapidario en cuanto a las críticas a las mediciones actuales. Tal como está planteada, casi como una auditoría e intervención, la misión del odiado FMI resulta tan extemporánea que ha dejado correr la imaginación de quienes piensan que su verdadera llegada tiene que ver con hacer, de paso, una revisión del Artículo IV, tal como lo piden los Estatutos del Fondo y ahora el Grupo de los 20, para todos los países que quieran seguir sentados allí.
Esa revisión podría habilitar luego, si los plazos se extienden a más de un año, un Programa del FMI que abra el camino a la refinanciación con el Club de París, con lo cual la referencia de la presidenta a la ausencia del Fondo en el proceso habría quedado en la nada.
En tanto, el tema de la inseguridad, que golpea a los ciudadanos de todo el país, ha tomado un sesgo dramático por el desmadre que ocurrió en el frustrado robo del camión de caudales en jurisdicción bonaerense, con dos policías muertos. El jefe de la Policía, Juan Carlos Paggi, describió la secuencia de esos cuatro minutos infernales como de “muerte primero y asalto después” y no a la inversa, en el fragor de un tiroteo, ya que el comisario piensa que en este caso se rompieron todos los códigos del hampa, al planificar primero los asesinatos a sangre fría para meter miedo y luego alzarse con el botín. De allí la indignación del gobernador Daniel Scioli, cuando dijo: “Los vamos a ir a buscar y meter presos a uno por uno”.
La corrupción en el corazón del poder
La última de las “íes”, la que alude a la indecencia de la corrupción, es una carga muy pesada para el gobierno, ya que, si bien está circunscripta a Jaime, la aparición de más de 20 mil e-mails de la computadora de un asesor y dueño de una consultora que conseguía clientes debido al tráfico de influencias, Manuel Vázquez, le ha dado al tema el seguimiento periodístico propio de un novelón de nunca acabar.
La cuestión de la inmoralidad de las comisiones cobradas por intermediación por parte de Vázquez en la compra de trenes a España, que hoy se oxidan como chatarra de lujo en los talleres ferroviarios de Remedios de Escalada, parece un juego de niños al lado de las coimas pedidas a empresarios españoles para financiar la campaña de Cristina Fernández en 2007. En este tema, según se ha dicho, la operación no avanzó porque desde la Argentina nunca se formalizó el pedido, debido a que los españoles querían hacer el pago a la usanza europea, con recibo respaldatorio.
Otro escándalo con derivaciones en el gobierno se ha verificado a partir de los correos donde se alude a la acción de la esposa del ministro Julio de Vido, Alessandra Minnicelli, en sus tiempos de funcionaria de la Sindicatura General de la Nación, ya que ella misma aparece como revisora de los contratos de Vázquez, aunque tenía prohibido hacerlo por su cercanía con el ministro.
En defensa de Jaime, sus abogados señalan que la cadena de seguridad de los e-mails ha sido vulnerada y que se han podido incluir en ellos elementos no originales, y apuntan a justificarse con que los mismos no pertenecen a su PC. Entre sus detractores, el senador Luis Juez acaba de decir del ex secretario que, cuando llegó a Córdoba, “comía sánguches de mortadela salteado y ahora es rico”. Pero, más allá de lo personal, la carga política de toda esta cuestión es que Jaime era un soldado disciplinado de Néstor Kirchner, de lo que se jactaba a cada rato. Ahora, da la impresión de que, en su nuevo look, el gobierno parece que le ha soltado la mano.
El jefe de la Policía, Juan Carlos Paggi describió la secuencia de esos cuatro minutos infernales como de “muerte primero y asalto después” y no a la inversa, en el fragor del tiroteo.
La inseguridad crece, tal como lo demuestra el sesgo dramático del frustrado robo del camión de caudales en jurisdicción bonaerense, con dos policías muertos. Es una de las tres “íes” que pesan sobre la mochila del gobierno y de todos los ciudadanos. Foto: Télam
La inmoralidad de las comisiones cobradas en la compra de trenes a España que hoy se oxidan como chatarra parece un juego de niños al lado de las coimas para financiar la campaña de Cristina en 2007.