Un buen final para un mejor principio

Villa Amalia Isabelle Huppert y Jean-Hugues Anglade, en una escena
de “Villa Amalia”, dirigida por Benoit Jacquot.

Isabelle Huppert y Jean-Hugues Anglade, en una escena de “Villa Amalia”, dirigida por Benoit Jacquot.

Foto: Archivo El Litoral

 

Laura Osti

Benoit Jacquot se inspiró en la novela de Pascal Quignard, Todas las mañanas del mundo, para realizar esta singular película a la que titula Villa Amalia y que parece pensada para homenajear a la gran Isabelle Huppert, la actriz francesa que ya es un ícono de la cinematografía con sello y firma propios.

Dueña de un estilo incomparable, Huppert despliega durante la hora y media que dura el film todo su arsenal sugestivo para dar vida a un personaje misterioso, capturado por la cámara en el momento más inquietante de su historia personal.

Dicho en pocas palabras, parecería banal: una mujer descubre que su marido la engaña con otra y en ese mismo instante decide romper con todo drásticamente.

Ann es una mujer madura, pianista exitosa. Si bien vive desde hace varios años con un hombre, no tiene hijos. Pero tiene una madre anciana en un geriátrico, un hermano muerto en la niñez y un padre ausente, que los abandonó cuando ella y su hermanito eran muy pequeños.

Apenas esos datos le llegarán al espectador, y eso, gracias a un truco del guión, que hace aparecer como de la nada, como por arte de magia, a un viejo amigo de la infancia, Georges, en un encuentro sorpresivo y casual, justo en el momento en que Ann está espiando a su esposo Thomas en flagrante infidelidad.

Ann no vacila en confiarse a Georges, a pesar de que han pasado cuarenta años desde la última vez que se vieron. Y el hombre, un solitario, se convertirá en la persona que la acompañará como auxiliar y confidente en esta nueva etapa que inaugurará en su vida.

¿Y qué es lo que hará esta mujer en crisis? Nada de escenas, ni de discusiones, ni peleas, ni reproches. Una sola decisión, definitiva. Echar a su marido de la casa. Vender todo y emprender un viaje por distintos países hasta encontrar un lugar de refugio para buscar otras experiencias vitales. Para vivir de otra manera. Lejos de su pasado, lejos de su vida de pianista, lejos de su antigua personalidad. Liviana de equipaje y abierta a todo lo nuevo que se pudiera presentar.

Primero se despedirá de su madre, quien está sumergida en esa lejanía inalcanzable de la demencia senil. Pero su muerte, que se produce no mucho después del abandono de Ann, traerá la otra figura importante del pasado con la que hay que arreglar cuentas: el padre. Luego del sepelio, tendrán una charla única en la que la hija hará los reproches de rigor y el padre dará sus explicaciones, y cada uno seguirá su camino, sin molestarse.

Por fin Ann parece haber conquistado su libertad. Descubre una casa veraniega en algún lugar de Italia en la costa del Mediterráneo. Es una casa que tiene su propia historia, Villa Amalia, construida entre unos acantilados adonde se llega por un estrecho sendero arenoso. Allí, como en un simbólico vientre materno, Ann dará la espalda al pasado y encarará su nueva vida, sin ataduras. Solamente con alguna que otra compañía circunstancial y la presencia de su fiel amigo Georges, quien también se acopla a esta nueva vida, pero por motivos propios.

El guión de Jacquot, coescrito con Julien Boivent, no da importancia al hilo narrativo sino que va enhebrando vivencias, imágenes, situaciones inconexas, fragmentos de existencia. Salta de un instante a otro sin dar explicaciones. La cámara por momentos es nerviosa, a veces, vertiginosa, también suele posarse insistentemente en el rostro inescrutable de Ann... intentando captar la vida que fluye y fluye a cada paso. También la música esboza un discurso que intenta expresar cada estado de ánimo de la protagonista. Y la lección apunta a demostrar que siempre se puede encontrar la salida a una situación agotada que ya no da para más y descubrir nuevos rumbos de realización personal.

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MUY BUENA

Villa Amalia

Idem, Francia/2009, color; hablada en francés e italiano. Dirección: Benoit Jacquot. Con Isabelle Huppert, Jean-Hugues Anglade, Xavier Beauvois, Maya Sansa, Peter Arens. Guión: Jacquot y Julien Boivent, sobre la novela de Pascal Quignard. Fotografía: Caroline Champetier. Música: Bruno Coulais. Edición: Luc Barnier. 90 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.

Cuatro puntos