De domingo a domingo
De domingo a domingo
Empieza la caza de brujas de traidores
Hugo E. Grimaldi
(DyN)
Calladitos la boca en cuanto a que no se van a responder por ahora los cables de WikiLeaks que revelaron cómo se formaba la opinión de los Estados Unidos sobre la Argentina actual a partir de sus informantes locales, ya que es una práctica diplomática que la Argentina también ejerce, y mostrándose, inclusive, como buenos aliados del presidente Barack Obama, tratando de frenar declaraciones antiyanquis en la Cumbre de Mar del Plata, Cristina Fernández y su gobierno han estado, a la inversa, más que activos en la caza de brujas en su propia interna.
De allí, que por orden de la Casa Rosada, los macarthistas más conspicuos del kirchnerismo ya han empezado a contar los tantos negativos que han acumulado políticos, empresarios, analistas, economistas y medios para pasarle facturas a todos aquellos que osaron hacer comentarios poco edificantes, que seguramente creían secretos e invulnerables hasta que aparecieron en el ciberespacio, a diplomáticos estadounidenses sobre la Administración Kirchner.
Los sospechosos
En el ranking de deslealtades a los que apuntan los K de paladar negro figuran en primer lugar dos ex jefes de Gabinete, aunque Alberto Fernández tiene la coartada de que esas mismas cosas que le atribuyen los despachos diplomáticas también las había dicho en público.
Pero lo de Sergio Massa, aunque no se cansa de desmentirlo, parece ilevantable, ya que, según el relato del Consejero Político de la embajada estadounidense, con quien se reunió, el actual intendente de Tigre hizo una descripción descarnada del ex presidente Néstor Kirchner (a quien habría llamado “psicópata y monstruo”), mientras que también habría dicho que la presidenta “sólo cumplía órdenes” y que la pareja “no tenía ni la menor oportunidad de ganar las elecciones de 2011”. Los más o menos 25 despachos diplomáticos conocidos hasta ahora que han aludido a la Argentina, a partir de publicaciones en El País de Madrid o Le Monde de París o a través de la propia página de WikiLeaks, entre los 2.233 que salieron de la embajada estadounidense en Buenos Aires y otros provenientes de Madrid o Washington (sobre un total de 251.287 documentos), responden básicamente a cuatro parámetros de matrices diferentes que vale la pena clasificar.
En primer término, están las dudas que se plantean desde el Departamento de Estado sobre el gobierno de “la primera pareja” (Cristina y Néstor Kirchner), esencialmente aquel donde Hillary Clinton hace preguntas sobre el “estado mental” de la presidenta y la “salud” de su esposo.
La corrupción imperante
El segundo bloque de cables lo configuran las denuncias en relación a operatorias empresarias que tienen nombre y apellido, básicamente llegadas desde España en boca de un alto funcionario del gobierno preocupado por el “tono populista” y “el nivel de corrupción” del gobierno argentino o desde organismos internacionales que hablan de lavado de dinero y de la poca “voluntad” que hay en la Argentina para avanzar en su control, ejemplificando con fondos de presuntas operaciones de los Kirchner sobre el que habrían pedido datos los gobiernos de Suiza, Liechtenstein y Luxemburgo nunca contestados.
Podría sumarse aquí la opinión poco favorable que expresó en privado la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet (que luego desmintió) sobre el gobierno de Cristina. Un tercer y amplio conjunto de despachos diplomáticos, los más ruidosos y hasta cholulos, tiene que ver con los elementos que los estadounidenses han ido recogiendo en charlas con terceros, en reuniones sociales o en encuentros casuales con miembros o ex miembros del Gobierno o de la oposición o analistas o aún opiniones de la prensa, que forman una suerte de archivo de chismes sobre el contexto argentino, que derivan luego en descripciones poco sustentables.
Y hay un cuarto escalón, el más delicado, que involucra charlas formales o informales entre funcionarios de ambos países, que ahora han quedado evidenciadas, como fue la reunión entre la embajadora Vilma Socorro Martínez y Mauricio Macri y sus comentarios sobre lo mal que la trató el Jefe de Gobierno porteño o, más grave aún, las apreciaciones del anterior embajador, Earl Anthony Wayne, en relación al pedido que se le hizo a la presidenta argentina para que ayude a convencer al presidente de Bolivia de la sinceridad de los Estados Unidos, sin que éste sospeche de que había en el medio una operación política: “Evo (Morales) no es una persona fácil, nos confía CFK, haciéndonos notar que Argentina tiene problemas para conseguir que Bolivia le abastezca de gas natural. Todos necesitamos paciencia, nos dijo”.
En esta ruptura de confidencias, pero al revés, bien se puede sumar la charla que tuvo mano a mano el secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino nada menos que con el consejero Económico de la Embajada, en la que le reveló paso a paso en febrero pasado cómo iban a ser las condiciones del futuro canje de deuda, un tema que le estaba vedado, ya que si bien las restricciones partían de otro organismo gubernamental de los Estados Unidos (la SEC) se está en presencia de entrega de información privilegiada a un tercero, penada inclusive por la legislación de ese país.
Un golpe duro
Habría que saber hasta qué nivel de sus superiores sabía del encuentro y los por qué, pero si la charla del funcionario de Economía hubiese sido parte de una maniobra argentina para confundir a los estadounidenses, el resultado de las cosas hubiese sido totalmente diferente, aunque lo informado entonces por el diplomático al Departamento de Estado fue exactamente lo que luego sucedió.
Si se mide en cantidad de cables, el gigantesco ruido global que hizo WikiLeaks ha tenido que ver con que los Estados Unidos tienen intereses estratégicos en todo el mundo. Como se ha visto, los relativos a la Argentina son apenas 0,89 por ciento del total y los conocidos hasta el momento son muy pocos, pero capaces de infligir un gran daño al kirchnerismo, que se estaba recuperando en las encuestas y de allí la evaluación que se está haciendo puertas adentro para encolumnar a amigos y desleales.
En ese sentido, el menos salpicado por las habladurías que se informaron a Washington, ya que en esos partes se reafirmó su lealtad hacia los Kirchner, ha sido Daniel Scioli, quien tuvo una semana de esplendor, no sólo por su viaje a Israel, casi con agenda de jefe de Estado, sino porque además logró aprobar el presupuesto provincial después de haber hecho concesiones a la oposición. “Mi satisfacción es porque ayer (por el jueves) fue un día institucional muy importante, ya que la Legislatura aprobó el Presupuesto con un gran consenso”, señaló el bonaerense.