Al margen de la crónica
Al margen de la crónica
La huella de Discépolo
Millenium, la saga escrita por el sueco Stieg Larsson que hechizó a lectores de todo el mundo, cuenta la historia de Lisbeth Salander, una hacker que ayuda a Mikael Blomkvist, periodista de la revista de investigación Millenium, a esclarecer hechos mafiosos cometidos por mano de obra desocupada del espionaje ruso vestigio de la Guerra Fría. Salander consigue demostrar, metiéndose en el corazón de los servicios secretos suecos, que su propio padre es el jefe de los ex espías, un sádico personaje que ejecutaba trabajos sucios ordenados por un departamento secreto del gobierno.
Esta semana, WikiLeaks, un sitio de Internet dirigido por el australiano Julian Assange, hizo llegar a cinco de los diarios más importantes del mundo, material secreto sobre dirigentes y gobiernos que la administración norteamericana guardaba bajo siete llaves. Dichos y particularidades de Sarkozy, Berlusconi, Puttin, Merkel y hasta de nuestra presidente y del gobernador Binner, fueron expuestos por el, -en estas horas- hacker más buscado por la policía internacional.
A la imagen del hasta hace poco influyente Ricardo Jaime, no la destruyó su exhibición obscena de riquezas, sino el descubrimiento de una docena de mails registrados en el disco rígido de su computadora.
En su programa de chimentos, Jorge Rial le asestó un golpe fuerte a su archienemigo Fort, sacando al aire una grabación de su actual novia, en la que la rubia pedía a una vidente consejos para conquistar la confianza del millonario. En sus dichos enuncia que sus rivales no son otras mujeres, sino varios muchachos.
La intimidad de personas e instituciones luce un franco deterioro y el límite entre lo público y lo privado se está diluyendo, en muchos casos ayudado por una asociación de espías modernos con difusores de noticias.
Es igual si lo que está en la mira es la fría personalidad de Merkel o la sexualidad de Fort; en cualquier caso lo único que importa es espiar a otro y exponer cosas ajenas al juicio público. Como en un acto corriente, todas las vidas pueden ser observadas y exhibidas desde un colosal panóptico. El Cambalache de Discépolo reinterpretado, está vigente en el siglo XXI: da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón.