Caminos que se bifurcan
La Argentina y Venezuela, que antes parecían converger en el espacio de los negocios bilaterales -con numerosas denuncias de corrupción- y acercarse en el plano ideológico, hoy parecen tomar progresiva distancia en sus respectivos proyectos.
A contrapelo del irrestricto compromiso con la democracia asumido por la última reunión de Unasur en Mar del Plata, Hugo Chávez vuelve a reclamar en su país poderes especiales que le otorgarían el control total en desmedro del Estado de derecho, el moderno concepto de democracia que le es connatural y los tratados americanos -comenzando por el de San José de Costa Rica- que han sido incorporados a los textos constitucionales de la mayoría de los países de nuestro continente.
Así, el caudillo caribeño retrocede al mundo bipolar de la Guerra Fría, tiempo de verdades absolutas y dictaduras reales que pulverizaban en la práctica los derechos humanos. Es cierto que el totalitarismo; es decir, la eliminación de los partidos (las partes) que expresan las diferencias naturales de los seres humanos y los grupos sociales -con la consiguiente reducción de lo diverso al totum del partido único y el líder iluminado- tenía y tiene sus argumentos: básicamente, el de constituir una etapa necesaria e inevitable para destruir los privilegios y construir una sociedad de iguales. Pero estos argumentos quedaron desvirtuados por los hechos que llevaron al estallido del mundo comunista, fábrica eficiente de sociedades pobres y sin derechos políticos ni humanos.
El gobierno kirchnerista, en tanto, proclama su voluntad de avanzar hacia una sociedad inclusiva y más justa que encuentra pocas resistencias porque la gran mayoría de los argentinos está de acuerdo con el propósito, aunque discrepe respecto de los métodos y los peligrosos niveles de corrupción asociados con el intento. Aun así, está claro que el grado de compromiso de Cristina Fernández de Kirchner -abogada y ex legisladora- con la institucionalidad democrática resulta incomparablemente superior a la que exhibe el comandante bolivariano. en el que también -de manera visible- gravita su formación militar y sus antecedentes de comando especial.
En este sentido, los resultados nacionales también son divergentes ya que mientras la impetuosa vía al socialismo impulsada por Chávez ha creado más pobreza, inflación y subdesarrollo, la Argentina de los Kirchner, con todas las críticas que se le han hecho en esta columna, ha generado crecimiento económico, incrementado la participación de los trabajadores en el ingreso nacional y, aún con manipulaciones económicas y presiones muchas veces subterráneas, se ha mantenido dentro del cauce de la democracia imperfecta que caracteriza a la Argentina desde siempre.
Por fin, Chávez se abraza a Irán, mientras el gobierno nacional persigue a ciudadanos de ese país acusados del atentado contra la Amia. El comandante socialista se arma hasta los dientes con pertrechos rusos, en tanto que el gobierno nacional juega, de acuerdo con los EE.UU., un papel de equilibrio en la región. Los caminos parecen bifurcarse.




