Y VOS... ¿EN QUÉ ANDAS?

Roberto Berasategui.
Periodista del diario La Nación y Columnista de radio continental.
EN UN FORD FOCUS 2007
—¿Lo compraste porque te gustó o por negocio?
—Las dos cosas. Fue una oportunidad que pude aprovechar comercialmente, y además el auto me gusta mucho.
—¿Qué fue lo mejor que me pasó con ese auto?
—Lo mejor es siempre poder disfrutarlo con mis hijas cuando salimos a pasear.
—¿Tuviste alguna anécdota curiosa?
—Por suerte, no. Ese tipo de anécdotas son risueñas cuando uno las recuerda después de un tiempo. Pero en el momento son situaciones complicadas. Hasta ahora, con este coche —toco madera— no he tenido ningún inconveniente. Sí me ha pasado con otros autos anteriores. He dejado las llaves adentro o me he quedado sin combustible, una vez que se me había roto el medidor. Una vez tuve una pinchadura de neumático en Santa Fe; era de noche y no sabía adónde acudir. Son situaciones que por suerte se pueden solucionar.
—¿Tuviste alguna vez ganas de quemar un auto por algún desperfecto mecánico?
—No, por suerte no. Uno sabe que los “fierros” pueden tener este tipo de inconvenientes pero hasta ahora he contado con autos fieles. No siempre tienen que ser nuevos para no tener problemas, sino que a veces depende del cuidado que uno tenga. Eso se traduce a la respuesta que le da el vehículo a uno.
—¿Cuál fue tu primer auto?
—Fue también un Ford Focus. No he cambiado muchos autos. El primero fue ése y el segundo, el que tengo ahora.
—¿Le sos fiel a la marca?
—Un poco. Mi padre cambiaba de autos muy seguido porque es vendedor y está todo el día arriba del coche, y yo recuerdo que de chico siempre tuvimos vehículos de esa marca. A él siempre le dieron resultado y esa tradición me la pasó a mí.
—¿Lo maltratás?
—No, para nada. Tanto los que son míos o los que nos suelen prestar —nosotros tenemos la fortuna de utilizar automóviles que nos ceden las terminales automotrices—, trato de cuidarlos mucho.
—¿Cuál es el auto de tus sueños?
—Paradójicamente con mi profesión, que tiene que ver con vivir de esto, no tengo un auto que me quite el sueño. No me muero por determinada marca o modelo. No soy ambicioso ni tengo un ideal de coche. Simplemente necesito que me haga sentir cómodo y que me sea útil para mí y para el traslado de mi familia. Con eso me alcanza.
—¿Qué consejo le darías a los demás automovilistas de calle?
—Fundamentalmente hay que tener respeto por los demás. Esa es la clave para mejorar el gran flagelo que estamos viviendo en la Argentina, que es la inseguridad vial. Creo que todavía no se ha tomado conciencia del gran peligro que conlleva manejar un automóvil, o salir simplemente a la vía pública. No hace falta ser el conductor de un auto deportivo o de alta gama para creer que uno está fuera de regla con la velocidad máxima. Hay que respetar al resto ya seas conductor, ciclista, peatón o motociclista, cumpliendo las normas de seguridad. Esto excede el tema de la seguridad vial, y tiene que ver con un aspecto mucho más amplio que tiene que ver con cómo nos comportamos en sociedad.




