al margen de la crónica

Alemania, la reina de la cerveza

Más allá de sus exitosas cifras macroeconómicas y deportivas, hay otro número sin par del que Alemania se siente tremendamente orgullosa: las más de 5.000 marcas de cerveza diferentes que se producen en su territorio.

Rubias, tostadas y negras; de trigo y de cebada; originales, especiadas o siguiendo las recetas más tradicionales; con extracto de limón, fresa, naranja o incluso refresco de cola,... Alemania es el número uno mundial en producción de cervezas.

En total, Alemania tiene registrados 30 tipos distintos de cerveza, que se elaboran en 1.327 fábricas, desde las grandes embotelladoras multimarca de carácter nacional a las pequeñas cervecerías rurales.

Y así se exhiben en la Semana Verde de Berlín, la mayor feria de los sectores agropecuario y alimentario del mundo, que se celebra en la capital alemana y que dedica uno de los 42 pabellones de la muestra, de forma exclusiva, a sus cervezas nacionales.

El enclave central de este espacio monotemático dedicado al líquido dorado es el de la DBB, que ha recubierto las paredes de su puesto con botellas de todas las distintas marcas de cerveza del país, además de carteles publicitarios de época y varios paneles informativos.

Además, Alemania alardea no sólo como productor de cervezas líder a nivel mundial, sino también como sediento consumidor de esta bebida alcohólica de baja graduación.

“Somos el segundo país del mundo, tan sólo por detrás de los checos, que más cerveza consume por cabeza: unos 110 litros por persona y año”, dijo Marc-Olivier Huhnholz, responsable de comunicación de la Asociación Alemana de Fabricantes de Cerveza (DBB).

El pabellón recuerda asimismo que fue en Alemania, en el territorio que corresponde en la actualidad al estado federado de Baviera, en donde se dictó la primera ley sobre la composición de la cerveza, en lo que se considera la primera normativa alimentaria del mundo.

“La ley de la Pureza de 1516 la dictó Guillermo IV de Baviera y obliga a que la cerveza se elabore sólo a partir de tres ingredientes: agua, malta de cebada y lúpulo”, apunta Huhnholz.

Lo que no queda claro, entre hechos históricos y rumores infundados, es si el propósito del duque al promulgar esta legislación era aprovecharse de su monopolio de la cebada o acabar de una vez con todos los oportunistas que recurrían a todo tipo de artimañas para crear cerveza adulterada.

“Algunas provocaban unas resacas que podían durar días y dejaban a los hombres enfermos y con fuertes dolores”, explica Huhnholz.

Esta legislación, que sigue vigente en todo el país, pese a la promulgación de normativas europeas, sirve para obtener la denominación de “cerveza alemana”.