Editorial
La hora de los sindicatos
Habría que preguntarse qué sucede con el sindicalismo argentino que los episodios de corrupción se repiten con tanta frecuencia. En estos casos las generalizaciones nunca son aconsejables, pero no deja de llamar la atención que en las últimas semanas, o en los últimos meses, varios prominentes dirigentes sindicales aparecieron involucrados en delitos. Las investigaciones y detenciones, dejan al descubierto el estilo de vida multimillonario de los supuestos representantes de los trabajadores. Ese hecho pone en el candelero cuestiones tales como el control sobre los recursos que manejan estas burocracias o, para ser más precisos, sobre la falta de control a esos recursos.
Asimismo, importa reconocer la existencia de una Justicia que, a pesar de las presiones, sigue siendo independiente lo que garantiza en niveles aceptables, que no haya impunidad o que por lo menos, esa impunidad no sea absoluta. En el futuro inmediato habrá que prestar atención a los pasos que de la justicia, porque además de los casos de corrupción relacionados con medicamentos, hay que investigar crímenes sospechosos que, hasta el momento, no han tenido una explicación satisfactoria.
En estos temas, tal como se presenta el escenario político, el comportamiento del gobierno nacional es contradictorio. Por un lado, daría la impresión de que en el caso de la muerte del militante social Mariano Ferreyra, está preocupado por ir hasta las últimas consecuencias, por lo menos así lo manifiestan los dirigentes de este sector. Pero en cuestiones más complejas, como la adulteración de medicamentos habría reparos, ya que avanzar en el esclarecimiento, complicaría en primer lugar a dirigentes sindicales aliados del gobierno y, en segundo lugar, a ciertas esferas de poder del propio oficialismo.
De cara al futuro, el peso corporativo y faccioso de buena parte del gremialismo argentino, es uno de los temas clave de cualquier agenda política democrática. Se trata de un sector social que dispone de inmensos recursos y que se ha mantenido al margen de los procesos de democratización interna. Los acontecimientos históricos no son lineales, y al respecto importa admitir que existen estructuras gremiales y dirigentes que están a la altura de sus responsabilidades y que se esfuerzan por defender la calidad de vida de sus representados.
Una sociedad moderna se distingue -entre otras cosas- por la existencia de un gremialismo fuerte y democrático. El mundo del trabajo debe estar representado por sus instituciones específicas y todo intento por negar esa realidad es anacrónica, además de injusta. No se trata, por lo tanto, de negarlas, sino todo lo contrario. La crítica a cierto gremialismo faccioso, corrupto y violento se debe hacer en nombre de los intereses de los trabajadores ya que ellos son las principales víctimas de estas burocracias. Democratizar los sindicatos es una de las grandes asignaturas pendientes de la democracia. Elecciones periódicas, transparencia, pluralismo, libertad de expresión, rotación en los cargos, son consignas que valen para el Estado, para un club de fútbol y para un sindicato.




