Señal de ajuste
Señal de ajuste
Grandes relatos

Santiago del Moro cultiva cierta impostura teatral y melodramática en “Infama”.
Foto: Gentileza América
Por Roberto Maurer
“Infama” cambió de horario y resulta indiferente, porque en la tele la maledicencia no descansa. El escándalo jamás duerme y hay gente que derrocha sus energías para que nunca falte. Es un proceso colectivo. Hay quienes lo provocan, otros que fabulan, muchos que lo organizan y están quienes nos lo ofrecen, sobre la marcha, con el tiempo justo para el envoltorio. Hay algo de abnegación y entrega en los conductores de los programas de chimentos, cada uno en su estilo. Lejos del camino reflexivo de su colega Jorge Rial, Santiago del Moro cultiva cierta impostura teatral y melodramática en “Infama”.
En América, sólo noventa minutos separan a “Intrusos” de “Infama”, y puede verse al escándalo como una bestia que se retira a refrescarse y secarse el sudor para volver renovada a escena, con un titular de último momento: “Habló la Hiena Barrios”. Mientras anuncian a su ex novia en el estudio, ya se están ocupando de la reaparición de Luciana Salazar luego del naufragio de su romance con Redrado. El temario se organiza continuamente en vivo, y en un momento las cámaras están en la cancha de Atlanta donde Luis Ventura anuncia su debut como comentarista deportivo, y se alternan con una postal en directo desde Miami, de alto impacto bizarro, en la cual aparece un sonriente Ricardo Fort sentado detrás de un escritorio con la escolta de damas de su elenco, dos a cada lado, con un fondo real de palmeras acariciadas por el viento, el mar y autos que pasan.
La Hiena declaró “no maté a la chica embarazada, fue una mala praxis médica” y, en cuanto a sus últimos crímenes aseguró que “la violación nunca ocurrió, el paredón es re-alto y no pudo saltarlo”. Además, la puerta estaba abierta y la víctima, antes de irse, “me revisó el placar”.
UNA MUJER CON MIEDO
Ya está Cecilia Oviedo en el piso acompañada por un hombre que parece haber dejado recién su puesto de fruta, y a quien presenta como su abogado. La última novia de La Hiena fue amenazada de muerte el día anterior, luego de su visita al programa. “Te vamos a pasar por encima cuando salgas del canal”, le avisaron. Hubo denuncia policial con las cámaras de “Intrusos” en la seccional. Ahora tiene custodia, y es razonable, “es una mujer sola y con miedo” dicen.
Sólo falta el Ogro Fabbiani, y es nombrado cuando Cecilia niega un incidente en un boliche, donde la Hiena los vio juntos. “Mentira, yo estoy peleada con el Ogro”, dice. También se revela que al día siguiente La Hiena sufrió palpitaciones. En el estudio la situación explota por una llamada telefónica de Eduardo Toledo, “el Brujo”, a quien nadie conoce. Lo sacan al aire y se presenta como tarotista y amigo de La Hiena. Completamente alterada, Cecilia Oviedo se para: es evidente que no quiere saber nada con Toledo.
—Yo me voy -anuncia, caminando hacia la salida.
—Siempre hacés lo mismo -se oye decir a Toledo, desde el teléfono.
Cecilia se va caminando con rapidez, llega a la calle, seguida por las cámaras.
Toledo cuenta una historia confusa, de los días previos a Navidad, cuando La Hiena recibió un sobre con dinero de Cecilia y un mensaje: “Vamos a armar algo...”. Como nadie la conoce, dice Toledo con desprecio, la idea era preparar un romance o algo así para salir en los medios. Ahí nomás, desde la cancha de Atlanta, Luis Ventura ofrece un retrato de La Hiena, que poseería una doble personalidad, una buena y otra mala, como Jekyll y Hyde. “Tuvo una infancia difícil”, observa.
UN PLAN MUY CALCULADO
El capítulo dedicado a Luciana Salazar revela hasta qué punto los procedimientos pueden ser definidos como una búsqueda perseverante de la verdad, en un mundo sin certezas y una selva opaca de mentiras, ocultamientos y simulaciones. Ese día, en “Infama” se recurrió a la cátedra de “Intrusos”, en una tarea interdisciplinaria donde un Jorge Rial enojado por una situación en la que “nos usan como forros”, se preguntaba “¿qué hay detrás de todo esto?”, mientras advertía con un “puedo ser duro”. Era el análisis de un detective que se abre paso por un matorral de engaños, a quien el caso no le cerraba: ¿una ruptura por e-mail?
Su hipótesis final es que el relación Salazar & Redrado respondió a un plan armado y ejecutado paso a paso, como el desembarco en Normandía. Habría sido parte del lanzamiento de Redrado en política. ¿La relación con una vedette constituye una imagen conveniente?, se preguntan. “Se impone esa imagen, y después llegan los expertos y la limpian”, acota un realista.
En esas jornadas intensas, hay tiempo para la despedida de los elencos de Carlos Paz, el carnaval de Río y el cáncer de Ethel Rojo. Son dos horas apasionantes, donde ocurren cosas todo el tiempo. Ese vértigo debe haber atraído a Marina Calabró, que integra el panel de “Infama”. Su hermana Ileana encontró su nicho haciendo la boba, cantando mal y desnudándose. Marina era la hija preparada, ya que estudió Ciencias Políticas, Sociología y Diplomacia, y compartía un programa de cable con un distinguido economista donde seguramente se aburría. La farándula es mucho más emocionante.