Con las sílabas contadas

1.jpg

Miguel de Cervantes Saavedra, en una litografía de Celestin Nanteuil.

Enrique José Milani

En nota anterior (El Litoral, 14/3/2011)presentamos la síntesis del tema que proponía el título (“La poesía por fuera”), es decir, que el propósito es detenernos a considerar los soportes exteriores del hecho poético: la métrica, la rima y el acento rítmico, habiendo adelantado algunas breves consideraciones sobre ellos. A partir de aquí, analizaremos cada uno en particular. Pero antes, cabe una pregunta:¿En qué consiste, pues, la poesía como tal? ¿Será en escribir palabras como vengan a la mente, tratando de no llenar totalmente los renglones, dejando de vez en cuando algunos en blanco? Infelizmente, algunos creen que esto es poesía, y en consecuencia caen en expresiones lánguidas, insustanciales, pedestres, insignificantes, cuando no vulgares, inelegantes, incultas hasta la bajeza. Tampoco se llega a la poesía enhebrando cualquier palabra o estructura que se nos ocurra, sin el menor sentido y “que... ni las entendiera el mesmo Aristóteles , si resucitara para sólo ello” -como dice Cervantes de las novelas de caballería.

Si se acepta que la poesía no tiene que decirlo todo expresamente, debe contar al menos con un apreciable soporte inteligente, con fuerza expresiva y comunicable o, al menos, con sugerencias ciertas y posibles de ser descubiertas por los lectores. De lo contrario se convierte en una serie de términos huecos, desabridos que no trasmiten nada; sonidos que no sugieren, no conmueven, no convencen, no hablan a la mente, ni al corazón, ni a la sensibilidad de nadie. Entonces ¿para qué se escribe? Y se nos ocurre un ejemplo de no poesía que dice así: “La yerba mate despierta a los dormidos/ corrige a los haraganes/ y hace hermanas a las gentes/ que no se conocen” (E.G.) Se han escrito frases, porciones enunciativas unas debajo de las otras que dicen algo, es cierto, pero no de acuerdo con los cánones de la verdadera composición poética, y, entonces, lo que pretendió ser poético resultó totalmente prosaico, manido, inexpresivo. Cuadra más para un texto en prosa que en verso.

Comencemos por uno de los puntales de la poesía: la métrica. Este componente se ocupa de las sílabas métricas, es decir del número de emisiones de voz con que se pronuncia un verso: Ej.: “Un / ma /ci /len /to /sau /ce /se /me /cí /a”, los tiempos o emisiones de voz han sido 11, por lo tanto consta de 11 síl. métr. En este caso han coincidido las síl. gramaticales y las métricas, lo que no sucede generalmente. Veamos en éste: “por dar alivio a su constante pena”, hay 12 s. gr., pero como debe pronunciarse “por/ dar/ a/ li/ vioa/ su/ cons/ tan/ te/ pe/ na”, hay sólo 11 s. m. Veamos otro: “Mostrarse en alto una espada”, contiene 11 s. gr., pero sólo 8 métricas porque se pronuncia así: Mos/ trar/ seen/ al/ tou/ naes/ pa/ da”. ¿Por qué esto? Por las llamadas licencias métricas, de las que nos ocuparemos en nota próxima.