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“La Viena de fin de siglo”

“Palas Atenea”, de Gustav Klimt.
La Viena de fines del siglo XIX reúne una serie de circunstancias históricas, artísticas y filosóficas que la hacen especialmente interesante. Carl. E. Schorske se ha dejado subyugar por el ambiente de aquel período y de aquella urbe, y su ensayo, titulado precisamente La Viena de fin de siglo, comienza por definir el especial carácter del legado cultural austríaco (en parte aristocrático, católico y estético, y en parte burgués, legalista y racionalista), tomando en principio dos escritores emblemáticos: Arthur Schnitzler y Hugo von Hofmannsthal, que sirven para señalar cómo el arte en la Viena de aquel tiempo tuvo un papel fundamental en la clase media y en los cambios políticos: “Si en un principio los burgueses de Viena habían apadrinado el templo del arte como una forma sustituta de asimilación con la aristocracia, con el tiempo encontraron en él un escape, un refugio de una realidad política desagradable y cada vez más amenazante... En el resto de Europa, el arte por el arte mismo implicaba que quienes lo practicaban debían abandonar la clase social a la que pertenecían; sólo en Viena el arte forjó una alianza con casi toda una clase, de la que los artistas formaban parte. La vida artística sustituyó a la acción. De hecho, a medida que la acción cívica se tornaba cada vez más inútil, el arte se transformaba en una religión, fuente de sentido y alimento para el espíritu”.
Schnitzler fue autor de obras extraordinarias, como la obra de teatro La ronda (de la que Max Ophuls hizo una versión cinematográfica memorable) y la novela Extraño sueño (que Stanley Kubrick adaptó para un filme bastante mediocre que llevó el título de Ojos bien cerrados). “Schnitzler explora la naturaleza compulsiva de Eros, su satisfacción, sus engaños, su extraña afinidad con Tánatos y su enorme poder para disolver toda jerarquía social. Pero a fines de la década de 1890, después de la aplastante victoria de los antisemitas en Viena, Schnitzler desarrolló una mirada más benevolente hacia la vieja moral”, escribe Schorske..
En el segundo capítulo, “La Ringstrasse, sus críticos y el nacimiento el modernismo urbano”, se analiza la supremacía política del sistema cultural liberal a través de la forma urbana y el estilo arquitectónico. Ringstrasse fue la calle que con un vasto complejo de edificios públicos y residencias particulares se constituyó en una evocación característica de aquella Viena, equivalente a las nociones de “victoriano” para los ingleses, Gründerzeit para los alemanes o Segundo Imperio para los franceses. Schorske estudia los proyectos y logros arquitectónicos, ilustrados con fotografías significativas.
El tercer capítulo se centra en un tema fundamental de la política del momento: la expulsión de los liberales austríacos del poder político y el avance del antisemitismo, a través del análisis de tres importantes figuras políticas, dos antisemitas (Georg von Schönerer, una mezcla de gángster, filisteo y aristócrata, y Karl Lueger, también él un feroz antiliberal) y un sionista (Theodor Herzl, un liberal culto, que pretendió llevar a cabo una utopía apoyándose en la fantasía creativa, la premisa del deseo, el arte y el sueño).
El cuarto ensayo versa sobre la política y el parricidio, con el estudio particularizado de La interpretación de los sueños, de Sigmund Freud. Se nos cuenta cómo Freud sufrió el látigo de las nuevas corrientes políticas, ya que pertenecía al grupo más amenazado por las nuevas fuerzas, los judíos liberales vieneses y cómo pone en acto todos sus conflictos personales en el libro mencionado.
El quinto capítulo está dedicado al pintor Gustav Klimt. “Como parte de la alta cultura del liberalismo primero, de la revolución en su contra producida por la búsqueda de lo ‘moderno’ después y, finalmente, artista recluido y reducido a una función meramente decorativa, Klimt registra en el estilo y las ideas de sus cuadros los cambios en la naturaleza y la función del arte en medio de las tensiones de la sociedad de la última etapa del Impero de los Habsburgo”.
En las dos últimas partes de su libro, Schorske estudia las transformaciones de la creatividad artística bajo las perspectivas históricas que finalmente impulsarán un estallido contra el esteticismo y el consecuente surgimiento del expresionismo, a través de dos artistas excepcionales, el pintor Oskar Kokoschka y el músico Arnold Schoenberg. Publicó Siglo XXI.

Cartel para “El asesino, la esperanza de las mujeres”, de Oskar Kokoschka.

“Muerte y vida”, de Gustav Klimt.