CARTAS A LA DIRECCION
Hace muchos años
José María Chartier.
DNI. 6.191.112. Ciudad.
Esto no es un cuento; es pura realidad. Hace muchos años cuando era yo un adolescente, el año no me acuerdo, sólo sé que era un 30 de agosto. Esta fecha coincide con la fiesta patronal de ese pueblito, siendo su patrona Santa Rosa. Este pueblito está cerca del pueblo donde yo nací. Todos o casi todos concurrían a acompañar a sus pobladores, adhiriendo a la fecha patronal.
Antiguamente se conmemoraba y se respetaba esa costumbre. Nadie trabajaba. Con disparos de bombas se anunciaba el comienzo de los festejos.
Por la mañana se oficiaba la Misa. Luego el almuerzo, cada uno en su casa. Por la tarde la procesión con la Santa Patrona, de la cual donde participaban muchos vecinos. Luego de terminada la misma, todos iban a la cancha, donde se enfrentaba como todos los años un equipo de mi pueblo. Después del partido de fútbol, comenzaba un baile por la tarde.
A la noche seguía nuevamente el baile, donde uno lucía sus mejores galas.
Eran unos bailes familiares. Hoy, lamentablemente, esa buena costumbre dejó de existir.
El motivo de esta narración es que había un señor bastante mayor cuando yo lo conocí cuya figura quedó grabada en mi memoria por su forma de festejar este día tan especial para él y sus habitantes. Después del mediodía se lo veía venir con su traje bastante gastado, pero bien cuidado (tiene que haber sido el de su casamiento); bajo el brazo traía un pan dulce y se dirigía al único boliche del pueblo.
Buscaba una ubicación donde no molestara a nadie y pedía una botella de vino tinto y un vaso. Abría el paquete del pan dulce y comenzaba a beber su vino. Así estaba toda la tarde y la gente lo pasaba a saludar. Todos lo conocían y respetaban. Terminado el vino y su pan dulce se iba de vuelta a su casa. Éste era el modo con que realizaba su personal festejo patronal. Muchos años pasaron; en mi mente me quedó grabado este humilde señor.




