Las trampas sutiles de la fama

Laura Osti
Johnny Marco (Stephen Dorff), el protagonista de Somewhere, la última película de Sofía Coppola, da vueltas en círculo en una pista perdida con su rugiente Ferrari negra. La cámara fija registra ese ruido y ese movimiento cada vez que pasa por delante del objetivo. Así comienza el film. Es la primera señal que indica un estado mental que afecta al personaje, que es quien conduce el automóvil.
Johnny es un joven actor de Hollywood literalmente marcado por el éxito. Vive en el mítico hotel Chateau Marmont, cita obligada de toda estrella del espectáculo que se precie de tal. Allí, en su habitación-vivienda, recibe casi a diario a un par de rubias que tratan de alegrarle la vida con coreografías eróticas, mientras él las mira con gesto desganado desde la cama.
El rostro con rictus de fatiga, la barba semicrecida, el aspecto desaliñado, la mirada un poco perdida, el cuerpo con aire vencido, todo hace pensar que las mieles del éxito y los lujos materiales no son suficientes para llenar su vida. Casi se palpa la soledad y el hastío que lo rodea.
Tiene al alcance de la mano todo eso que cualquiera, desde el anonimato, fantasea como la imagen de la gran vida, la buena vida; sin embargo, como todos saben, una cosa es fantasear y otra cosa es estar allí. No es original el planteo de Sofía. El cine está plagado de películas que hablan de los equívocos de la fama.
Así que ya tenemos bien sabido y no es muy necesario que se nos recuerde que ni la fama ni el dinero garantizan la felicidad. En esto Sofía no nos aporta nada nuevo.
La melancolía, el spleen que caracteriza al personaje, tampoco es un rasgo desconocido para los espectadores. Es un tema recurrente en el arte a lo largo del tiempo.
¿Qué pasa con Johnny? se aburre y está solo, sumido en un mutismo entre irónico y desencantado.
Pero en algún momento se empieza a producir un cambio en la monotonía. La irrupción de Cleo (Elle Fanning), su pequeña hija de once años, sacudirá un poco la modorra y los vahos somnolientos del muchacho famoso.
Evidentemente hubo un matrimonio que ha fracasado. Cleo vive habitualmente con su madre, quien en esta oportunidad ha decidido dejar a la niña un tiempo con su padre, para atender otras cuestiones.Johnny no demuestra mucho interés pero tampoco ofrece resistencia. Sin embargo, esa breve temporada juntos será suficiente para provocar el click que quizás estaba necesitando en su cíclica existencia y el camino que antes se cerraba en un círculo, de pronto se abre y se abre hacia el horizonte infinito.
La pequeña ha venido, sin proponérselo, a rescatarlo del vacío autodestructivo y ha puesto en su vida la motivación necesaria para romper el hechizo y despertar.
Con esa expectativa termina la película, en la que la mayoría de las sensaciones que embargan a los personajes son sugeridas más que expresadas de manera explícita. Para ello, Sofía apela a los pequeños gestos, las miradas y cierta poesía visual que agrega a las imágenes, conformando un lenguaje entre sensorial e intimista, que transmite emociones en una atmósfera de moderación. Pero no puede evitar a veces algunos lugares comunes con lo cual esta última película de la joven realizadora, si bien responde al estilo propio que se le conoce por sus filmes anteriores, se muestra más vacilante y despierta menos interés.




