Mesa de café

¿Violencia en el Hospital Cullen?

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Remo Erdosain

Curiosamente Marcial que siempre es tan flemático y correcto hoy está desencajado o casi desencajado. El motivo de su furia es lo que acaba de suceder en el Hospital Cullen.

—Es una vergüenza -dice- ya ni los hospitales son seguros en esta provincia.

—¿No te parece que estás exagerando? -dice Abel que cada vez que escucha algo que pueda suponer una crítica a Binner enciende las lamparitas.

—No exagero para nada -responde. —Una banda de mafiosos entró al Hospital Cullen, golpeó a los médicos, se metieron en los lugares de máxima seguridad y nadie dijo nada.

—Que yo sepa, El Litoral algo dijo -recuerdo, mientras miro en dirección a la barra para pedirle a Quito que me sirva un cortado “mitad y mitad”.

—Pero no le llevaron el apunte -dice Marcial.

—Es más -agrego- no sólo que no le llevaron el apunte, sino que los incondicionales del gobierno lo terminaron criticando por decir lo que no se debe.

—¿Por decir lo que no se debe o por decir lo que no sucedió? -pregunta Abel con una sonrisa.

—Esto es el colmo -estalla Marcial- no sólo que matan al mensajero sino que, además, queman el mensaje. Ahora resulta que en el Cullen no pasó nada, el domingo a la tarde estaban los pacientes y los médicos tomando chocolate con masitas y mirando por televisión algún dibujito animado de Walt Disney...

—Yo creo que a un hecho se se lo puede interpretar, pero lo que no se puede es negarlo.

—Yo los escucho y me río -dice José.

—¿Y se puede saber qué es lo que te causa gracia?

—Que si esto nos hubiera ocurrido a los peronistas, en este momento el gobernador estaría encausado por el Tribunal Penal Internacional.

—No seas exagerado y no tomes agua -responde Marcial- porque yo tampoco tengo ninguna duda sobre la filiación ideológica de esos matones.

—Ahora vas a decir que los mandamos nosotros al Hospital Cullen -exclama José, algo indignado .

—No hace falta, no hace falta -dice Marcial- la base social de ustedes toma iniciativas propias.

—Hablemos en serio -digo- y tratemos de entender lo que sucedió.

—Yo respeto las noticias -dice Abel- pero los periodistas deben saber que en el hospital existen comisiones internas sindicales que son lo más parecido que hay a una banda mafiosa. Sin ir más lejos, la otra vez amenazaron con cortar la luz en un quirófano si no les permitían hacer un negocio con los implementos del hospital.

—¿Será cierto? -digo.

—Tratándose de los sindicalistas todo es posible -asegura Marcial.

—Ustedes siguen siendo geniales -exclama José- ahora resulta que los sindicatos tienen la culpa, es decir, siempre los responsables de los males son los trabajadores.

—Yo contra los trabajadores no tengo nada -dice Marcial -lo que me molestan son los mafiosos y las comisiones internas que coimean, aprietan, extorsionan.

—No todos los sindicalistas son iguales -reflexiona Abel.

—No son iguales, pero son parecidos -contesta Marcial.

—Yo lo que quisiera saber es si realmente hubo una agresión al hospital.

—Ponele la firma que la hubo -digo.

—Siempre hay problemas -dice José. —Un hampón cae herido antes de matar a otro colega, lo llevan al hospital y al rato caen los familiares del finado y quieren hacer justicia por mano propia. El personal de seguridad intenta poner orden y allí empieza la bronca y esto ocurre casi todos los días.

—En este caso -digo- entraron varios, ejercieron violencia, insultaron, golpearon, amenazaron... convengamos que el precedente es gravísimo.

—Tan grave como que los médicos y los enfermeros aprovechen la situación para pedir plus y, por lo tanto, exageren lo sucedido -dice Marcial.

—Y tan grave -dice Abel- como que los sindicalistas para ganar posiciones de poder exageren lo sucedido.

—En todo caso -digo- lo que debe hacer un buen periodista es saber preguntar o, para ser más preciso, debe preguntarles a todos y después sacar sus propias conclusiones.

—De todos modos -dice Abel- por más que lo sucedido haya sido grave, no se lo puede responsabilizar al gobierno.

—¿Por qué no? -pregunta José.

—Porque ningún gobierno es responsable de que un puñado de tarados o de atorrantes -responde Abel- se meta en un hospital o en cualquier edificio público y haga desastres.

—Yo voy a tratar de ser más claro -dice José- si esto ocurriera con un gobierno peronista la culpa la tendría el gobierno; ahora si el gobierno no es peronista la culpa la tienen los sindicatos peronistas o los compañeros peronistas.

—Según mi criterio -digo- el gobierno de Binner no tiene la culpa de lo sucedido, pero me llama la atención que sus acólitos se pongan tan nerviosos.

—Por algo será -dice José con una sonrisa.

—Lo que sucede -dice Marcial- es que los acólitos por definición son más papistas que el Papa.

—Yo creo que el tema no da para más -dice Abel- pero a modo de conclusión yo reclamaría que para la próxima vez se sea más atento a la hora de criticar algo.

—Estar atento -digo- es prestar atención, no mirar para el otro lado, no preguntarle al que por compromisos e intereses está obligado a mentir.

—Hay que saber preguntar -dice Abel- porque si van y le preguntan a los enemigos de la institución está claro que el informe va a ser negativo.

—Es como si le preguntáramos a Nilda Garré o a Aníbal Fernández, sobre el rumbo del actual gobierno nacional.

—Siempre van a decir que todo es maravilloso- dice Marcial.

—Motivo por el cual yo prefiero preguntarle a los que están en contra. Siempre en la oposición, no importa cual, hay más posibilidades de construir verdad que en el oficialismo -digo.

—La verdad no es oficialista u opositora, es verdad -sentencia Marcial.

—Tan verdadero como la detención de ese narcotraficante colombiano en Buenos Aires -digo.

—Así se hace Justicia -exclama Abel.

—La macana -replica Marcial- es que a los narcotraficantes no los detiene la policía federal o la bonaerense, sino la policía de Estados Unidos.

—Algo malo está pasando en un país cuando la Justicia la empieza a aplicar una potencia extranjera que es más confiable que la nacional -digo.

—Sin ir más lejos, esta semana nos enteramos -dice Abel- que salió de la Argentina un avión con una tonelada de cocaína. A los narcotraficantes los descubrieron, pero no lo hizo nuestra policía sino la policía de España.

—Según este gobierno -dice Marcial- acá todo va muy lindo, pero la actividad delictiva crece y los problemas sociales se agravan, pero según la presidente, según el relato de la presidente y de sus seguidores de la Cámpora y Carta Abierta, vivimos en el mejor de los mundos posibles y lo que no está bien ya lo va a estar en poco tiempo.

—No comparto -dice José.