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el rincón de la lij (*)

 

Cuestionarios

María Luisa Miretti

Es común utilizar ‘cuestionarios’ una vez finalizada la lectura (hasta los alumnos lo esperan como el broche indeclinable). Habría que pensar su finalidad ¿para qué sirve? ¿orienta? ¿ayuda a leer mejor? ¿o destruye la relación entre el texto/lector? Me inclinaría por esta última, ya que las respuestas nunca pueden ser idénticas ni obedecer a lo que tiene en mente el docente o lo que dice el manual.

Por donde lo miremos, atenta contra la lectura y el placer de disfrutar de una buena historia o de las resonancias poéticas de un verso, el drama o comedia de una obra de teatro.

Los cuestionarios, las guías, el análisis literario, sólo son técnicas, procedimientos para aclarar el nivel interpretativo de un texto, en consecuencia se sugiere usarlos cuando la situación lo amerite, caso contrario una buena lectura sólo viene seguida de la discusión en torno a ella (generada por los lectores) o simplemente, nada.

Las asociaciones y relaciones entre los textos son inconmensurables y a eso tendríamos que apuntar si lo que deseamos es dinamizar el pensamiento y activar el potencial de cada receptor.

Ahora bien, si no hay cuestionarios ni guías ni análisis ¿qué hacer?, pues simplemente nada. Acompañar y orientar la discusión que genere un texto, permitiendo que cada cual opine y disienta según su propia cosmovisión y si esto no sale, provocar una discusión, sin olvidar que uno sólo orienta, promueve, ya que el verdadero protagonismo lo tienen los receptores (niños, jóvenes). Para esto, obviamente, se necesita un lector/a capaz de sacar de la mochila las mejores estrategias o los mejores títulos.

Reunir estas condiciones no significa solamente ‘tener’ un buen caudal de lecturas, sino criterio a la hora de aconsejar y decidir, ser flexible en el repertorio, ampliar el canon y disfrutar de cada lectura.

Sugerencias

“De papel te espero”, de Ramos; “La saga de Ambrosio”, de Cinetto, “Cola de león cola de ratón”, de Smania, entre otros.