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La injusticia de depender de la pelota
Enrique Cruz (h)
Parece que el éxito o el fracaso de una institución se circunscribe a ganar un campeonato. Hoy, la B Nacional tiene un club que fue campeón del mundo (River) y otros cinco que fueron campeones varias veces en la Argentina (Rosario Central, Ferro, Huracán, Quilmes y Chacarita). Se fueron al descenso y aquellos tiempos de efímera gloria ya transcurrieron. Hoy, algunos de ellos (caso Ferro) pasean sus miserias y precariedades añorando aquellos momentos de gloria perdida y olvidada.
Colón quiere y busca un campeonato. Lo desea y pide su gente, pero los primeros en pretenderlo son sus propios dirigentes. Ya el año pasado se quiso dar el salto de calidad y se contrataron refuerzos de nombre y prestigio, la mayoría de los cuales fracasó. Ya lo quisieron hacer Vignatti y Darrás cuando vino Basile, pero más allá de que el equipo tuvo pasajes y partidos con buen fútbol, también se fracasó en el intento.
Hoy, Colón alcanzó un sitial de consideración quizás como nunca en el concierto nacional. El estadio que despertó elogios de parte de todos, el esfuerzo por traer la Copa América, las obras en el predio y un hotel de lujo para el club y para la ciudad, son las últimas realizaciones de esta dirigencia.
Colón tiene un proyecto de inferiores en marcha, solidificado y respaldado desde arriba; apuntó a un hombre del club como Sciacqua para que dirija al equipo y los dirigentes, consecuentes con la idea de ser protagonistas en el torneo de Primera, consiguieron refuerzos que cualquiera quisiera tener, incluyendo futbolistas que llegan desde Europa y en edad de seguir peleando con motivación.
Algunos pensaron que Lerche estaba con la cabeza en la Copa América y sin atender al plantel, sin embargo, el presidente abrochó a dos semanas del torneo algunas incorporaciones de indudable prestigio y jerarquía, con cinco jugadores que llegaron a cubrir el sector deficitario del equipo (la defensa), más Leandro González, Costa y Chevantón, que levantarán el nivel de juego y definición.
El esfuerzo se hizo otra vez. Ojalá Colón pueda reflejar su elogiable nivel de crecimiento institucional con un logro deportivo. Será la frutilla del postre y para eso se ha trabajado siempre, sólo que la pelota se transforma en la jueza implacable y rueda para otros 19 equipos que también juegan para ganar.