festival de teatro rafaela 2011

El mejor festival

Doce mil personas presenciaron veintiséis espectáculos repartidos en un variado abanico de funciones que integraron la grilla de una fiesta exitosa. Como subsede, se agregó este año la ciudad de Sunchales, adonde asistieron mil espectadores más.

1 / 2 / 3 / 4 / 1 / 2 / 3 / 4 / tu cuna fue un conventillo” o cómo
revisitar un clásico argentino con indiscutido talento.  5 /

La resignificación de los cuerpos a partir de la fuerza contundente de “La idea fija”, de Pablo Rottemberg.

 

Roberto Schneider

Fotos: M&G Fotografías

Ver teatro. Oír teatro. Reír con el teatro. Llorar con el teatro. El teatro y la reflexión, el teatro y los sentimientos. Todo junto, todo mezclado, como para que nada menos que doce mil rafaelinos disfruten de su Festival de Teatro Rafaela 2011, que llegó a su fin el último domingo. En la pujante ciudad cabecera del departamento Castellanos se vio teatro durante seis días con mucha intensidad y muchos espectadores probaron un sabor distinto del arte, en lo que fue el mejor festival de los realizados hasta ahora.

Aún perduran en la memoria de quienes asistieron al acto inaugural las palabras de la ministra de Innovación y Cultura del gobierno de la provincia, María de los Ángeles González, que celebró no exenta de emoción “el peligro de los actores a quienes amo y abrazo pero más celebro el peligro de la comunidad de Rafaela que convirtió a esta ciudad en la capital del teatro. Una imagina que Rafaela, a partir de ver tanto teatro, será como es el teatro: política, poética, riesgosa, buscadora, aventurera, colorida, siniestra, capaz de entender la muerte pero también de entender la vida”. Después destacó que el teatro en Rafaela fue experimental y en su momento se decidió buscar las mejores obras del país para traerlas a la ciudad. “Algunos dijeron que el teatro había muerto y sin embargo aquí estamos inaugurando un festival. Esta ciudad decidió traerse el mundo a su casa, con este Festival que es una maravilla y un milagro teatral”.

Posteriormente fue el intendente Omar Perotti el que puso énfasis en destacar que esta edición era “la última de mi gestión. Este encuentro es un clásico de la ciudad al que la gente hizo suyo a partir de ese deseo de ser protagonista, de disfrutar”. Si recordamos que fue este hombre quien tomó la decisión política de hacer el Festival, sin duda su nombre quedará inscripto para siempre en el acervo cultural de los rafaelinos que, una vez más, fueron los protagonistas indiscutidos de su Fiesta. A la que agregaron ahora la ciudad de Sunchales como para extender tanto espíritu creativo.

1 / 2 / 3 / 4 / 1 / 2 / 3 / 4 / tu cuna fue un conventillo” o cómo
revisitar un clásico argentino con indiscutido talento.  5 /

Todo el buen gusto en “Rosa brillando”, una magnífica interpretación de Vanesa Maja, magistralmente dirigida por Juan Parodi.

Esta Fiesta -nunca mejor usada la mayúscula- fue un verdadero acontecimiento para Rafaela y para la región. Marcelo Allasino, desde la dirección artística y con todo su talento, dio en el blanco, al poner el acento en la idea de que el teatro es un hecho comunicativo y riesgoso, y por tanto que la competencia del espectador es fundamental para que el hecho teatral se complete. Hace tiempo que todos coinciden en que el teatro no es un género literario, lo cual indica que para analizar el hecho espectacular debemos ser capaces de reconocer -en principio- todos los signos constitutivos de la escena, que confluyen dando sentido a la misma.

La representación necesita de un acuerdo previo entre espectador y artista. Actualmente el nivel y complejidad de este acuerdo están en crisis, sobre todo en aquellas manifestaciones artísticas que demandan de una mirada entrenada en ciertos aspectos que enmarcan y dan sentido al espectáculo. Sólo viendo teatro esta problemática tiene vías de solución. Esto es indiscutible.

Volviendo la mirada sobre los cambios producidos a nivel estético e ideológico en el campo del teatro, podemos tal vez completar, dar un cierre, realizar algún intento de aproximación. La eclosión de teorías y prácticas marcaron en el siglo XX una suerte de eclecticismo artístico que permite reformular y pensar las teorías y prácticas artísticas.

La poética es entendida como una serie de procedimientos, reglas, deviene de la teoría y del desarrollo de diversas “corrientes” teatrales que permiten enmarcar algunos discursos en torno a determinadas problemáticas comunes. El concepto deviene de la poética de Aristóteles para quien ésta era “la manera en que es preciso componer la fábula si se quiere que la composición poética resulte bien”. La experimentación teatral del siglo XX indaga sobre los procedimientos a tal punto que pone en crisis el concepto de lo teatral. Las poéticas del siglo XX son una indagación sobre el procedimiento de construcción de lo teatral, sus normas y las rupturas de las mismas, y tiene el objetivo de englobar las prácticas teatrales dentro de una teoría general de las artes.

7.jpg
“Vestuario de hombres” llegó con la fuerza de un análisis sobre el ser argentino, con humor y talento de sus actores protagónicos.

La posibilidad de asistir a estos encuentros marca claramente la intención de abrir la posibilidad para los espectadores de encontrar no sólo sensaciones o emotividades sino conceptos que los introduzcan en la problemática teatral, herramientas que los introduzcan en la especificidad de un lenguaje, y la posibilidad de encontrar un sentido más profundo en los acontecimientos teatrales de los cuales son partícipes.

Una familia para el recuerdo

Hablar de cada uno de los espectáculos sería, tal vez, abrumador. Elegimos aquellos que sacudieron a los espectadores, cada uno por diversas motivaciones. Es probable que “La familia argentina”, pase a la historia del teatro nacional como un texto de envergadura. Cuando la re-lectura que sobre él se realiza es inteligente, creativa y vehículo de un excelente espectáculo teatral, se potencia una historia que cuenta la relación de un matrimonio en crisis, en el que marido y mujer sufrieron sendos fracasos en la vida, dejando sentimientos de culpa y resentimiento. El texto teatral de Alberto Ure incide en los sentimientos y sensaciones de quienes lo dicen, de modo que los actores del montaje -los magníficos Luis Machín, Claudia Cantero y Carla Crespo brillantemente dirigidos por Cristina Banegas- tienden por momentos a escapar del acto interpretativo y cada dos por tres los “personajes” dimiten de su condición para devenir, sencillamente, personas. Seres humanos, sensitivos y sensuales. Ficción y realidad se funden y confunden en este maravilloso juego plasmado en escenas de una entidad y calidad excesivamente heterogéneas. El espectáculo está pleno de sonoridades. Los silencios, los murmullos, las miradas de complicidad, de poder, siempre plenas de significación también fueron ejes de una propuesta para el recuerdo.

2.jpg

El talento interpretativo de Claudia Cantero y Luis Machín, soberbios en “Una familia argentina”, de Alberto Ure.

Conocer Rafaela

Los Filántropos de Córdoba llevó a la Perla del Oeste su “Audiotur ficcional”, una intervención urbana de una hora de duración que permite a los espectadores descubrir una ciudad diferente, plena de matices, que en su recorrido visita los lugares más significativos de la ciudad, resignificados a partir de la inteligencia de sus autores, Ariel Dávila y Christina Ruf. Era hermoso ver a los rafaelinos recorriendo los diversos escenarios de su ciudad, con la base de un guión rico por sus matices de suspenso y con los masones como telón de fondo.

Manipulaciones

Uno de los espectáculos más ovacionados por los rafaelinos fue “Manipulaciones II: Tu cuna fue un conventillo”, a cargo de El Muererío Teatro, una brillante idea del director Diego Starosta que reescribe el sainete de Alberto Vacarezza y lo pone en escena de manera moderna, en el mejor sentido del término. A partir de una agudísima dirección de Starosta se destacó la excelencia de un reparto que no duda a la hora de ser títere y actor a un mismo tiempo en una versión de hondo impacto donde se recortan impiadosamente los más oscuros pliegues de un pasado que se reactualiza.

El montaje -celebrado con una cerrada ovación de los espectadores que colmaron La Máscara- está centrado en la excelencia de un texto lacerante y poético al mismo tiempo, enriquecido por la emotiva y expresiva dirección de Starosta.

6.jpgCarlos Casella y Gustavo Lesgart conmovieron por la belleza plástica de una totalidad que reflejó una bella historia.

La crueldad y el talento

Hijos de Roche llegó desde Rosario con una aplanadora como “Baby Jane”, espectáculo basado en la película “Que pasó con Babe Jane”, dirigida por Rober Aldrich, en 1962. La simulación, la ambigüedad, los dobleces, las máscaras que esconden el rostro verdadero y a veces terminan confundiéndose con él. Romina Mazzadi Arro es la dramaturga y directora interesada por esas formas de la representación, e indaga con un brillante puñal sobre ellas cuando cuenta la historia de esas dos hermanas. El montaje propone el demoledor retrato de dos mujeres, para las cuales los límites existenciales se han vuelto tan difusos que es difícil establecer cuándo son más sinceras. Sensibles, maliciosas, coléricas, voluptuosas y vulnerables, ambas son el eje excluyente del relato, sobre todo porque quienes le prestan rostro, voz, figura y talento son Elisabet Cunsolo y Paula García Jurado, capaces de transitar con prodigioso equilibrio por la delgada línea que separa la sinceridad de la impostura y hacer de sus trabajos un verdadero festival de talento.

Hombre y mujeres en los vestuarios

“Vestuario de hombres” y “Vestuario de mujeres” integran un díptico que Javier Daulte elaboró para plasmar en escena la historia de un grupo de hombre y mujeres inmersos en la cotidianeidad y los comportamientos en los vestuarios. Sobre la escena, la simultaneidad de códigos y la emocionalidad estuvieron a flor de piel. Ambos espectáculos permitieron a los espectadores presenciar montajes en los que el tema ideológico prevalece sobre los bellos cuerpos desnudos. El ser argentino y qué significa ganar en la vida, más la soledad del éxito personal y grupal a partir del riesgo son la síntesis más lacerante, que se resume en la frase del entrenador del grupo masculino, cuando sostiene con vehemencia “Róbense todo”. La fuerza del personaje protagonizado con excelencia por el santafesino Javier Niklison marcó la clara idea daultiana acerca de cómo somos.

4.jpg

Karina K y Pablo Rottemberg en “Souvenir”, para arrancar una larga ovación de los rafaelinos.

Espectáculos soberbios

Como ya dijimos, la excelencia fue la nota distintiva de este Festival. “La idea fija”, exquisitamente dirigida por Pablo Rotemberg, fascinó a los espectadores que llenaron el Teatro Lasserre a partir de una propuesta en la que el cuerpo se resignifica y adquiere multiplicidad de sentidos. Se resalta la prepotencia de la necesidad propia en una relación amorosa; se trata de personajes que antes que nada se necesitan y que a partir de ahí construyen las relaciones.

El montaje se estructura a partir de una serie de actos que van dando cuenta de distintas situaciones que atraviesan los personajes, bajo distintos climas dramáticos y que permiten ir desflecando una historia que no se cuenta linealmente sino más bien en una forma circular de repetición y cambio, casi cinematográficamente. El humor llega en el momento preciso para dar más fuerza a una conmovedora historia.

“Souvenir” irrumpió en el escenario del Laserre para lograr manos rojas por la larga ovación a sus protagonistas Karina K y Pablo Rottemberg. Subtitulado “Una fantasía en la vida de Florence Foster Jenkins”, el espectáculo propicia la idea de cómo el talento no se puede comprar y, esencialmente, la dolorosa soledad de quienes habitualmente pisan un escenario. El talento de Karina K conmovió a todos, del mismo modo que el de Pablo Rottemberg, ambos muy bien dirigidos por Ricky Pashkus.

8.jpg

La sugestiva belleza de Margarita Molfino, en una secuencia de “Random”, dirigida por Carlos Casella.

“Rosa brillando” fue otro punto de relieve artístico. La emoción más pura se logró con este trabajo dirigido por Juan Parodi e interpretado por una actriz que uno quisiera llevarse a la mesita de luz. Vanesa Maja enterneció y conmovió en su rol protagónico de la gran Marosa di Giorgio, en un montaje pleno de sutiles detalles y extrema delicadeza, en la Quinta Las Malvinas, otro espacio sumado al Festival.

En “Eclipse”, el magnífico montaje de dos grandes bailarines y coreógrafos como Carlos Casella y Gustavo Lesgart aparecen el desencuentro y lo imposible de la construcción amorosa. Ambos personajes exploran con brillantez una alternativa de quiebre en la linealidad y bajo la idea de ir retomando la historia desde distintos carriles. Se apoya en la excelente interpretación de ambos, soberbios en el manejo del cuerpo y sumamente plenos de matices en la construcción de una totalidad en la que la belleza -y el humor del final, sorpresivo y contundente- es también protagonista.

Desde Mendoza, “Llanto de perro”, de Andrés Binetti por Teatro Nuevo Cuyo Asociación Civil pegó fuerte en la sensibilidad a partir de una historia que clava el escalpelo en las profundidades. Con un texto de clara lectura, el director Juan Comotti plasma en escena aspectos sociopolíticos y connotaciones existenciales. El desarrollo de la pieza permite construir personas más que personajes y tratar las formas específicas de relación entre ellos. En un principio, pueden aparecer en términos realistas, pero se advierte que detrás del mundo concreto existe otro plano de realidad que enriquece mucho más el punto de partida. La necesidad de contención que siente el hombre contemporáneo no es más que la otra cara de su carácter caótico. El temor y la angustia que produce la erupción del caos, conducen a querer contenernos a través de la forma. El nudo de la historia es, si se quiere, muy simple: hay alguien que quiere entrar al lugar donde está el otro y éste se niega a salir. Esa es toda la historia. El concepto de realidad desborda lo inmediato para abarcar varias posibilidades. Imposible no mencionar la excelente escenografía de Carlos Croci y el estupendo desempeño de un elenco entregado con indisimulable pasión a la propuesta del director.

5.jpg

“Manipulaciones II: tu cuna fue un conventillo” o cómo revisitar un clásico argentino con indiscutido talento.

Los chicos también

El público menudo tuvo la posibilidad de disfrutar del Festival. En los teatros del centro, pero también en vecinales, en plazas y paseos, varios espectáculos fueron vehículo para la diversión. Las propuestas infantiles de mayor calidad fueron El Caldero Circo, de Silvia Lenardón y Guillermo Martínez con la Compañía de Objetos El Pingüinazo, con un montaje en el que la poesía se hizo presente a partir de una bellísima conjunción de objetos y figuras manipulados sin la utilización de comandos y “Colón agarra viaje a toda costa”, de Adela Bash, con The Jumping Frijoles, una historia con las peripecias de Colón para emprender su viaje y descubrir el nuevo mundo. Sólidos actores dieron muestra de su enorme talento interpretativo, poniendo cuerpo y voz a una totalidad sumamente entretenida.

Para el crecimiento

Otra de las actividades especiales del FTR11 fue el homenaje a Fortunato Nari, una de las personalidades más importante del quehacer teatral de la ciudad. El escritor y dramaturgo estuvo presente ante una nutrida concurrencia en una cálida conversación abierta al público, seguida de la lectura de algunos de sus textos por un grupo de actores locales.

También se presentó el libro “Voces, crónica teatral a coro”, donde su autor Juan Carlos Ceja, creador de varios grupos en distintas instituciones educativas de la ciudad y director del Grupo Alas, desplegó una panorámica de un largo tiempo en conjunción con el teatro. Aquí también la nota distintiva del cálido encuentro con los rafaelinos.

3.jpg

Dos actrices para el imborrable recuerdo: Elisabet Cunsolo y Paula García Jurado.

Sobre el teatro rafaelino

Dos espectáculos dijeron presente a través del Concurso de Coproducciones Locales -que realiza desde hace cuatro años la Municipalidad de Rafaela- con el fin de estimular y promover la producción de grupos rafaelinos. El primero de ellos fue Sobredanza, que presentó la apenas correcta “La fiesta”, con dirección de Paula Rossginoli. Luego llegó el turno de Caldo de Cultivo, que estrenó “Las reglas de urbanidad en la sociedad moderna” de Jean-Luc Lagarce, dirigida por Diego Ferrero. Un texto rico, con fuerte potencia teatral, algo desdibujado por el espacio en el que se concretó. Marisa Gutiérrez es una enorme actriz, poseedora de un talento que no se discute. Aquí se vio algo encorsetada, a partir de un escenario que no la favorecía. Impecable el vestuario de Mabel Sepliarsky y Alicia Lorenzatti y la música de Jorge Beninca, en una historia que dice cosas, con dolor y desesperanza. La crítica a los modales impuestos por el juego social cae igual con fuerza demoledora con una mujer que representa el mal que la sociedad contemporánea alimenta sobre la base del consumismo y de una insatisfacción material que facilita la involución de la especie.