“Cadenas” ¿religiosas?

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Entre las supersticiones más primarias están las de las cadenas que prometen fortuna o desgracia a quien reproduce y envía tantas copias. En la ilustración: “Encuentro con San La Muerte”, de Eduardo Iglesias Brickles.

Luis Guillermo Blanco

Hace varios años, era común recibir esquelas a domicilio (ya “bajo puerta” o por carta anónima) -si no, por ejemplo, dejadas dentro de alguna carpeta o agenda-, sobre “cadenas” supuestamente religiosas, encomendándonos a santos o a figuras sagradas o profanas. Solían indicar que el destinatario debía hacer un cierto número de copias (manuscritas) y enviárselas a igual cantidad de personas (a veces, se decía que lo fuera a amigos). Merced a lo cual uno sería prontamente millonario, más sano y longevo que Matusalén y holgadamente feliz, o se le cumplirían algunos deseos. Pero se advertía que si uno cortaba a esa “cadena”, pobreza, accidentes, enfermedad o muerte (propia o de algún ser querido) u otros males serían el inexorable destino de quién osase interrumpirla.

Por supuesto, en estos términos disyuntivos de suma felicidad y a la vez pánico-tanáticos, cualquier mente infantil, cándidamente supersticiosa o neurótica, se veía psíquicamente coaccionada a seguir la “cadena”. Aún “por las dudas”.

Actualmente, “cadenas” similares nos llegan por Internet a nuestros correos electrónicos, ya como “spam”, ya de algún remitente conocido. Y son tan tediosas, incoherentes y amenazantes como aquellas otras.

Pues bien, para no ser menos, podríamos proponer la siguiente: “Esta es la cadena de San Yetón de la Mufa. No es un santo conocido, lo cual no es casual. En efecto, dado que, según la Tradición, el sólo nombrarlo es razón suficiente y necesaria para sufrir una larga serie de contingencias poco gratas, se ha optado sabiamente por excluir su nombre del Santoral. Sin embargo, y a riesgo de que terribles males recaigan sobre mi, en razón de Su gracia y con todo respeto, me atrevo a nombrarlo y a hacerles llegar este relato, haciéndoles saber lo que Uds. deberán indefectiblemente hacer con esta cadena, so pena de padecer sufrimientos espantosos. Así como también informarles de las terribles maldiciones que os aquejarán de osar romperla. En primer lugar, deberá orar: ‘San Yetón, San Yetón, que tu mufa no llegue a mi vida ni a mi corazón’. Debe repetir esta oración 45 veces, en forma ininterrumpida; con las piernas desnudas, de rodillas en algún piso duro (no vale usar almohadones) y con la cara contra la pared. Con las manos, haga lo que quiera. Cumplido ello, dentro del plazo perentorio de 3 minutos a computar desde el momento en que termine de orar, Ud. debe remitir este e-mail a 700 personas. Si Ud. no cuenta con 700 contactos en su agenda de correo electrónico, no importa. Retransmítaselo a alguno/s. A su criterio. Si no tiene ganas, no lo haga. Si Ud. no cumple escrupulosamente con lo arriba indicado, es posible pero no probable que Ud. sufra algunos de los siguientes males: 1. En los días venideros, si es que el clima está frío (o si refrescase abruptamente), puede ser que Ud. salga y/o haya salido algo desabrigado y que, consecuentemente, se resfríe. Tendrá abundante mucosidad y estornudará mucho. Lo cual es muy incómodo. 2. De tener Ud. que viajar en colectivo, puede suceder que el micro de este medio de transporte masivo que Ud. eventualmente aborde vaya muy lleno y que alguien le propine un terrible pisotón en algún dedo de su pié izquierdo (aunque puede serlo en el derecho). Le dolerá terriblemente. 3. Estando Ud. caminando por alguna vereda, puede acontecer que algún perro estúpido le ladre ferozmente y que, como Ud. iba distraído, se asuste (Ud., no el perro). Esto es muy feo. 4. Ocasionalmente, puede llegar a discutir con algún vecino y/o familiar y/o con cualquier otra persona (lo cual, si a Ud. no le gusta y/o no estila discutir -salvo que Ud. sea abogado-, probablemente no le agrade) y, para peor, si es que Ud. gritó, tal vez le moleste un poco la garganta. Lo cual le resultará molesto. 5. Por las dudas, debo decirle que si a Ud. no le ocurre/n alguno/s de tales pesares, tal vez sufra algún/os otro/s de otro tipo. O ninguno, vaya uno a saber. Sino todo lo contrario. Se aclara que a Ud. le pueden acontecer todas esas desgracias, alguna/s o ninguna de ellas. Eso dependerá de su suerte. Por lo tanto, Ud. no tiene por qué retransmitir este e-mail a nadie, y puede cortar libremente esta cadena. Quédese tranquilo: No le pasará nada malo por ello. Por alguna otra razón, no lo sé”.

Y se le podría agregar lo siguiente: “Si Ud. cree en este tipo de disparates, cadenas y afines, evidentemente San Yetón de la Mufa ya la/lo ha alcanzado con su maldición. En cuyo caso, y a fin de intentar morigerar lo primero (lo segundo es misterioso e imponderable), puede llegar a serle útil acudir urgentemente a psicoterapia. No sea cosa que Ud. continúe angustiándose gratis por estas pavadas y/o que sus delirios infantiles de ‘conseguir algo’ o ‘evitar otra cosa’ dándole continuidad a la cadena de que se trate lo lleven a un estado fronterizo y/o psicótico (si es que ya no los padece), y además, continúe molestando a la gente enviándoles cartitas o e-mails cuyo contenido contenga alguna similitud con el presente. Y Os dejo con mi bendición: ¡Que San Yetón de la Mufa no os sea propicio!”.

Esperamos que esta contribución sea de Vuestro agrado y que tengan a bien retransmitirla. O no.