Gran expectativa en Perú

El jueves asume Ollanta Humala

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Ollanta Humala, ex militar golpista, inició su carrera política en el populismo más extremo, pero con la necesidad llegó la moderación y de su mano la presidencia del Perú, que asumirá el jueves próximo. Foto: Agencia DPA

A los cuarenta y nueve años, el antes ferviente nacionalista de izquierda devenido ahora en tibio neoliberal, reemplazará en el gobierno peruano al también discutido Alan García. Todo los mandatarios sudamericanos estará en el acto de asunción a realizarse en Lima.

 

Gonzalo Ruiz Tovar

DPA

El teniente coronel en retiro del Ejército Ollanta Humala asumirá el jueves como presidente del Perú para el período 2011-2016, en medio de una gran expectativa generada por las contradicciones que existen entre su ideología original de izquierda nacionalista radical y el discurso moderado que maneja ahora.

Humala, de 49 años, jurará ante el presidente del Congreso, su compañero de partido Daniel Abugattás, quien además le ceñirá la banda blanquirroja que lo distinguirá como jefe de Estado.

En la ceremonia, que se hará en el Congreso, estarán al menos 11 presidentes americanos, entre ellos todos los de Sudamérica con excepción del venezolano Hugo Chávez por sus problemas de salud.

Hasta pocas horas antes del acto, no está claro si el mandatario saliente, Alan García, asistirá. Aunque en principio anunció que no lo haría, en las últimas horas dejó abierta la posibilidad con la condición de que los líderes le aseguren que no habrá desórdenes que “mancharían la investidura presidencial”.

El problema de García radica en el recuerdo de 1990, cuando al finalizar su primer mandato asistió a asunción de Alberto Fujimori, y sufrió gritos e insultos de los parlamentarios, buena parte de los cuales se retiraron del recinto en señal de desprecio.

La ex parlamentaria socialcristiana Lourdes Flores, participante en esos hechos, asegura que ahora la situación es distinta, pues el mandatario no ha hecho un gobierno catastrófico como el primero.

Para analistas, si García no va sería un desaire, pues la presencia del jefe de Estado saliente se ha convertido en tradición al margen de que no haya ley que la obligue.

El cambio del discurso

Más allá, la atención de gran parte de los 28 millones de peruanos estará en el discurso de Humala, en el que debe plantear los trazos básicos de la gestión, en especial en cuanto a inclusión social.

Humala, cuya primera figuración pública fue cuando intentó sin éxito un levantamiento militar contra el agonizante gobierno de Fujimori en 2000, ingresó en la política con ideas radicales, muy parecidas a las de Chávez en Venezuela.

Aunque el paso de los años moderó el discurso, algunos radicalismos se mantenían hasta la primera vuelta electoral de este año, que ganó con un 31 por ciento de votos. A partir de ahí, comenzó un viraje al centro que le permitió ganarle la segunda vuelta a la derechista Keiko Fujimori con un 51,5 por ciento de votos.

Las dudas que a pesar de esos cambios seguía generando Humala se despejaron en gran medida cuando nombró como presidente del Consejo de Ministros a un moderado, Salomón Lerner Ghitis, y entregó las carteras de Economía y Comercio Exterior a reconocidos liberales. A eso le sumó la ratificación del conservador Julio Velarde como presidente del estratégico Banco Central.

Pero el futuro mandatario, que dice que no arriará sus banderas de justicia social, también incluyó en su gabinete a centristas y a abiertos izquierdistas, con lo que se generó un equipo al que se ha denominado ‘arco iris‘.

A los analistas les preocupa como pueda funcionar la fórmula, pero anticipan que Humala y Lerner Ghitis, tendrán que hilar fino en medio de tanta heterogeneidad.

García le entregará a Humala un país con crecimiento económico fuerte y sostenido durante una década, con buenas cifras macroenómicas y claro empuje empresarial, pero en el que no se ha logrado disminuir en las medidas anheladas la inequidad social y la exclusión, al margen de avances en la reducción de la pobreza.

Humala deberá jugar entre mantener los puntos exitosos del modelo liberal y alternarlos con políticas sociales que extiendan la base de beneficiados con el sistema. Con inversores nerviosos por un lado y un pueblo harto por el otro, el equilibrio no se vislumbra fácil.

Tras asumir la presidencia, Humala atenderá el jueves su primer acto internacional cuando participe en Palacio en una cumbre con sus colegas de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Será la primera ocasión firme de mostrar su talla internacional.

Una carrera meteórica

GRT (DPA)

Cuando a finales de 2000 un anónimo teniente coronel del ejército peruano intentó un golpe de Estado contra el entonces agonizante régimen de Alberto Fujimori, a nadie se le pasó por la cabeza que ese personaje se convertiría una década después en presidente por decisión del pueblo.

Esa acción, en lo militar, bordeó el ridículo. Los subordinados, que salieron del cuartel en el departamento de Tacna dispuestos a tomar el poder, volvieron minutos después asustados y dejaron a su líder Ollanta Humala dando vueltas solo por los Andes, sin que las autoridades siquiera se tomaran la molestia de perseguirlo en serio.

Humala nació en Lima el 27 de junio de 1962, en una familia numerosa y muy politizada del departamento de Ayacucho. Según la leyenda familiar, su padre, Isaac, un abogado ex comunista, soñaba con verlo presidente, pero no por las vía de las urnas, a la que consideraba débil, sino mediante un golpe de Estado.

En aquel 2000, prácticamente nadie lo captó, pero había nacido un líder. Durante su recorrido rebelde, habló con los campesinos de cada pueblo que cruzó, y con su aspecto común, su nombre de general inca y su apellido quechua sembró la semilla del cambio.

No obstante, consideró que no estaba listo. Pidió perdón y volvió al Ejército, pero se le envió como agregado militar primero a París y luego a Seúl, una forma dorada de mantenerlo lejos.

A finales de 2004 fue dado de baja cuando estaba en Seúl. Quien quiso vengarlo fue su hermano ultrarradical Antauro, que tomó con 160 ex reclutas una comisaría policial de los Andes, acción que dejó seis muertos, incluidos cuatro policías. El objetivo: la renuncia del entonces presidente Alejandro Toledo. Todo fue controlado y Antauro está hoy en la cárcel.

Con esos antecedentes Humala incursionó en política. No le fue fácil, pues tuvo que romper con su familia, empeñada, sobre todo Isaac y Antauro, en impulsar el pintoresco y peligroso Movimiento Etnocacerista, suma de socialismo, ultranacionalismo, fascismo, racismo, chauvinismo, antichilenismo, homofobia y antisemitismo.

No solo eso, sino que en medio de la fiebre izquierdista que vivía América Latina con el faro del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, Humala mostró simpatías por esas ideas, mal vistas en el Perú. Aún así, sorprendentemente ganó la primera vuelta en 2006 y perdió por poco la segunda ante el fogueado Alan García.

Luego, muy atacado, estigmatizado como chavista y sin hallar sitio, fue dado por cadáver político. En esta campaña estuvo abajo en las encuestas, pero a última hora arrancó de atrás y ganó la primera vuelta. Una vez allí, entre la incredulidad de los adversarios, que no cesaron nunca de atacarlo, moderó su discurso hasta convertirse de palabra en casi un socialdemócrata.

Los rivales insistían en que era un lobo disfrazado. Pero la mayoría le creyó, y ganó apretadamente pese a la manera constante en que se le atacó desde la mayoría de medios y redes sociales. Sus movimientos previos a la posesión muestran que no será un radical izquierdista, sino un ecléctico. Una apuesta arriesgada, pues puede dejar sin complacer a unos ni otros, pero que de momento ha ampliado su base de popularidad.