Editorial
Comercio informal en pleno centro
El centro tradicional de la ciudad, aquel que circunda la peatonal San Martín, sigue siendo uno de los espacios más transitados por conductores y peatones, más allá de los cambios que se hayan dispuesto en los últimos años y que afianzaron el crecimiento de nuevos tramos urbanos. A pesar del empuje que reciben las principales avenidas y de la descentralización que se puso en práctica, todo parece confluir hacia una zona, la misma que viene soportando el incremento exponencial del parque automotor y una alta densidad de caminantes.
Justo en ese sector, en que el transporte público y privado se disputan el magro margen de maniobra que permiten calles demasiado angostas, y la concentración de comercios, instituciones educativas y sedes bancarias, suman un ingrediente más a la circulación peatonal, se produce otra controversia de vieja data: la que sostienen los dueños de los negocios instalados en la zona y los llamados vendedores informales que, sin más infraestructura que un tablón, ofrecen su mercadería al paso.
Ya no se habla de vendedores ambulantes, denominación que por generó más de un encontronazo años atrás cuando se discutía precisamente que no podía llamarse así a quienes atendían un puesto fijo, aunque precario. La venta informal sigue estando presente en el centro urbano, más precisamente en un tramo de calle San Jerónimo, a pasos de la Plaza del Soldado. La situación que se suscita con la presencia de esta oferta impacta sobre el comercio formal, es decir, aquel instalado con todas las exigencias -sobre todo tributarias- que posibilitan su habilitación, y sobre la circulación por ese sector ya sobredimensionado del centro. Y por el momento no parece haber una solución definitiva.
Como se recordará, distintas opciones se pusieron en práctica en diferentes momentos, con lo que se logró descongestionar una situación que llegó a tornarse conflictiva: primero fue el desalojo de la Plaza del Soldado, luego el traslado de los puestos al Parque Alberdi y la creación de la Feria Popular en calle Rivadavia. Sin embargo, un pequeño grupo de vendedores con varias décadas en la actividad, optaron por mantenerse en el mismo lugar.
En cualquier caso se trató de paliativos; bien intencionados, pero insuficientes para avanzar en soluciones de fondo. Naturalmente, tampoco éstas resultan sencillas de concebir y mucho menos de ejecutar, en la medida en que involucran marcados conflictos de intereses en la órbita privada y en la pública, y cuestiones que afectan legítimos reclamos vinculados al derecho de ejercer actividades económicas en un plano de igualdad, la necesidad de brindar contención social y alternativas de sustentabilidad a amplios sectores sociales, y el imperativo de preservar criterios urbanísticos y una organización coherente del desarrollo de la ciudad.
Por lo pronto, la única manera de hallar un cauce es llevar adelante un debate profundo, que abarque la problemática en toda su complejidad y elabore respuestas -acaso múltiples- con la firme voluntad y vocación de contemplar a todos, pero privilegiar el bien común.




