MIRADA

Punteros Full HD

Por Ignacio Hintermeister

El fútbol es un valor cultural, pero su estructura profesional no es una prioridad en un país con 40 % de pobreza. A nombre de la pasión nacional se gastan -y se gastarán- millones de pesos en un aparato concebido menos para una fiesta popular que para una especulación sectorial.

De los goles “secuestrados” a la transmisión “cautiva”, cambia el tirano sin mudar la tiranía. La premisa romana de “pan y circo”, de por sí dramática, tiende a olvidar el precepto alimentario -la inflación se come la asignación universal por hijo- mientras mantiene la carpa intacta.

Llega la igualación por decreto cuando un poderoso se fue al descenso. Esperan el sueño de los justos las víctimas de los barrabravas impunes, sujetos de íntima relación con los aparatos diseñados para cautivar a la festividad o la necesidad, con el deliberado propósito de abusar del poder.

Las transmisiones de la televisión pública sobre un contenido de alcance popular podrían servir para campañas de salud, para educación vial, para promoción social. No es lo mismo una política de Estado que una propaganda partidaria.

El Fútbol para Todos pueden argumentar buenas intenciones, pero exhibe de hecho la propaganda del poder de turno. Una propaganda sesgada y demasiado cara, en un país con necesidades básicas insatisfechas.

El fútbol puede ser federal, pero para eso hacen falta estructuras institucionales, igualmente federales, profundamente republicanas, que decidan dónde invertir el dinero público según los valores superiores que el Estado debe preservar.