Opinión

La ceguera nacional y popular

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Horacio González, director de la Biblioteca Nacional.

Foto: Archivo/Télam

Mario Pérez Vega

 

La contundente derrota electoral del kirchnerismo santafesino, relegado a un lejano tercer lugar en las elecciones del domingo, merece un análisis que excede una visión circunscrita al ámbito provincial.

Para aproximarse al fenómeno, un soporte posible es revisar la última asamblea de Carta Abierta, el búnker pensante del kirchnerismo fundamentalista (la bisagra de la Historia comienza en 2003, sostienen), espacio en el que explotó las más rotunda autocrítica hacia el interior de esa corriente del pensamiento político, dejando expuesta la fractura conceptual del oficialismo.

En 14 videos subidos a Internet, la mirada crítica de Carta Abierta evidencia ejes centrales: entre el peronismo y el PRO existen vasos comunicantes, que permiten al segundo la captación del voto peronista; el cristinismo difiere del kirchnerismo original por su falta de pragmatismo y voluntad de construcción política; en la derrota electoral de Capital Federal (y ahora en Santa Fe) la responsabilidad sube hasta Cristina Fernández; los medios controlados por el oficialismo se dirigen a una audiencia ideológicamente cautiva, y no aportan un mensaje convincente que pueda captar opinión pública que se traduzca en votos.

Opinó Ignacio “Nacho” Vélez, histórico militante de Montoneros: “Yo soy adicto a nuestros medios masivos de comunicación, pero me tienen podrido, compañeros. Me hablan a mí, me convencen a mí, pero es un discurso completamente inaceptable para quienes tengan una mirada un poquito crítica. Pasamos de la 740 (Radio Cooperativa), a 678 y tengo prendida todo el día Radio Nacional, pero hay cosas que ofenden la inteligencia, que se están sosteniendo ahí. Uno dice, flaco, no podés decir esa estupidez”.

El apelativo confianzudo de “flaco”, evidentemente dirigido al opinante de turno frente al micrófono o la cámara de TV, no puede excluir, sin embargo, la cadena de responsabilidades sobre la “estupidez”, que inevitablemente trepa hasta Juan Manuel Abal Medina, secretario de Medios y Comunicación, a Tristán Bauer, presidente de la Radio y Televisión Argentina (de la que depende, administrativa e ideológicamente Radio Nacional), a María Seoane, directora de la emisora estatal, y a todos los directores de las filiales provinciales.

Apropiación del discurso

Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, dijo ante la Asamblea: “Existe un flujo real en la política argentina entre el macrismo y el peronismo”.

González trataba de argumentar ante los presentes (militantes convencidos, jugados en la suya desde la 125), que el macrismo había logrado apropiarse de una parte del discurso peronista, porque éste, en su versión oficial actual (cristinista), excluye como sujeto del mensaje a los sectores de clase media, que en gran proporción están incluidos en el “asco” que el músico Páez arrostró a los votantes macristas de Capital Federal.

“Hay que reconstruir el concepto de lo popular -dijo González-, incluyendo al que vende panchos y los verduleros; no una idea general que proviene del marxismo del siglo XVIII que se apoyaba en un fuerte concepto del proletariado, donde lo pequeño burgués era descartado por no entender al proletariado”. El argumento tiene destellos que recuerdan a Gramsci o, en todo caso, al policlasismo del peronismo tradicional.

Para González, el concepto “proletariado” se diluye, entre otras cosas porque hoy los medios de comunicación pormenorizan un relato cotidiano amplio, donde la lucha de clases perdió significado. (Aquí, convendría recordar que un obrero petrolero argentino puede ganar unos 5 mil dólares mensuales o más, por lo que no puede ser calificado exactamente de proletario).

Frente a la derrota en Capital Federal, y refiriéndose al aparato comunicacional del gobierno, analizó: “Nosotros no supimos alimentar esa trama informativa o no supimos desarrollar alternativas interesantes en un programa, que yo sigo rescatando, que es 678, pero que tiene que hacer revisiones muy importantes”.

Las revisiones deberán pasar por Diego Gvirtz, productor de 678, que si por algo se caracteriza es por no tener ninguna ideología que exceda el negocio intrínseco de la TV. Posición legítima, si de capitalismo se habla, pero que va a contracorriente de la exigencia de Carta Abierta que, más que discursos pirotécnicos burdamente oficialistas (pagados con dineros públicos), reclama a los supuestos “nuevos peronistas” bajar a la realidad, en donde el convencimiento de “el otro; el vecino”, no se logra repitiendo por radio o TV consignas que bajan de Heinz Dieterich, sino buscando un diálogo en el que la “opinión del otro” es tan importante como la propia.

La conducción muda

González describió a la conducción política de su espacio (enfocado en Capital Federal, pero que desde el domingo también involucra a Santa Fe) como “inhabilitada, muda, ciega, sin palabras y que no está en condiciones de balbucear absolutamente nada. Esa conducción: “ha dicho vamos a ganar” (refiriéndose al balotaje en Capital Federal) y eso no puede ser creíble. No puede ser creíble el jolgorio electoralista en un momento de gravedad para el país”.

Luego vino su párrafo más corrosivo, que veladamente apuntó a Cristina Fernández y al entorno de la agrupación La Cámpora. “Si no se percibe esto en los más altos espacios de la política argentina, a los que respetamos y seguiremos respetando, esto también será grave.

Esto nos trasciende a nosotros como militantes, trasciende a Filmus y a Tomada y trasciende a la presidencia de la República. La única respuesta de esta semana fue la inauguración de Tecnópolis. La respuesta de Tecnópolis no puede sustituir la respuesta de Politópolis”. (Risas y aplausos en el video de Carta Abierta).

La imbecilidad estructural

Aun más frontal en su crítica fue el filósofo Ricardo Foster, quien cuestionó con durísimas palabras al programa 678, en las que por primera vez se refirió al kirchnerismo (o una parte de él) como algo distinto de Carta Abierta y advirtió (como realmente sucedió) que las posiciones sectarias anularían los esfuerzos de Agustín Rossi por llegar a la gobernación de Santa Fe.

Dijo Foster en un párrafo: “Tenemos también que salirle a decir al kirchnerismo, a nuestros compañeros, que se equivocan, que fue un enorme error el modo en que se construyó esta campaña. Los otros días en el programa 678 invitaron a un escritor al que yo estimo, Guillermo Martínez, que no es kirchnerista, que no es peronista, que viene de la izquierda a la que votó siempre, y que fue a ese programa a decir que iba a votar a Filmus. ¡Y salieron (en 678) a saltarle a la yugular porque se atrevió a plantear algunas críticas! ¡Imbecilidad estructural! ¡Tenemos que ir más allá de la ceguera nacional y popular! Pareciera que la ceguera nacional y popular puede, paradójicamente, ver todo lo que los otros no ven, y sí nosotros”.

Toda esta carga negativa -auguró Foster- “influye sobre un cuadro político con un proyecto de trabajo territorial, que ha venido durante estos años poniendo el lomo y las ideas de una manera muy intensa, como es el chico Rossi en Santa Fe, que se come una historia que no le pertenece, pero que es parte de los errores que se vinieron generando tanto en la campaña en la ciudad de Buenos Aires, como en esa falta de intensidad con que se debiera haber apoyado, con mucha más fuerza, la campaña de Rossi”.

La derrota del kirchnerismo en Santa Fe expone hasta qué punto el peronismo provincial ha perdido identidad, colonizado por un cristinismo juvenil, declarativo, bullanguero y sin formación política que, de sostenerse, augura peores tiempos.


La mirada crítica de Carta Abierta evidencia ejes centrales: entre el peronismo y el PRO existen vasos comunicantes, que permiten al segundo la captación del voto peronista.

La derrota del kirchnerismo en Santa Fe expone hasta qué punto el peronismo provincial ha perdido identidad, colonizado por un cristinismo juvenil (...) y sin formación política.