Al margen de la crónica
Al margen de la crónica
Amistosa disputa
En nuestro país se conoce con mayor o menor detalle el nacimiento del Día del Amigo. Se sabe que es una idea que gestó el Doctor Enrique Ernesto Febbraro, oriundo de Lomas de Zamora, quien era profesor de psicología, filosofía, historia, músico y odontólogo, socio fundador del Rotary Club del barrio San Cristóbal y del barrio Once en Buenos Aires. Cuando alunizó el Apolo XI el 20 de julio de 1969, Febbraro vio que por una vez en la vida todo el mundo estaba unido, por lo que envió mil cartas a cien países de las cuales recibió 700 respuestas, a partir de este momento fundó el Día del Amigo, aunque hay que reconocer que la iniciativa contraría una resolución de la Organización de las Naciones Unidas que propone al 30 de julio como Día de la Amistad.
En efecto, al norte el río Pilcomayo, Paraguay festejó ayer la iniciativa del médico Artemio Bracho que es el fundador de la Cruzada Mundial de la Amistad presentada en 1997 por la UNESCO y que finalmente tuvo acuerdo de la ONU el pasado 27 de abril de 2011. Pero ese es el antecedente dentro de la organización internacional, pero en el Paraguay las primeras celebraciones con los amigos se remontan a 1958 cuando Bracho comenzó a darle forma al festejo con la creación de la Cruzada. Desde entonces ha sido un motor permanente para que la fecha tenga cabida en el calendario mundial.
Es decir que estos dos hombres -uno argentino y otro paraguayo- desoyeron el hermanamiento latinoamericano y han provocado que tengamos en pocos días de diferencia una celebración casi idéntica pero con diferente matriz.
Bracho destacó en su día que la decisión de la ONU “lo llena de tremenda emoción” y expresó el deseo de que la declaración “sirva para aplacar tanta maldad” en el mundo, pero no alcanzó para atenuar la picardía criolla que está imponiendo en varios países limítrofes la otra idea, por fuera de cualquier regulación supranacional, de que el día en que el hombre pisó la Luna por primera vez, es una fecha adecuada para celebrar la hermandad universal.
Eso sí, mientras por estas tierras la cuestión tiene más vinculación con algunos regalos y encuentros gastronómicos, en la capital paraguaya se optó por una fiesta frente a la sede del Panteón Nacional de los Héroes, en pleno centro, con desfiles de alumnos, bandas de músicos y bailarinas que realizan el tradicional equilibrio con botellas sobre sus cabezas. Además, fueron lanzados globos multicolores y el cierre del acto incluyó la detonación de bombas de estruendo.
Finalmente queda planteada una disputa sobre la base de algunos acuerdos: que la amistad es importante, que merece ser festejada y que julio es un mes apropiado. Ahora como corresponde a las buenas relaciones, quedará sentarse a una misma mesa y definir si lo que corresponde es la iniciativa más antigua -la paraguaya- o la más simbólica -la argentina-. Y podría ser resuelta en truco de seis, con punta y hacha, mientras se dora un asadito.