Una paliza

Una paliza

Rogelio Alaniz
En estos comicios nunca estuvo en discusión si Mauricio Macri sería reelecto, sino si Macri ganaba por más o Filmus perdía por menos. Concluida la votación y contados los votos quedó claro que Macri ganó por más. El kirchnerismo en la ciudad de Buenos Aires, por lo tanto, fue derrotado dos veces: en la primera vuelta porque perdió por veinte puntos y en la segunda porque perdió casi por treinta. Filmus nunca esperó ganar, pero especuló con llegar a los cuarenta puntos. No lo logró. Macri siempre esperó ganar, pero nunca por tanta diferencia. Lo logró.
La paliza fue tan efectiva que hasta la señora decidió acusar el recibo y hacer lo que nunca hizo: saludar al rival.
Los buenos modales no alcanzan a disimular lo obvio: que la derrota de la señora en las elecciones porteñas fue tan demoledora como la de Santa Fe. ¿Una afirmación apresurada? No lo creo, en todo caso equitativa. Porque si la victoria de la sobrina de Saadi en Catamarca fue una demostración elocuente de que “Cristina ya ganó”, con la misma lógica podría decirse que su derrota en dos de los distritos más importantes confirmaría que “Cristina ya perdió”, salvo que alguien crea que cuando gana Lucia Corpaci gana la señora, pero cuando ganan Macri o Bonfatti, los que pierden son Rossi o Filmus.
La lección de la derrota no sólo la aprendió la señora, sino también sus seguidores porteños. Esta vez a Fito Páez sólo se lo escuchó cantar en el acto de Macri “Dale alegría a mi corazón”. Es lo que siempre debería haber hecho. Es lo suyo. Es lo que le sale bien y es gracias a eso que puede permitirse vivir en el barrio más caro de Buenos Aires, donde pareciera que allí no es dominado ni por el asco ni por la náusea.
Los muchachos de Carta Abierta también hicieron buena letra, aunque a la hora del balance interno su sesión de terapia con psicodrama incluido, a Filmus le salió un ojo de la cara. Esta vez no agredieron al electorado porteño sino que se dedicaron a teorizar acerca de uno de sus temas clásicos: el nacimiento de una nueva derecha. Al respecto habría que decir que si así fuera, ¿qué tiene de malo? ¿O acaso en la democracia no hay lugar para la derecha?
Los teóricos de la existencia de esa nueva derecha admiten -tal vez sin proponérselo- que la derecha en la Argentina se ha renovado. Si esto es así, ¡bienvenido! Desde 1912 estoy esperando que pase algo parecido. Ahora espero que la izquierda se renueve. ¿Lo está haciendo? No lo creo. Entre otras cosas, porque quienes teorizan acerca de la nueva derecha suponen que ellos encarnan la nueva izquierda, con lo cual arribaríamos a la conclusión que la Rosa Luxemburgo de la izquierda criolla renovada seria la señora. ¡Recórcholis! ¡Si esa es la nueva izquierda, desde ya adelanto que me quedo con la izquierda vieja o, si me apuran, con la nueva derecha!