Editorial
Violencia: un desafío para los docentes
Insultos, burlas, acoso, golpes, robos. El panorama con que se encuentran muchos docentes cuando ingresan en el aula suele incluir alguna de estas situaciones, que exceden largamente la función para la que fueron formados y para las que aseguran no estar preparados. Las expresiones de violencia en el contexto escolar, que en algunos casos ya forman parte de una cotidianeidad que atraviesa a docentes y alumnos, han cobrado un protagonismo inusitado en los últimos tiempos, al punto de convertirse en objeto de estudio. Tal es el caso de las conclusiones difundidas semanas atrás por uno de los institutos que dependen de la Universidad Católica de Santa Fe, en el que se exponía el resultado de una investigación realizada entre 600 directivos y docentes de la ciudad y la región: un alto porcentaje de ellos admitió sentirse indefenso frente a estos episodios.
La violencia en las aulas es una preocupación que excede a la geografía santafesina y se ha convertido en tema de análisis en la región, tal cual lo demuestra un estudio difundido recientemente por una publicación de la Cepal y recogido por distintos medios nacionales e internacionales, que -además de un diagnóstico sobre la situación entre alumnos y alumnas de 6º grado de escuelas ubicadas en 16 países de América Latina- concluye que los estudiantes que sufrieron violencia de parte de sus pares lograron un desempeño inferior en materias básicas como lectura y matemáticas.
En ocasión del decenio internacional de una cultura de Paz y no Violencia, la Unesco publicó una guía para combatir estas situaciones en los colegios de todo el mundo. En ella propone comprometer a toda la comunidad educativa -incluida la familia- en el debate y resolución de la problemática, lograr que los estudiantes se involucren en la prevención de la violencia y utilizar métodos constructivos para zanjar diferencias entre pares.
Mientras tanto, la posibilidad de contar con equipos interdisciplinarios que aseguren mayor acompañamiento a los docentes pero también a los alumnos, reglas claras para impartir disciplina y una mayor atención puesta en la heterogeneidad de los estudiantes, aparecen como algunas de las demandas o necesidades expresadas por los educadores santafesinos.
No obstante, sería un error circunscribir toda la problemática al ámbito del aula o depositar su abordaje y respuesta exclusivamente en los docentes. Es necesario reflexionar sobre la manera en que el contexto familiar y social inciden en el comportamiento de los chicos, y en el modelo de resolución de conflictos que proponen los medios de comunicación, donde los agravios constituyen una frecuente negación del diálogo. En definitiva, más allá de la problemática particular que se plantea en la educación formal, es indispensable atender que allí hacen eclosión los comportamientos que se verifican en distintos órdenes de la sociedad. Y por eso mismo es un tema que requiere el compromiso de toda la comunidad.




