Señal de ajuste

Hierros al rojo

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El año pasado, el baile de Silvina Escudero y su pareja fue denunciado en lo que sería un caso de discriminación de género. Foto: Archivo El Litoral

 

Roberto Maurer

“Se percibieron movimientos y posiciones que simulaban el acto sexual en sus diferentes variantes... al final de la presentación el bailarín que la acompañaba se arrojó sobre ella en un escritorio, le quitó el corpiño y le lamió los senos”, se narra, a la vez que se habla de “los glúteos y los pechos”. El texto no pertenece a una vieja novela erótica de Eduardo Zamacois, ya que hubiera sido inevitable que, al citar los senos, le dedicara los adjetivos “mórbidos” y “turgentes” según el estilo de aquel escritor galante.

Se trata de la prosa sicalíptica del Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión que integran la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca-ex Comfer), el Inadi y el Consejo Nacional de las Mujeres, al denunciar un strip dance de Silvina Escudero y su pareja en “Bailando por un sueño”. Sería un caso de discriminación de género, es decir, de cómo la mujer es víctima de la cosificación de su cuerpo a través de sus distintas partes o las más destacadas del mismo. (*). La mujer como objeto sexual es una vieja idea que ahora interesa a la burocracia, omitiendo que, hoy, en el bienvenido proceso de liberación femenina, los hombres también son tratados como objetos sexuales.

EL SHOW DE LA INFRACCIÓN

En este sentido, las cámaras del programa de Tinelli han logrado la más importante acumulación de infracciones, aunque el programa mismo podría ser considerado como una sola y gran infracción, si no hubiera excepciones que escapan a toda posibilidad de concupiscencia, tal cuando toman a la octogenaria madre de Graciela Alfano, por ejemplo, o las heces del perrito de Nicole Neumann defecando en el estudio en un hecho aislado que no provocó quejas de la Sociedad Protectora de Animales.

El baile del caño ha sido la ocasión más propicia para infringir la normativa que nos ampara en ese rubro de la discriminación. Esta tradicional expresión artística, en la presente temporada experimentó cambios nacidos de la inagotable inventiva de Tinelli. Eso sí, en la nueva versión el caño retrocedió en cuanto a sus posibilidades de traducir exitosamente al cuerpo humano en los términos de cortes de frigorífico moviéndose rítmicamente.

Como se sabe, Tinelli introdujo el caño 2.0, que consiste en una variante de tres hierros unidos en forma de H, con lo que el baile hot cedió terreno a la acrobacia de aficionados de un circo pobre. De todos modos, la vista se enriquece, por ejemplo, con el llamado “clásico hilo dental” de Cinthia Fernández que, no obstante, en el debut, fue derrotada por Adabel Guerrero, que triunfó gracias al voto de público, ya que resultó descalificada por las jurados Moria Casán y Graciela Alfano, quienes condenaron su intervención por “vulgar y pornográfica”. A pesar de la opinión corriente, en algunas ocasiones, pocas, ambas jurados son abanderadas de la moral y las buenas costumbres.

RETACONA PERO RENDIDORA

Todavía estropeada por el accidente del reggaetown, Rocío Guirao Díaz fue reemplazada por una personalidad estelar indiscutida: Pampita. Cualquiera sabe que en el “Bailando” circulan incontables chicas lindas, tentadoras y talentosas, pero como Pampita, ninguna. Retacona y todo.

Entró meneándose como un lavarropa descompuesto, radiante y con la piel de sus piernas pintada de negro, como recién salidas de Firestone. Secundada por un dudoso gladiador, su intervención fue breve, poco clara y mayormente dedicada a “la trepada”, porque así es llamado el esfuerzo de subirse por los caños: la gimnasia doblega a la creación coreográfica. Con la metáfora al alcance de la mano, puede decirse que unos minutos antes la pobre Paula Chaves había sido enviada a los caños por el jurado, maltratada con una actitud insultante que se transformó en obsecuencia ante Pampita. Fue desde el “hace todo lo que hay que hacer para reventarle el cerebro a los hombres” de Graciela Alfano, el “ vos tenés algo que es tremendo y que traspasa a la pantalla” de Reina Reech, al “no hay con qué darle a Pampita”, de Aníbal Pachano. Tanta admiración pudo parecer excesiva ante un baile que nunca fue baile, ya que todo lo que hizo el objeto sexual conocido como Pampita fue limitarse a colgarse y descolgarse de los caños.

(*) Al concebir al cuerpo en forma excluyente como objeto de consumo, se desdeña la capacidad intelectual de las personas. En “Showmatch”, sin embargo, no puede ser negado lo inexistente: lejos está de un torneo de mentes superdotadas.