El mundo al revés
El mundo al revés
Arturo Lomello
El mundo del revés que se hizo canción infantil por obra de María Elena Walsh, por lo que podemos comprobar a diario, es mucho más que una ficción divertida. En la sociedad actual insensiblemente hemos llegado a premiar al perverso y menospreciar al virtuoso. Es cierto que siempre vivir con plenitud buscando la verdad ha costado enormes sacrificios, pero en el pasado no dejaban nunca de reconocerse el mérito de la búsqueda de la liberación.
Hay múltiples ejemplos: en la escuela no se puede corregir a un niño ni de palabras porque es frecuente que ante la menor corrección algunos padres reaccionen violentamente hasta llegar al extremo de agredir a los docentes. Los delincuentes ofrecen amenidad a las series televisivas. Cuando no cometen el delito contra uno se habla demasiado fácilmente del perdón, sin que se aclare qué significa el tal perdón, porque se supone racionalmente que algo hay que hacer precisamente para que el delincuente se dé cuenta que lo es y por lo tanto deba cambiar. No se trata de castigos despiadados, se trata de la necesidad de hacer una verdadera justicia, también para el beneficio del delincuente.
El mundo del revés tiene características tragicómicas porque los límites entre el bien y el mal se van esfumando. Alguien dirá que las normas rígidas son propias de sepulcros blanqueados, pero a la vista de nuestra cotidianeidad si no nos queremos autoengañar nos podemos dar cuenta por lo mal que vivimos, por las agresiones permanentes del medio ambiente, por el miedo que experimentamos que la cultura, si así la queremos llamar, que maneja el mundo no ha acertado en su planteo. El poder está en manos del mundo del revés. No sé si María Elena Walsh habrá pensado en todo esto cuando compuso su canción, pero a menudo la intuición de los artistas profundiza en los múltiples aspectos de la realidad mediante la ficción que es una forma de conocimiento.