Tres poemas inéditos

Por Jorge Leonidas Escudero

Tal cual

Me veo en esa foto jovencito

en campo de San Juan, estoy sentao

en un carro sin ruedas. Parece

que me siento feliz.

Me cuelga de la boca provocativamente

un cigarro que dice mírenlo a éste,

se hace el triunfador y veremos después

qué va a pasar con él.

Joven amigo,

me da ‘legría verte y que hayas venido

a visitarme. Ya sé,

quisieras saber qué hago hoy, y si

anduve tras el rastro de algo maravilloso

pero igual que a vos te sucede

me quedé sentao en un carro sin ruedas.

Nocturnidades

Hoy quiero hablar de lo que hasta el alba

me mantiene despierto, el insomnio

como le llaman,

un verdugo al cual si vos le decís dejame

él más escarba en tu cabeza

y saca trapos sucios.

Y aunque nada

tiene que ver esto con la poesía,

lo escribo para dar cuenta

ante cualquier intruso,

por qué madrugo y me han dicho

que ando con cara de amanecido calavera.

Ntonces sí, claro, le dije a uno:

estuve de baile tuita la noche,

vieras qué divertido.

El mal alumno

Cierto día venía ella cruzando la plaza

y al verme dio vuelta la cara;

pero de nada le valió porque la chisté

y ahí me tiró un saludo moviendo la mano

como adiós, chau, estoy apurada.

Quiso decir quedate vos ahí

en lo que para nosotros

ya no tiene añadidura.

Apresuró el paso y me quedé

sentadito nel banco desa plaza

más estúpido que nunca.

Volví entonces los ojos a la estatua

de un prócer que hay ahí

y le dije maestro,

vengo seguido aquí a que me ‘nseñe

tener un duro corazón de piedra como usté

pero ya ve, resulté un mal alumno, la chisté

cuando tendría que haberme quedado mudo.

(De “Poesía completa”, op. cit.).