La pregunta del millón
La pregunta del millón
El lanzamiento del Plan Estratégico Agroalimentario impone replanteos necesarios para su eficiente cumplimiento. El dilema de los dichos y de los hechos.
Federico Aguer
Uno de los reclamos puntuales del campo y de los sectores productivos en general es la falta de previsibilidad de nuestro país. El sector agropecuario lo sufre de manera agravada en la previa de otra siembra gruesa, a la que deberá lanzarse de lleno sin saber cuáles serán las reglas de juego al momento de la cosecha en marzo y abril del año siguiente.
En el lanzamiento del Plan Estratégico Agroalimentario, la presidenta de la Nación brindó un discurso conciliador para el campo, llegando incluso a citar el lema del último evento de Aapresid “inteligencia colaborativa” como uno de los lineamientos a futuro para el sector.
Para muchas empresas se respiran aires de entusiasmo. Dentro del escenario volátil a nivel mundial, avizoran a nivel local un horizonte sin mayores sobresaltos. Es que -a su manera- el kirchnerismo ha logrado ser previsible. Ocho años de gestión comprueban una metodología que atacó con el discurso a los terratenientes, pero que privilegió la expansión de la soja a expensas del futuro del trigo y el maíz por las ventajas de la oleaginosa en el plano de la recaudación.
El dilema se plantea en el largo plazo, con problemas estructurales que, de no resolverse, se irán agravando. La pérdida de la cultura del trabajo de grandes cantidades de argentinos marginados del mundo laboral que hoy viven un precario estado de bienestar; la enorme cantidad de reservas que se inyectan a diario para mantener una convertibilidad de 4 a 1 (las colas en las casas de cambio reflejan que la fuga de capitales se expandió a los pequeños ahorristas); y la pérdida de competitividad argentina en los mercados mundiales por el cierre a las exportaciones de trigo, maíz y carne, que pasarán facturas cada vez más difíciles de pagar. Ahora a esos espacios los abastecen nuestros competidores.
El PEA anuncia crecimientos productivos difíciles de refutar. El único impedimento que tiene son las mismas barreras que impuso el Gobierno nacional al campo. Para poder lograrlo, (no hay otra manera), habrá que revertir el cepo exportador a los granos y a la carne.
Cristina todavía no ganó las elecciones. Pero lo va a hacer. La respuesta a la pregunta del millón la sabremos a partir de la primera quincena de diciembre. Ahí sabremos si será consecuente con la trayectoria de decir una cosa y hacer otra, o si será coherente con su propio discurso.