Vocación docente

Es contador, pero encontró su verdadero camino siendo profesor durante 44 años en el Colegio La Salle,de nuestra ciudad. Recibirá este mes la distinción “Divino Maestro”, otorgada por el Consejo Superior de Educación Católica y que reconoce a los docentes de todo el país que dedicaron su vida a los niños y los jóvenes.
TEXTOS. REVISTA NOSOTROS. FOTO. PABLO AGUIRRE.
GRACIAS. “En primer lugar agradezco a mis padres; a mi padre especialmente, porque con una situación muy humilde consiguió bancar mi estudio secundario inicialmente. También a mi esposa, que me bancó los primeros años de matrimonio con carencias económicas y el colegio,que ahora me homenajea,me ayudó a paliar. También quisiera agradecer de forma especial a mi maestra de quinto y sexto grado, que hice en Gobernador Crespo. Ella se llama Angélica Faisal de Rotella, curiosamente es hermana de Sara, la famosa maestra cuyo nombre lleva un colegio importante de la ciudad. Aún vive, estuvimos con ella celebrando su cumpleaños número 92. Fue mi amada maestra de aquella época, me emociono al mencionarla”.
LA SALLE. “A partir de 1949 comienza mi relación con este benemérito colegio La Salle, que no se interrumpió jamás. El 15 de marzo de ese año me incorporé como pupilo, hasta 1953, cuando culminó mi ciclo secundario. De esa época quiero recordar a algunos profesores que marcaron mi carrera, algunos ya no están con nosotros: el Hermano Gabriel, el Hermano Onésimo, y el Hermano Vicente. Además quiero mencionar algunos profesores civiles como Raúl Ravazzola, Ángel Storani, Angel Demarchi y Roberto Moreno. A esta institución le debo cosas fundamentales como haber sostenido mi fe. Yo venía con una fe familiar prácticamente inexistente o muy endeble, y el colegio me permitió crecer en ella. Después, al completar mi ciclo secundario, me permitió juntar fondos para poder completar mi carrera universitaria en Ciencias Económicas. Comencé con la docencia en ese momento, pero tomándola solo como una fuente de ingresos. Cuando culminé mi carrera universitaria y el colegio me dió la tercera cosa que le agradezco y que es el haberme permitido descubrir mi vocación, porque hice actividades en mi profesión, pero mi verdadera vocación de 44 años ininterrumpidos la descubrí aquí dando clases, y eso es lo que provoca esta entrevista”.
DOCENCIA. “Me dió y me sigue dando enormes satisfacciones. El docente es como aquel caminante que una vez en un sueño, caminaba por el desierto y una aparición le aconseja que fuera juntando por un día, desde el amanecer hasta el ocaso, las piedras que encontrara en el camino. Le dice que cuando termine la jornada, tendrá una gran sorpresa. Bueno, cumplió con el requisito, juntó las piedras, las puso en su alforja y a la mañana descubrió con satisfacción que las piedras se habían transformado en oro. Eso es un poco la tarea del docente, yo hoy encuentro enormes satisfacciones en decir que en estos 44 años han surgido sacerdotes, hermanos lasallanos, docentes, profesionales, deportistas, políticos. A ellos los encuentro a veces en alguna celebración, en cualquier oficina pública o en la calle, es una gratificación enorme saber que recuerdan el pasado y tienen la gentileza de agradecer cosas que uno debe haber hecho por ellos. Cuando se producen estos encuentros siento necesidad de felicitarlos por los logros que ellos han obtenido. Dicen que la satisfacción del docente es lograr que sus alumnos lo superen y los míos me han superado enormemente, cosa que me enorgullece y por eso lo digo, participo de esa alegría y pido que sepan disculpar las falencias que uno pudo haber cometido. Me autojustifico con el argumento de que, si no hice algo más, es porque no estaba en mis posibilidades. La docencia me llenó la vida, entonces siempre hice todo lo que pude. Cuando uno hace todo lo que puede, creo que está todo dicho”.
ALUMNOS. “El título de Perito Mercantil que obtuve en el secundario me habilitaba para dar Caligrafía y Mecanografía, y así comencé. Además, como ya tenía algún atisbo importante de fe, en algún momento me designaron la responsabilidad de ser tutor o encargado. Creo que alguna vez di lo que en aquella época se llamaba Religión. Pienso en lo que pude haber enseñado en aquella época y me hago cruces, ahora está muy aggiornada la cosa. La materia fundamental que dí fue, por supuesto, Contabilidad; pero también daba Derecho Comercial, Administración de Empresas y Matemática. Yo tuve la gran suerte de concentrar todas las horas en el colegio, los docentes hoy en día no tienen esa suerte, sino que tienen que andar picoteando en distintas instituciones. Fui también docente en la UNL, en la Facultad de Derecho, donde traumatizábamos a los futuros abogados con una pizca de Contabilidad. Fueron solo dos años, no agregó nada importante a mi vida. En la universidad hay otra relación, de un nivel más intelectual. En cambio en la secundaria estos chicos, a veces con travesuras y picardías, contagian a los adultos de vitalidad y alegría de vivir. Hoy en día la cosa se ha puesto un poco más difícil, yo reconozco que dar clases en nuestra época era más fácil. Había una disciplina segura, un apoyo total de la familia y eso ahora no siempre se da. En este sentido quisiera también resaltar con orgullo el apoyo que obtuve de los que fueron mis colegas acá, porque el colegio siempre ha tenido un plantel excelente de docentes y yo he seguido aprendiendo hasta el día que me jubilé con ellos; ese es otro privilegio. Mi vinculación con el colegio no cesó con mi jubilación ya que sigue a través de visitas circunstanciales, a veces espaciadas, y a través de una costumbre que llamamos ‘La peña de los viernes’, de la que soy un infiltrado porque está integrada por docentes exclusivamente. Debo reconocer que últimamente estoy fallando un poco, voy a tener que destinar buena parte de mi jubilación para pagar las prendas que me corresponden”.
LA FE. “La fe ocupó un papel importante en mi trabajo docente. Cuando los alumnos se cansaban un poco de la contabilidad, me tiraban algunas líneas para ver si mordía el anzuelo y, a veces a sabiendas y a veces sin darme cuenta, terminábamos hablando de cuestiones de fe o de la vida práctica. El colegio siempre tuvo la costumbre de hacer lo que se llamaba ‘La reflexión de la mañana’, en la que el docente tenía la responsabilidad de dedicar unos minutitos a la oración y hacer alguna pequeña reflexión. A mi me encantaba que me dieran libertad para tocar cualquier tema, de modo que eso también daba pie para que uno elevara un poco la puntería y tratara de llevar a los chicos a superarse en este camino de la fe y las virtudes cristianas. De paso me obligaba a mi también a mejorar en ese terreno. Más de una vez, sobre todo en la última época que los chicos son desenfadados y medios caradura, cuando los despedía y les decía el clásico -que no sirve de mucho- ‘Pórtense bien’; alguno me decía: ‘Usted también eh!’. Hay que aceptarlo, tenían razón, la responsabilidad es de ambos. En los tiempos que corren el mundo en que vivimos está tan conflictuado, carente de valores, yo le pediría a los padres encarecidamente que traten de reconocer y de recordar siempre que a los hijos junto con la palabra que hay que darles siempre y el consejo oportuno, hay que educarlos con el ejemplo. Que los escuchen, que dialoguen, que les pongan límites porque aunque no lo digan y se quejen de ellos, los jóvenes están necesitando que les pongamos límites. En fin, que tengan el atrevimiento de seguir remando en este mundo difícil contra la corriente. Recordar que no somos los dueños del mundo, pero somos hijos del dueño”.




