El fin de un emblema

Hasta el fatídico 11 de septiembre de 2001, las Torres Gemelas reinaron sobre la Isla de Manhattan, en particular su zona sur. Durante casi dos años fueron los rascacielos más altos del mundo.

TEXTOS. MARIO A. LAGUZZA. FOTOS. MARIO A. LAGUZZA y el litoral.

 

Fue un símbolo por casi 30 años. Hoy, ya es historia. El World Trade Center (Centro Mundial del Comercio) fue uno de los emblemas distintivos más nuevos que tuvo Nueva York, la ciudad de los rascacielos. La inauguración de las torres Gemelas data de 1972 y 1973.

Remontándonos a algunos años atrás, en 1960 David Rockefeller, hijo del promotor del complejo edilicio “Rockefeller Center”, concibió un “centro para el comercio mundial” en Nueva york y el hecho de que su hermano Nelson fuera por entonces el gobernador del Estado, sin duda ayudó al proyecto. El promotor era la autoridad portuaria de Nueva York y Nueva Jersey, y el lugar escogido, la ribera frente al río Hudson en el sur de la isla de Manhattan.

La excavación de los cimientos, de 21 metros de profundidad, se inició en 1966 y la tierra extraída, hasta que se llegó al lecho de roca, sirvió para ganarle al río espacio suficiente como para construir un nuevo barrio, el de Battery Park City. El complejo que empezaba a surgir estaba diseñado por el estudio del arquitecto Minoru Yamasaki.

CARACTERÍSTICAS

Todo lo referido al World Trade Center es impresionante. El complejo se ubicaba en el extremo sur de Manhattan, y se componía de seis diferentes edificios, entre los que descollaban las Torres Gemelas, dos rascacielos situados uno frente al otro que, con sus 110 pisos y 420 metros de altura, dominaban el distrito financiero de Wall Street.

Al alojar a más de 1200 oficinas de firmas nacionales e internacionales y numerosos comercios de la más diferente gama, al dar empleo a nada menos que a 50 mil personas y ser visitado diariamente por 80 mil más, el complejo fue una pequeña ciudad, con una población mayor que la de algunas ciudades chicas. Los ascensores eran como un sistema de transporte masivo vertical, controlados y manejados por un sistema de computadoras; 23 de ellos funcionaban como expresos y en sólo 58 segundos llevaban al usuario hasta el piso 110.

Todo este conjunto edilicio costó más de mil millones de dólares y ofrecía el cuatro por ciento del espacio total de oficinas de Manhattan. Bajo las torres se hallaba la estación de ferrocarril, que cada día transporta a miles de trabajadores desde la vecina Nueva Jersey.

En julio de 2001. Larry Silverstein compró el WTC por 3.200 millones de dólares. Nadie podía imaginar entonces que su final iba a llegar del cielo.

OTROS DETALLES

Había 43.600 ventanas en ambos edificios que ocupaban 54.000 metros cuadrados de cristales. Con el cemento utilizado en la construcción podría haberse pavimentado un camino de un metro y medio de ancho, desde Nueva York hasta la ciudad de Washington, distante 380 kilómetros.

En los diferentes subsuelos del complejo existían playas de estacionamiento con capacidad para albergar a 2.200 vehículos.

Poseía 22 restaurantes, desde los más modestos hasta los más suntuososo. Por ejemplo, en el piso 107 de una de las Torres se encontraba uno famoso llamado “Ventanas sobre el mundo”, que ofrecía una sorprendente vista de toda la ciudad desde cada mesa.

Por último, en la planta baja del complejo se encontraba un enorme centro de compras con establecimientos que ofrecían de todo.

AMPLIAS PANORÁMICAS

Ya sea que uno se encontrara en el Observatorio Mirador, o bien en el elegante restaurante “Ventanas sobre el mundo”, ambos a más de 400 metros sobre la calzada, la vista que se tenía -mirase donde se mirase- era espectacular. Las calles congestionadas se mostraban silenciosas. Grandes barcos parecían de juguete, enormes puentes parecían una miniatura, estilizados rascacielos simulaban caber en la palma de una mano.

Uno podía ver desde esa altura cinco grandes barrios, tres aeropuertos, cuatro estadios, tres ríos, cuatro Estados, siete puentes, la Bahía de Nueva York, el océano Atlántico y, desde luego, toda la extensa isla de Manhattan.

Era una de las vistas panorámicas más estupendas que se podían tener.

En días de clara visibilidad se podía llegar a ver a más de 90 kilómetros, con lo que se lograba divisar el territorio de cuatro Estados: Nueva York, Nueva Jersey, Connecticut y Pennsylvania. El Observatorio Mirador estaba abierto al público todos los días de la semana, de 10 a 23 horas.

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NACE UN LIDERAZGO

A partir de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, se pensó que ya no se construirían torres de semejante altura como las Gemelas, pero no fue así. Desde entonces se desarrollaron nuevas medidas a la hora de diseñar un edificio, como por ejemplo, técnicas más seguras, mayor solidez en sus estructuras y mejores rutas de evacuación.

En el año 2006 comenzó a tomar cuerpo la idea de levantar un edificio que sea el símbolo más visible y representativo de la revitalización de Nueva York, tras los atentados del 11-S. La nueva construcción que se está levantando es la “Freedom Tower” (Torre de la Libertad), que se ubica algunos metros más adelante de las anteriores torres. Este rascacielos de elegantes líneas fue diseñado por David Childs, del estudio de arquitectura SOM de Chicago.

Básicamente la estructura del edificio es de acero y estará totalmente revestido con cristales de un color azulino claro. La base del edificio no ocupará exactamente el lugar donde estaban las Torres Gemelas, sino que en el mismo se encontrarán dos estanques en memoria de las víctimas del atentado.

En el piso 102, la “Freedom Tower” tendrá un amplio mirador panorámico. La estilizada estructura rematará con un gran mástil que servirá como antena de transmisión, y brillará por las noches como un rayo de luz, símbolo de libertad.

Su altura con mástil incluido alcanzará los 541 metros. Será el más alto de Nueva York y segundo en los EE.UU., solo superado por el rascacielos “Chicago Spire” de 610 metros y 150 pisos.

La inauguración de la “Freedom Tower” se prevé para 2012.

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